martes, 6 de septiembre de 2011

FLAN DE LECHE EVAPORADA


¡Ya tenía yo ganas de estrenar esta flanera! Es otra de mis compras en Portugal que aún no había tenido ocasión de utilizar.

Y si a esto le sumamos que el otro día abrí una lata de leche evaporada para hacer una salsa que al final no utilicé... tenemos este riquísimo flan!

Es uno de los postres más sencillos de hacer, y de los que siempre triunfan.
De los que podemos hacer el día anterior y están perfectos (incluso mejor que el primer día).
Y de los que voy a tardar más en explicar de lo que tardé en hacer (sorry).

Además lleva muy pocos ingredientes (sólo 3), y de los que solemos tener siempre en casa: huevos, leche (en este caso evaporada) y azúcar.

Siempre lo hago con leche entera normal (a veces añadiendo un chorrito de nata líquida), así que se me ocurrió probar con la leche evapordada directamente, que es más cremosa que la leche  y más ligera que la nata (copiado directamente de la lata). El resultado muy bueno.

La flanera es de aluminio, con hueco central y tapa también de aluminio.

Aunque tengo moldes individuales para hacer flan al horno, tenía ganas de hacerme con una flanera más grande y con tapa, para utilizarla en la olla exprés.

Ya sé que no es lo tradicional, pero también está muy bueno y se hace mucho más rápido que en el horno... sobre todo en verano con mucho menos calor!

Así que cuando vi esta (igualita que la de mi madre pero más pequeña) no lo dudé: era MI flanera.

Ingredientes:
Para el caramelo:
- 6 cucharadas soperas de azúcar
- 5 gotas de zumo de limón (opcional)
- 1 cucharita de postre de agua

Para el flan:
- 5 huevos enteros (eran caseros, pero serían tamaño L)
- 1 lata de leche evaporada (410 g)
- 3 cucharadas soperas de azúcar normal



Empezaremos haciendo el caramelo para el molde. Es un proceso delicado, así que tenemos que prestar mucha atención a que no se queme y sobre todo a no quemarnos nosotros.

En una sartén al fuego ponemos las 6 cucharadas de azúcar y añadimos el zumo de limón y el agua.

Con el zumo de limón conseguimos que el caramelo quede muy rubio, así que si nos gusta más oscuro le pondremos sólo un poco de agua.

Mezclamos bien los 3 ingredientes con una cuchara de madera (las de metal suelen calentarse mucho y podemos quemarnos en un despiste al cogerla).

Veremos como el azúcar se va fundiendo lentamente y se va formando el caramelo, al principio casi transparente y luego va tomando color.

Vigilamos mientras se va haciendo el caramelo, removiendo a menudo al principio y cuando todo el azúcar se haya derretido del todo, lo haremos constantemente.

Lo dejamos pasar hasta que esté a nuestro gusto, vigilando que no se queme. Como alcanza tanta temperatura, si no tenemos costumbre de hacerlo es mejor dejarlo un poco clarito, pues en unos segundos puede pasar de estar poco hecho a quemado (y habría que tirarlo, se pone súper amargo).
Apagamos el fuego y vertemos rápidamente el caramelo sobre la flanera.

Agarrándola con un paño la vamos tumbando y girando para repartir el caramelo por el fondo y las paredes laterales (hasta donde vayamos a rellenar de mezcla, más o menos).

Reservamos.

Si no queremos hacer el caramelo podemos utilizar caramelo líquido comprado, aunque os recomiendo hacerlo al menos una vez para probar la diferencia.

Una vez hayamos caramelizado el molde nos ponemos con la mezcla para el flan.

La mayoría de recetas utilizan más yemas que claras, pero a mi me gusta mucho esta receta, queda más ligero y blandito.

En un bol grande mezclamos los huevos con la leche y el azúcar.

Es importante que no se forme mucha espuma, para que el flan quede homogéneo por dentro, así que podemos batirlo con las cuchillas de la batidora, sin levantar el brazo de la mezcla.

Cuando esté bien mezclado, vertemos sobre el molde (oiremos pequeños chasquidos del caramelo cuarteándose).

Si lo hacemos al horno, lo pondremos a 150º al baño maría hasta que esté cuajado.
Si como yo lo hacéis en la olla exprés, ponemos la tapa al molde y lo cocemos al baño maría unos 4 minutos si es pequeño como este y 7 si es receta doble. (dependerá mucho del tamaño del flan y de lo rápida que sea la olla).

Apagamos la olla, la retiramos del fuego y dejamos que enfríe unos 15 minutos sin abrirla.

Pasado este tiempo, sacamos la flanera de la olla y dejamos que coja temperatura ambiente sobre la encimera.

En este momento podemos comprobar el punto de cocción, si vemos que está líquido lo pondremos un par de minutos más al fuego.

Luego a la nevera al menos 3 horas para que esté bien fresquito.

Antes de servirlo lo volcamos sobre una fuente o un plato hondo: sacamos la tapa de la flanera, y ponemos la fuente haciendo de tapa.
Con una mano en la fuente y la otra sujetando la flanera giramos rápidamente (como si fuese una tortilla) las dos piezas para que el caramelo no se derrame.
La flanera quedará en la parte superior. Tiramos de ella con cuidado... ¡y ahí está nuestro flan casero!

Estos moldes con "pétalos" son muy cómodos a la hora de servir, podemos guiarnos por las marcas para cortar todas las raciones iguales.

Me encanta como queda acompañado de fruta fresca, con unos trocitos de plátano y fresa recién picados y mezclados con el caramelo está de vicio.

También queda genial acompañado con un poco de nata montada.

Aunque la mayoría de las veces lo tomamos solo, no necesita nada más para ser perfecto.

lunes, 8 de agosto de 2011

PASTEL VERANIEGO


Aunque podemos disfrutarlas todo el año, es en verano cuando apetecen más estas comidas fresquitas, muy fáciles de preparar y en las que apenas necesitamos encender la cocina... de ahí su nombre.
Me encantan este tipo de pasteles, pongamos lo que pongamos siempre quedan muy bien. Perfecto para un día de esos que no tenemos ganas de cocinar pero sí de comer algo rico.
Entre las capas de pan de molde podemos poner casi cualquier cosa (verduras, pollo, pescado, huevos, frutas,...).

Es ideal para la gente que come fuera de casa, necesita unas horas de reposo, así que podemos prepararlo por la noche y al día siguiente estará perfecto.
Y ya no digamos para ir a comer al campo o a la playa... un bocado rico, distinto, y muy sano.

Os pongo como lo he hecho yo esta vez (no siempre lo hago igual, voy variando según los ingredientes que tenga en la cocina), para 2-3 personas.

Ingredientes:
- 8 rebanandas de pan de molde sin corteza
Para la salsa:
- 4 cucharadas de queso batido desnatado
- 1 cucharada de mayonesa
- 1/2 cucharada de salsa césar
Capa 1:
-  2 huevos grandes cocidos
- 8 langostinos cocidos
- 1 pepinillo
- 1 cucharada de guisantes muy finos
- 1 cucharada de salsa
Capa 2:
- un tomate
- cebolla
- unas hojas de lechuga

Capa 3:
- 1 zanahoria
- 1 lata de bonito
Para decorar:
- aceitunas, pepinillos, huevo, zanahoria,...
Opcional: sal, aceite de oliva, vinagre.

Yo suelo preparar todos los ingredientes y mezclas antes de empezar a montar el pastel, así luego lo hago en un periquete.

Lo primero será preparar la salsa:
En un bol ponemos el queso batido, la mayonesa (puede ser ligera) y la salsa césar. Removemos bien hasta que se mezclen completamente, y si queremos podemos poner unas gotitas de vinagre.

Para preparar la capa 1, picamos los huevos finamente (podemos dejar alguna rodaja para decorar el pastel), y los mezclamos con una cucharada de guisantes cocidos.
Ponemos también un pepinillo picado (me encanta el toque crujiente) y los langostinos picados en rodajas.
Una cucharada de salsa para amalgamarlo todo, y a remover.
Es importante que todo sea bastante pequeño, para que se una bien y haga "masa".

Para preparar la capa 2 lavamos unas hojas de lechuga, y las cortamos en juliana.
Pelamos el tomate, y lo cortamos en rodajas bien finas.
Si nos gusta la cebolla, podemos ponerle unos aritos finos (yo le pongo).

Para la capa 3, pelamos una zanahoria y la rallamos, y le añadimos una lata de bonito en aceite de oliva.
Mezclamos bien, hasta que el bonito se deshaga.

En esta capa suelo ponerle unas gotas de vinagre de vino blanco, para que contraste con la zanahoria dulce. Le da mucha "vida".


Como ya lo tenemos todo listo, podemos empezar con el montaje.
En un molde o un tupper rectangular ponemos una capa de film, teniendo la precaución de cortar bastante, como para poder envolver todo el pastel una vez esté montado.
Ponemos dos rebanadas de pan de molde y las untamos con salsa. Es importatne no poner poca para que no quede muy seco, pero tampoco pasarnos, ya que resbalaría y se desmoronaría al cortarlo.
Ponemos la mezcla de la capa 1, y repartimos por toda la superficie.

Untamos otras dos rebanadas de pan de molde, y las ponemos con la salsa hacia la capa 1. Untamos entonces la parte superior, y ponemos la capa 2: tomate, cebolla y lechuga.
Repetimos la operación de poner capa de pan de molde con salsa en las dos caras, y ponemos la capa 3: atún y zanahorias.

Por último untamos las últimas dos rebanadas de pan de molde y las ponemos sobre la mezcla.
Envolvemos con el film y guardamos en la nevera al menos un par de horas.


Una vez haya pasado el tiempo de reposo, lo sacamos de la nevera.
Retiramos la parte superior del film y le damos la vuelta sobre un plato o una bandeja.

Si no nos hemos pasado con la salsa, queda un bloque bastante seguro y compacto.

Si hemos reservado algún ingrediente lo utilizaremos para decorar el pastel, aunque también queda muy bonito sin decorar, como un sandwich gigante.
Yo mezclé una cucharada de ketchup con la salsa que me había sobrado para hacer una salsa rosa, y la puse por la parte de arriba del pastel.
Si os gusta muy salseado, podeís ponerle también por los bordes.

Por encima podemos decorarla como prefiramos: zanahoria, pepinillos, aceitunas, huevo cocido, unas hojitas de menta... sea con lo que sea queda muy bonito.


¡Y ya está listo para probarlo!

Os recomiendo cortarlo con un cuchillo para pan, se corta muy fácilmente.

Si queremos que los trozos se mantengan de pie, deben de ser al menos de un grosor de unos 3cm.
Para servirlos tumbados, pueden ser mucho más finos.
Sea como sea, queda muy bonito y sobre todo riquísimo con muy poco trabajo... no se le puede pedir más a una receta.

Como siempre, la última foto, "la del bocado". 

Os invito a probarlo, nunca falla.


lunes, 25 de julio de 2011

TRIFLE DE CEREZAS


Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de julio nos invita a preparar un postre clásico británico: trifle.
Supongo que a muchos también os pasará, cada vez que veo un trifle me acuerdo de un capítulo de Friends en el que Rachel preparaba uno para sus amigos.
Iba siguiendo la receta por un libro de cocina, y por un error al pasar la página ponía una capa de ternera estofada con cebolla guisantes entre las capas de mermelada, crema, nata y soletillas. 
Imaginaos lo "bueno" que podía estar aquello.
Además de los errores propios hay que aprender de los ajenos, así que puse mucho empeño en no poner ninguna capa "extraña" ;-)

Este es un postre bastante elaborado, hay que preprar con antelación al montaje el bizcocho y las natillas,  y luego preparar la fruta y montar la nata cuando vayamos a montarlo.

Pero como suele pasar en estos postres en los que tenemos que trabajar un poco más de lo normal, merece totalmente la pena.
Lo que tiene de bueno es que le viene genial un día de reposo una vez montado, así que podemos hacerlo con antelación para un día especial (es típico de Navidad) o que por lo que sea no tengamos mucho tiempo de cocinar.

El trifle es super vistoso, siempre se hace en recipientes transparentes para poder ver bien todas las capas de distintos colores: bizcocho, natillas, fruta y nata montada.
Es que con esos ingredientes no podía salir mal, está claro.
Podemos ponerle cualquier fruta, en este caso le puse unas picotas deshuesadas, hay que aprovecharse de ellas mientras aún las encontramos en el mercado.
También podemos añadir gelatina, pero a mi me pareció que podía quedar mejor sin ella, tengo que probar otro día si cambia mucho el resultado final.

Con estas cantidades sale un trifle bastante grande, para 10-12 personas.
Ingredientes:
Capa de bizcocho:
- 3 huevos L
- 1 yogur natural
- 1 vasito (utilizaremos el del yogur como medidor) de aceite de girasol
- 2 vasitos de azúcar
- 1 vasito de almendra molida
- 2 vasitos de harina de trigo normal
- 1 sobre de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal
- ralladura de limón al gusto
Para calar: almíbar

Capa de natillas:
-250 ml de nata para montar
- 850 ml de leche entera
- 250 gr de azúcar
- 6-8 yemas de huevo (115 gr)
- 80 gr de harina fina de maíz (tipo maizena)
- para aromatizar: vainilla, limón, canela,...
Capa de fruta:
- cerezas y melocotones en almíbar
Capa de nata montada:
- 500 ml de nata para montar
- 3 cucharadas soperas de azúcar
- estabilizante para nata (opcional)
Para decorar: cacao, fruta, chocolate,...


Empezaremos haciendo el bizcocho. Como os habréis dado cuenta, es el típico bizcocho de yogur en el que sustituímos un vasito de harina por uno de almendra molida.
Me encanta la textura de este bizcocho, es uno de mis favoritos... y encima súper rápido de hacer!
En un bol batimos bien los huevos.
Añadimos el yogur, y seguimos batiendo.

Batiremos siempre entre cada ingrediente que añadamos. Lo haremos en este orden: 1 vasito de aceite, 2 de azúcar, 1 de almendra molida y al final  2 de harina de trigo mezclada con la levadura química y la pizca de sal.

Podemos ponerle también (yo siempre lo hago así) ralladura de limón, le queda genial.

Vertemos la masa en un molde enharinado, y lo metemos al horno a 180º unos 30-40 minutos, hasta que al pincharlo con un palillo éste salga limpio.

Lo ideal es hacer el bizcocho en un molde lo más parecido de tamaño (siempre un poco más grande) al recipiente donde vayamos a montar el trifle, para aprovecharlo al máximo y no tener demasiados recortes sobrantes.

Una vez esté frío, lo cortamos en dos discos que encajen en el molde donde vayamos a presentar el trifle.

Mientras se hornea el bizcocho, podemos hacer las natillas.
Utilicé la receta de crema pastelera de Paco Torreblanca (que ya publiqué en varias ocasiones), pero añadiendo un poco más de leche para que estuviesen más líquidas que la crema.

Me sobró bastante cantidad, con 2/3 hubiese llegado perfectamente.
Ponemos a calentar en un cazo la leche con la nata y la mitad del azúcar.
Si le vamos a añadir piel de limón, una vaina de vainilla, o una rama de canela, este es el momento.
En otro cazo (más grande) batimos bien las yemas.
Añadimos la otra mitad del azúcar, y removemos.

Por último, mezclaremos también con las yemas la harina refinada de maíz, los 80 gramos.
Cuando la primera mezcla (la de leche) esté caliente, la retiramos del fuego y ponemos a calentar suavemente la mezcla de yemas.
Es importante no dejar de remover, y que el fuego no esté muy vivo para que no se formen grumos.
En cuanto empiece a espesar, añadimos la leche poco a poco,  sin dejar de remover.

Os aconsejo colarla, aunque si no le ponemos nada para aromatizar no es necesario.
Como las dos partes están calientes, las natillas enseguida empiezan a espesar.  Es fundamental lo de no parar de remover, para que no se peguen al fondo.
Cuando veamos que han espesado suficiente, las retiramos del fuego.

Las vertemos en un bol o un tupper, y las cubrimos con papel film, tocando la superficie de las natillas, para que no se forme costra cuando enfríen.
Quedan súper finas, me encanta esta receta.

Como os decía en la introducción, de fruta le puse cerezas y melocotones en almíbar.
En principio iban a ser sólo cerezas, pero cuando lo estaba montando me di cuenta de que no había hecho almíbar para calar el bizcocho, así que abrí una mini lata de melocotones, y mezclé el que traen con un chorrito de cointreau. Hay solución para todo!
Las cerezas las deshuesé con la camisa de un boli bic, de los de toda la vida.
Sacamos la parte que lleva la tinta y la punta de metal, y nos quedamos sólo con la de plástico.
Con una mano cogemos una cereza, y con la otra empujamos con la camisa del boli.
Yo lo hago por la marca del rabito, los huesos salen super bien, sobre todo si están bien maduritas.
Estas picotas que compré eran perfectas para hacerlo, estaban bien maduras pero la carne era muy firme. Casi no se deshicieron nada.

En cuanto a la nata, no tiene ningún secreto: simplemente hay que tener en cuenta que tanto la nata como los utensilios tienen que estar bien fríos.
Ponemos la nata en un bol, y empezamos a batir. Cuando empiece a coger cuerpo, añadimos el azúcar y el estabilizante (si le ponemos). 

Reservamos en la nevera hasta el momento de utilizarla, aunque sean sólo unos minutos, con este calor enseguida se "viene abajo".

El trifle suele montarse en una especie de molde-copa gigante... quedan preciosos, me encantan.
Cuando tenga una cocina un poco más grande que esta, quiero  necesito tener uno.
Eso y una base para tartas con peana alta y tapa de cristal... ¡me rechiflan! 
Lo haremos cuando todos los ingredientes estén bien fríos, si el bizcocho y las natillas no lo están estropearán el resultado final.
Empezaremos poniendo un disco de bizcocho, y lo calamos con almíbar.

Luego una capa generosa de natillas.
Luego una de fruta.
Por encima, nata montada.
Y repetimos las capas: bizcocho calado, natillas, fruta y nata montada, para rematar.
Podemos decorarlo con fruta, cacao espolvoreado, florituras de chocolate... lo que queramos!
Aunque la verdad es que no necesita nada de decoración, es espectacular en sí mismo.
Lo guardamos en la nevera y lo dejamos reposar al menos una noche, para que "coja cuerpo" y sea más fácil de servir.
Tengo una pequeña espinita clavada en cuanto a la decoración, me gustaría que las capas quedasen de colores más diferenciados (tal vez la solución sea que el bizcocho lleve algo de cacao).
Pero bueno, estoy muy contenta, eh? ¡No malinterpretéis mis palabras!
Es un postre complicado de servir, sobre todo las primeras porciones... como una tarta bien alta  y encajada en un molde... sólo nivel experto.
En cuanto al sabor, estaba perfecto. No le puedo poner ninguna pega.
Ya sabía que me iba a gustar, me encantan los 4 ingredientes que lleva, así que todos mezclados tenían que estar de muerte. Y lo estaban.
Quiero decir: y lo están! Aún queda un trocito en la nevera, este mes casi no llego a tiempo para cumplir mi compromiso dulce con el círculo.