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viernes, 25 de enero de 2013

SCONES


Whole kitchen en su propuesta para el mes de Enero nos invita a preparar un clásico escocés: scones.

Y de nuevo gran propuesta. La verdad es que gracias a esta "obligación" de preparar un dulce internacional cada mes estoy descubriendo un montón de recetas que se van a quedar conmigo para siempre.

Había visto los scones ya en un montón de blogs, pero como no son especialmente llamativos, nunca los había preparado.
Lo que me estaba perdiendo, todo lo que estos panecillos tienen de normalitos a la vista lo tienen de ricos al paladar.

Esta es otra de esas recetas que confirman mi teoría de que los grandes clásicos nunca fallan. Tanto nacionales como internacionales, siempre triunfan en casa.


Son perfectos para una merienda (se suelen tomar acompañando al té de la tarde), o para un desayuno "de fiesta", como los disfrutamos mi amiguísima Cris y yo.
Hacer un descanso en el trabajo para tomarnos un té con unos scones recien hechos no puede recibir otro nombre que "desayuno de fiesta". Casi se nos saltaban las lágrimas.

La receta es de Joy of Baking, y con las cantidades que os pongo salen unos 12 scones de 6 cm de diámetro.

Ingredientes:
- 260 g de harina de trigo
- 50 g de azúcar blanquilla
- 10 g de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal
- 75 de mantequilla fría (en cubitos)
- 1 huevo
- 120 ml de nata






Empezaremos encendiendo el horno a 220ºC, para que esté perfecto cuando tengamos listos los scones para hornearlos.

Hacerlos no puede ser más fácil: en un bol mezclamos la harina tamizada, el azúcar, la levadura química y la sal.

Añadimos la mantequilla cortada en cubitos pequeños, y con la punta de los dedos vamos mezclándola bien, hasta conseguir una especie de migas y que no queden trocitos de mantequilla enteros.
Esto es lo único que da algo de trabajo, pero aún así se hacen en un momento.

En un bol aparte, batimos el huevo y añadimos la nata. Mezclamos, y vertemos sobre las migas de harina, azúcar y mantequilla.

Mezclamos hasta que los ingredientes estén bien integrados, pero sin pasarnos, sólo lo justo.


Volcamos en la encimera enharinada, extendemos con las manos (también vale con un rodillo, pero no merece la pena ni mancharlo).
Si vemos que está muy pegajosa, podemos espolvorear e integrar un poco más de harina, yo tuve que hacerlo.

Cor un vaso pequeño o un cortapastas redondo vamos cortando nuestros scones y los ponemos sobre la bandeja del horno.

Suelen ponerse bastante cerca unos de otros, no tocándose pero casi casi. Yo (inexperta) los puse un poco más separados y cuando empezaron a subir me di cuenta del motivo: así matienen mejor la forma, y no se van unos para un lado y otros para otro. Para la próxima los colocaré más juntitos.

Pincelamos cada uno con huevo (para que queden brillantes) o leche (mates), como prefiramos.


Horneamos a fuego fuerte, unos 220ºC, durante aproximadamente 15 minutos.  Si vemos que se doran mucho por la parte superior, taparemos con un papel de aluminio.

Al tacto enseguida se ve si están crudos o ya están cocidos, simplemente presionamos un poco y vemos cómo se mueve el scone.
También lo sabremos por el ruido, si damos unos golpecitos suaves y suena a hueco, es que están listos.

Retiramos del horno y dejamos sobre una rejilla, hasta que enfríen un poco.


Lo ideal es comerlos tibios, así que no podemos despisatarnos mucho:  preparamos el té, los acompañamientos para los scones... ¡y a disfrutarlos!
Quedan crujientes por fuera, pero blanditos y suaves por dentro. Perfectos.

Nosotras como veis en las fotos los acompañamos  de nata montada y mermelada de frambuesa, y un earl grey, que me encanta.

Aunque son bastante contundentes, parece que no puedes dejar de comer y comer, están taaan ricos que se hace difícil contenerse.

Si sobran se pueden congelar (parece ser que admiten muy bien el congelado) o guardarlos en un tupper y luego recalentaros un poquito en la tostadora, quedan genial.

Y para rematar como siempre la foto del mordisco. Creo que lo dice todo.


domingo, 25 de noviembre de 2012

BAKLAVA


Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de Noviembre nos invita a preparar un clásico persa: Baklava.

Este es uno de esos dulces contundentes, de los que te comes un trocito y piensas: con este rombito ya no hace falta que coma nada más en todo el día... pero luego resulta que está tan bueno que no puedes parar de comer y comer.
Casi mejor para la merienda que como postre, acompañado de un té está delicioso, os recomiendo tomarla así.

La receta es muy sencilla, y los ingredientes podemos encontrarlos fácilmente, así que no hay excusa para no hacerla.
Quizás lo más difícil sea encontrar la masa philo, pero hoy en día podemos comprarla en muchos supermercados, por suerte.Me encanta todo lo que esté hecho con esta masa: finita, crujiente... ¡perfecta!

Además de esta deliciosa masa en el pastel utilizaremos frutos secos, canela, y un almíbar aromatizado con miel y cítricos... si es que con estos ingredientes es imposible que salga mal.

Las cantidades que os doy es para un molde de 22x22 cm. Y para bastantes raciones, rinde un montón.

Ingredientes:
- masa philo (utilicé 2/3 de un paquete de 250g)
- 150 g de mantequilla derretida
Para el relleno:
- 130 g de almendras picadas
- 130 g de pistachos picados
- 3 cucharadas de azúcar
- canela en polvo (al gusto, yo le puse 1 cucharadita)

Para el almíbar
- 120 ml de agua
- 3 cucharadas de azúcar
- 1 palo de canela
- 1 cucharada de miel
- piel de limón y naranja
- zumo de limón

Empezaremos haciendo la mezcla para el relleno.
Parece ser que el fruto seco que no puede faltar es el pistacho, así que yo la hice de pistachos y almendras, que me encantan.
No conseguí encontrar pistachos crudos,  así que tuve que comprarlos tostados con sal y pelarlos lo máximo posible, para eliminar los restos salados de las pielecillas. En el resultado final no se notaba para nada, así que puede ser una buena opción si tampoco los encontrais.
Las almendras también las utilicé tostadas, pero sin sal, son más fáciles de encontrar.

Picamos finamente los frutos secos, con una picadora eléctrica o a cuchillo, como prefiramos, pero debemos dejarlos bastante finos.

Los ponemos en un bol, y añadimos el azúcar y la canela en polvo. Mezclamos bien, olemos, y ya nos damos cuenta de que este dulce va a ser un éxito.
Reservamos.


En una taza o un bol fundimos la mantequilla, como siempre sin que llegue a hervir.

Abrimos el paquete de masa philo, y con cuidado desplegamos el rollo. Como os decía antes es una masa muy muy finita, por lo que hay que ser muy cuidadoso al trabajar con ella, para que no se rompa. Aunque para la baklava no hay problema si se nos rompe, quedará igual de bien.
A mi me recuerda bastante al papel de hornear, para que os hagáis una idea del aspecto que tiene.

Bien, pues ya podemos empezar con el montaje.
Ponemos una hoja de masa, y pincelamos con mantequilla fundida. Otra hoja, y otra vez mantequilla. Y así unas cuantas capas más.
En la base os recomiendo poner como mínimo 4 hojas, para que quede consistente (yo le puse 6 en cada una)

Esparcimos unas cucharadas de la mezcla de frutos secos y canela, repartiéndola bien y dejando la superficie lisa.

Volvemos a hacer una tanda de capas de philo, y luego otra de relleno... y así hasta el final.
La última siempre será de philo.

Con un cuchillo afilado marcamos el dibujo que queramos, normalmente se hacen cuadrados o rombos.
Hasta el fondo, para cortar todo el pastel. Luego serán las porciones, así que no deben ser muy grandes.

Horneamos (horno precalentado, como siempre) a 180º unos 45 minutos.  El aroma mientras horneamos es impresionante.


Mientras se hornea la baklava haremos el almíbar, que debe estar frío (temp abiente) al verterlo sobre el pastel.

En un cazo ponemos al fuego el agua con el azúcar y la canela en rama. Dejamos reducir unos 5 minutos.
Añadimos una cucharada de miel, unas pieles de cítricos (yo le puse limón y naranja, sólo la parte coloreada) y un chorrito de zumo de limón.

Dejamos otro par de minutos al fuego, apagamos y reservamos.

Cuando saquemos el pastel del horno, con un cuchillo repasamos los cortes que habíamos hecho previamente y vertemos poco a poco el almíbar sobre la superficie, repartiéndolo bien.
Veremos como se va colando por los bordes, y se va absorviendo completamente.

Dejamos reposar al menos un par de horas antes de disfrutarlo.


Podemos espolvorear antes de servirlo con unos frutos secos molidos o un poco de azúcar glas, está deliciosa sea como sea.

Como se empapa con el almíbar queda bastante compacta, me sorprendió gratamente la textura: pensaba que al morder se iba a deshacer pero no, conserva bastante bien la forma.
Y con sus capitas de philo crujiente en la parte superior... se me hace la boca agua al recordarla.

Como os decía antes, es perfecta para la merienda, acompañada con un té calentito en el sofá... ¡y si es con mantita mucho mejor!

Feliz domingo.


jueves, 25 de octubre de 2012

BROWNIES DE CHOCOLATE Y AVELLANAS


Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de Octubre nos invita a preparas un clásico estadounidense: Brownies.

Tengo que confesar que a mis 34 años, despues de horas y horas de horneados, montones de tartas, galletas, puturrús de fua y demás... ¡nunca había hecho brownies!  Increíble pero cierto.

Y lo que me estaba perdiendo, mi cara al probarlos debió de ser un poema. De amor, por supuesto.

Están super buenos, con un intenso y concentrado sabor a chocolate, muy denso y húmedo... delicioso.
Además es muy sencillo de hacer, perfecto para un día con prisas o para alguien que esté empezando en el adictivo mundo de la repostería.

La receta es de uno de los últimos libros que me he comprado: "pasteles, pastas, galletas, merengues, tartas, panes-dulces y salados" (Ed. Blume) Ni más ni menos, casi no les cabe el título en la portada.

Lo más común es tomarlo tibio acompañado por una bola de helado de vainilla, pero en estas alturas de año a las que estamos preferí acompañarlo con algo calentito para templar cuerpo y espíritu, así que preparé una salsa de caramelo salado, que está super buena y combina genial con el chocolate.

Ingredientes:
- 300 g de chocolate negro
- 175 g de mantequilla
- 300 g de azúcar blanquilla
- 4 huevos grandes
- 200 g de harina
- 25 g de cacao en polvo
- 100 g de avellanas tostadas

Para decorar:
-azúcar glas

Para la salsa de caramelo:
- 45 g de azúcar
- 35 g de mantequilla
- 200 ml de nata para montar
- una pizca de sal
- vainilla (opcional)

En un cuenco o bol grande ponemos el chocolate picado y la mantequilla en dados, y los fundimos al baño maría o al microondas.
Yo lo hice en el microondas, pero hay que tener mucho cuidado de que la mantequilla (que en este caso se derrite antes) no llegue a hervir.
Vigilaremos y removeremos constantemente la mezcla para evitar que se estropee.

Cuando estén fundidos, reservamos y dejamos que enfríe hasta temperatura ambiente.

Una vez haya enfriado, añadimos uno a uno los huevos, previamente batidos, mezlcando bien entre cada uno.

Tamizamos la harina y el cacao para airearlos y deshechar algún grumito, y los incorporamos bien a la masa.

Picamos las avellanas a cuchillo, dejando unos trozos más grandes que otros, para que el acabado final sea más artesano. Por supuesto esto es opcional, pero yo suelo incorporar así los frutos secos.


Forramos un molde (el mío era de 18x18cm) con papel de hornear, y vertemos la masa.
Como es bastante densa, debemos ayudarnos con una cuchara o una espátula  para acercarla hasta los bordes del molde.
Alisaremos también la superficie.

Horneamos unos 18 minutos a 180º (importante como siempre que el horno esté bien caliente cuando metamos el molde).
Debe quedar firme y crujiente en el exterior, pero con el corazón jugoso.
Para dar con el punto exacto podemos pinchar la masa con un palillo y apagar el horno cuando veamos que casi está, el palillo ha de salir un poco manchado pero que no esté crudo del todo.

Una vez el brownie esté listo, lo sacamos del horno y dejamos reposar 5-10 minutos sin desmoldar.

Lo sacamos con cuidado del molde ya que al estar tibio es bastante delicado, y cortamos en porciones cuadradas o triangulares (lo normal es presentarlo con forma cuadrada).


Mientras se hornea el brownie podemos hacer la salsa de caramelo salada.
Está super buena, combina genial con el brownie. Además, al contrario de lo que pueda parecer, no es demasiado dulce pero sí muy sabrosa.

En un cazo ponemos el azúcar. Hacemos un caramelo rubio, y cuando esté añadimos la mantequilla cortada en dados. Es importante que esté a temperatura ambiente, para que se funda lo más rápidamente posible.

Cuando la mantequilla esté totalmente disuelta, añadimos la nata y removemos con mucho cuidado.

Una pizca de sal, y si queremos una pizca de vainilla, que le queda genial.

Dejamos que reduzca hasta que quede espesa, teniendo en cuenta que según vaya enfriando irá cogiendo cuerpo.

La que sobró la guardé en un tupper en la nevera, al estar fría queda con una textura parecida a la de la nocilla, perfecta para untar. ¿Sobre qué? Sobre krititassssss! Está de escándalo, tenéis que probarlo.



Pues  ya está todo listo! Podemos servir el brownie tal cual, o espolvorearlo con cacao o azúcar glas. 
Al llevar avellanas, se me ocurrió utilizar como plantilla unas hojas de avellano, aunque podemos utilizar cualquier otra hoja o forma.

Como os decía, con la salsa de caramelo queda genial, aunque se puede acompañar con helado de vainilla, salsa de chocolate caliente, una mermelada de naranja... casi casi con cualquier cosa.
Incluso se me está ocurriendo que para navidad con una salsa de turrón tiene que estar buenísimo.

Se ha abierto la caja de pandora de los brownies... ¡ahora quiero probarlos todos! ¡Uno tras otro!

Aquí os lo dejo, ahora a disfrutarlo. Gracias por estar ahí.


martes, 25 de septiembre de 2012

PIONONOS DE CREMA

 
Whole kitchen en su Propuesta dulce para el mes de Septiembre nos invita a preparar un clásico español, "piononos".

Tras un par de meses de descanso, volvemos a la carga con las propuestas del círculo.
Esta vez han escogido una receta española, que yo personalmente no conocía y me ha encantado.

Son los piononos, un pastelito delicioso creado en honor al Papa Pío IX, de ahí su nombre. Fueron inventados por un pastelero de Santa Fe, en Granada, y se han convertido en el emblema del pueblo. La verdad es que no me extraña, porque están buenísimos.
Aunque di tu que a saber si estos que yo he preparado se parecen a los originales... ¡habrá que hacer un viajecito para probarlos!

La receta es bastante sencilla: un brazo de gitano calado con almíbar y relleno y coronado con crema pastelera. Otro de esos sabores clásicos que nunca fallan, de los que a mi me gustan.

La receta que nos propusieron es la de Belenciaga, podéis ir a la receta original pinchando aquí. Yo la utilicé para el bizcocho y el almíbar, pero para la crema pastelera utilicé mi favorita, la de Paco Torreblanca, es perfecta.
La receta original lleva también crema de yema, pero yo utilicé sólo crema pastelera, que me gusta mucho más, tanto su textura como su sabor.

Ingredientes:
Para el bizcocho (lo repartí en 2 planchas)
- 4 huevos
- 4 cucharadas de azúcar
- 2 cucharadas de harina de trigo
- 2 cucharadas de maizena
- 4 cucharadas de leche
- una pizca de sal

Para la crema pastelera:
- 125 ml de nata líquida
- 375 ml de leche entera
- 125g  de azúcar
- 45 g de maizena
- 4 yemas de huevo
- piel de limón y canela en rama para aromatizar

Para el almíbar:
- 75 g de azúcar
- 75 ml de agua
- canela en rama
- un chorrito de ron (opcional)

Para quemar:
- azúcar moreno

Como hay que hacer las 3 cosas con antelación,empezaremos por la que prefiramos, como todas tienen que enfriar antes de utilizarse, da igual el orden.

Para hacer el almíbar ponemos en un cazo los ingredientes, y los dejamos hervir unos 5 minutos. Apagamos el fuego y retiramos, dejando a temperatura ambiente hasta el momento de utilizarlo.
Yo le puse ron, como en la receta original, pero creo que un poco de cointreau también le puede quedar muy bien.

Para hacer la crema pastelera ponemos a calentar en un cazo la leche, la nata, y la mitad del azúcar.
Si queremos podemos aromatizarla con canela en rama y piel de limón (sólo la parte amarilla). Yo lo hago siempre, me gusta mucho el sabor que le dan, sobre todo el limón.
Cuando empiece a humear apagamos el fuego y reservamos.
Si decidimos aromatizarla, la colaremos antes de utilizarla, para eliminar cualquier rastro sólido.

En otro cazo mezclamos la maicena con la mitad restante del azúcar y las yemas. Las llevamos a punto de ebullición, removiendo siempre constante pero suavemente.

Retiramos del fuego y añadimos la mezcla de leche, nata y azúcar (la más líquida) a la segunda (la crema de yemas). Lo haremos muy poco a poco y sin parar de remover, este puede ser el punto más delicado.

Volvemos a ponerlo todo a fuego bajo, removiendo constantemente para evitar que se pegue y se formen grumos.

Una vez esté lista apagamos el fuego, la ponemos en un bol (a veces lo hago directamente en el cazo en el que la he hecho), y cubrimos la superficie con un trozo de film, asegurándonos de que no quedan bolsitas de aire, así evitaremos que se forme costra.

Reservamos y cuando esté a temperatura ambiente la metemos en la nevera, sobre todo si no la vamos a utilizar enseguida.

Con esta cantidad de maizena queda una crema blanda, que se deshace en la boca, una delicia. No vale para cualquier tipo de postre, pero es espectacular.
Si la quiero más espesa, simplemente varío la cantidad de maizena, he llegado a utilizar hasta 60 gramos en lugar de 45, y queda igual de rica pero más firme.


Para hacer el bizcocho, empezaremos separando las claras y las yemas y montaremos las primeras con una pizca de sal.
Cuando estén firmes añadiremos el azúcar cucharada a cucharada, sin dejar de batir, hasta que esté totalmente disuelto y el merengue firme y brillante.

En un bol mezclamos la harina de trigo y la maizena, y añadimos las yemas, mezclando hasta integrarlas.
Luego añadiremos la leche, cucharada a cucharada, removiendo bien.  Nos quedará una masa espesa.

Con una espátula de madera o una lengua de silicona vamos poco a poco añadiendo a esta masa cucharadas de merengue, integrándolas siempre de abajo a arriba, con delicadeza para que no se bajen y la mezcla quede aireada.
Como os decía en la lista de ingredientes, yo con esta cantidad hice dos bizcochos, es importante que queden finos.

Sobre una bandeja de horno ponemos una lámina de papel de hornear y extendemos la mitad de la masa, que quede aproximadamente de medio centímetro.
La metemos al horno precalentado a 180ºC unos 7-8 minutos, hasta que los bordes empiecen a dorarse. Es importante no pasarnos, ya que el bizcocho quedaría demasiado duro como para poder enrollarlo.
Retiramos del horno y metemos el segundo bizcocho. Si no tenemos más que una bandeja de horno, debemos enfriarla bajo el grifo antes de extender la segunda masa.


Cuando todos los ingredientes hayan enfriado, podemos empezar con el montaje.

Calamos bien las planchas de bizcocho, y extendemos una capa fina de crema pastelera sobre ellas.

Cuando iba a calarlos, me surgió la duda de qué lado del bizcocho poner por dentro y cual por fuera, así que hice uno de cada. En las fotos se aprecia la diferencia de color entre unos y otros.
Por la parte de arriba el bizcocho es más poroso, por lo que empapa mejor, perfecto para poner por dentro.
Pero por esta parte suele quedar también  más bonito y blanco, perfecto para poner por fuera, así que no sabría cual recomendaros.  Que cada uno escoja el que prefiera, realmente en el sabor no se notaba la diferencia, así que creo que me quedo con la opción de poner la parte bonita al exterior.

Bien, una vez esté calado y cubierto con la crema, enrollamos para hacer un brazo de gitano fino y alargado. Iremos apretando para que no queden bolsas de aire en el interior.

Cortamos en trozos de unos 5cm, y los vamos poniendo en vertical sobre unas cápsulas de magdalena.

Ponemos la crema que nos sobre en una manga pastelera con boquilla redonda y grande, y vamos haciéndole unos copetes a los piononos, aunque en este caso se le podrían llamar solideos.

Ponemos un poco de azúcar moreno y quemamos con una plancha o un soplete. Este es el remate clave, pocas cosas hay que me gusten más que la crema quemada.


¡Y los piononos están listos! Quedan super blanditos y sabrosos, riquísimos, un postre de esos que dejan huella.

En principio deben de ser pequeños, para comer en uno o dos bocados, pero estos míos son un poquito más grandes, para comer en 3 o 4... ¡más vale que sobre!

Además aunque esta es la receta clásica se pueden hacer un montón de variaciones: de chocolate, de tiramisú, con mermeladas de sabores... casi casi como queramos.

Os dejo como siempre con una foto del mordisco mientras babeo al recordarlos... ¡creo que no voy a tardar mucho repetirlos!


lunes, 25 de junio de 2012

CHARLOTA DE FRESA Y MORA

Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de Junio nos invita a preparar un clásico frances, Charlota.

Este es un postre ideal para esta época del año, en la que sólo apetecen cosas frescas y ligeras. Podemos adaptarla totalmente a nuestro gusto (fruta, chocolate, vainilla, café,...), y además está mejor con un par de días de reposo, así que todo son ventajas.

Es la primera vez que hago una charlota que no sea "falsa".
Antes había forrado alguna vez una tarta con bizcochos, pero siempre lo hacía una vez que la tarta estaba desmoldada.
Esta vez quise hacerla con el método clásico, colocando los bizcochos en el molde antes de verter el relleno, y la verdad es que da menos trabajo que hacerlo después y  queda perfecta al desmoldarla, los bizcochos se mantienen en su sitio y quedan perfectos.

Mi único temor era que si los empapaba se ablandasen demasiado, así que los puse sin remojar... ¡error! Los del borde quedaron bastante secos, así que para la próxima remojaré aún arriesgándome a que no queden tan enteros.

Por lo demás deciros que  está buenísima, se hace super rápido y además queda preciosa.


En principio iba a hacer un relleno parecido a esta bavarois de fresa al cava, que me encanta, pero a estas alturas ya es difícil encontrar fresas, así que tuve que cambiar de idea.

Decidí utilizar en vez de fruta fresca mermelada casera, había leído que este tipo de postres quedaban bien con ella y la verdad es que es muy cierto.
Era casera, de fresa y mora... ¡no podía fallar! Además tenía unas moras congeladas del año pasado, y como hay que ir haciendo sitio a las de este año, le puse algunas mezcladas entre el relleno e hice con el resto la capa de cobertura de mora.

Ingredientes:
- bizcochos de soletilla o bizcochos secos  para chocolate(como estos)
- almíbar para mojarlos

Para el relleno:
- 2 huevos L
- 3 cucharadas de azúcar
- 225 g de mermelada de buena calidad
- 200 ml de nata para montar
- 5 hojas de gelatina neutra
- una pizca de sal
- unas 20 moras enteras

Para la cobertura:
- 150 g de moras
- 60 g de azúcar
- unas gotas de zumo de limón
- 2 hojas de gelatina neutra


Empezaremos poniendo las 5 hojas de gelatina neutra del relleno en agua fría para que se hidraten.

Abrimos los huevos, que estarán a temperatura ambiente, y separamos las claras de las yemas.

Montamos las dos yemas con una cucharada de azúcar y reservamos.

En un bol grande montamos la nata (bien fría).
Añadimos la mermelada, mezclando con mucho cuidado,  y luego las yemas montadas. Yo esto lo hago con una espátula y movimientos suaves y constantes.
En un vaso calentamos medio dedo de agua, y añadimos la gelatina escurrida. Mezclamos con la mezcla de nata, otra vez con moviemientos muy suaves.
No pasa nada si la nata se baja un poco, ya que como luego añadiremos la gelatina quedará perfecta.

En un bol aparte montamos  las claras con dos cucharadas de azúcar y la pizca de sal, hasta formar un merengue firme.

Lo añadimos a la mezcla de nata, mezclando muy bien para que el corte sea homogéneo, sin motitas blancas.

Por último, unas moras enteras (se las puse congeladas directamente).

Si queremos que el color de la mezcla sea más vivo añadimos una gota de colorante en gel rosa o rojo (yo le puse sólo una gotita de rosa, aunque no hubiese hecho falta).

Reservamos en la nevera mientras empezamos el montaje de la tarta.


En cuanto hayamos terminado el relleno, colocaremos los bizcochos forrando un molde desmoldable (no hace falta poner la base)  o un aro de repostería.
Os recomiendo utilizar el aro, ya que así lo podréis adaptar al tamaño justo de los bizcochos, sin tener que cortar ninguno verticalmente ni que se solapen.

Yo utilicé bizcochos de esos secos para chocolate, aunque me hubiese gustado hacer soletillas en casa, que seguro que quedan mucho mejor.
Les corté la parte curva en uno de los lados, para hacer una base que asentase bien en el plato.
He visto en internet alguna foto de charlotas con los bizcochos enteros, pero supongo que se los pondrían después de desmoldar, ya que si no es imposible que se aguanten (creo).

Una vez tengamos todo el lateral cubierto de bizcochos (como os decía antes os recomiendo remojarlos un poco, al menos los laterales), cubrimos también el fondo.
Hay que tener un poco de paciencia para forrar el molde, ya que es normal que algunos se caigan al colocar otros cerca... pero creedme, ¡al final se consigue!

Vertemos sobre la base de bizcochos la mitad del relleno y alisamos.
Ponemos otra capa  de bizcochos  y el resto de la crema de relleno. Volvemos a alisar.

Como la mezcla es bastante espesa no se sale por los espacios entre los bizcochos, y queda genial.
Si la mezcla os queda muy líquida, debéis esperar un rato a que la gelatina empiece a hacer efecto, y verterla cuando su textura sea parecida a la de la nata montada.

Metemos en la nevera al menos 2 horas antes de ponerle la cobertura (si le ponemos, es totalmente opcional).


Para la cobertura podemos poner mermelada con un poco sin más o hacer alguna salsa de fruta y cuajarla con gelatina.
Como no tenía más mermelada,  puse en un cazo 150 gramos de moras, 60 de azúcar  y unas gotas de zumo de limón.

Dejé que cociesen lentamente, unos 10-15 minutos.

Pasado ese tiempo, añadi las 2 hojas de gelatina (previamente hidratada), y removí bien.

Aplasté las moras con un tenedor, que ya estaban muy blanditas, y lo pasé todo por un colador metálico, para retirar las pieles y las semillas.

Según va enfriando la salsa, va volviéndose cada vez más espesa. En cuanto veamos que está lo suficientemente densa como para no colarse por los huecos entre los bizcochos, la ponemos sobre la tarta y alisamos lo máximo posible con una espátula o la parte curva de una cuchara.

Volmemos a meter en la nevera, ya sólo nos queda esperar a que cuaje la cobertura para poder disfrutarla.

Una vez veamos que tanto el relleno como la cobertura están bien sólidos, podemos quitar el molde-aro con cuidado para no estropear los bizcochos.

Si queremos podemos decorarla con un lazo, aunque en realidad es eso, sólo una decoración, ya que los bizcochos se aguantan perfectamente sin nada.

A mi este tipo de tartas me gustan bien reposadas, lo ideal es un par de días... aunque sé que no todo el mundo será capaz de aguantarse!

Siempre que hago estas fotos con las cucharas me acuerdo de cuando a un niño pequeño le están dando la comida y le dicen: esta por papá, esta por mamá, esta por pocoyo... pues venga, hoy os la dedico: ¡esta por todos vosotros! Gracias por esta ahí.

miércoles, 25 de abril de 2012

TARTA SACHER

 Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de abril nos invita a preparar una tarta clásica austricaca: la Tarta Sacher.

Tengo que reconocer que esta entrada para mi ha sido un sufrimiento. De hecho casi no ve la luz, pero luego pensé: no, hay que publicar sí o sí, aunque no te guste demasiado el resultado.
Y es que cuando no haces las cosas "a gusto" no quedan bien.. está más que comprobado. 
Siempre que me pasa algo así me acuerdo de la película "Como agua para chocolate".  En ella, según el estado de ánimo de la protagonista, los platos que cocinaba te hacían entrar en éxtasis o incluso enfermar, tenía el don de transmitir sus emociones a la comida.

Pues con esta tarta no ha pasado lo mismo, pero casi.

Yo no soy muy de chocolate, así que esta tarta la hice por cumplir con mi "obligaciones totalmente voluntarias" del círculo. Estoy segura de que mis pocas ganas de hacerla fueron las que la gafaron.

Tuve que hacerla dos veces, la primera vez que la hice no me gustó demasiado ni el bizcocho ni sobre todo la capa de brillo final.
No sé si es que me pasé con la gelatina o qué pasó, pero aquello no había forma de cortarlo y que mantuviese la forma, se quedaba pegado a la cuchara y hacía que la porción de tarta se rompiese por todas partes. Además la textura no era nada agradable, casi parecía de plástico. No podía publicar esa receta.
Y encima, para más sufrimiento, la hice para un día que tenía invitados en casa... vaya forma de quedar "bien". Menos mal que son de confianza, nos reimos un rato del chocolate plasticoso y comimos el resto.
Es la primera vez que tengo que repetir una receta para publicarla.


La segunda vez (esta de las fotos) todo marchaba mejor.
Decidí hacer el bizcocho de chocolate del libro 1080 Recetas de cocina, que nunca falla, cambiando parte de la harina por almendra molida, para que se pareciese más al de la sacher.
Hago el bizcocho, lo relleno, cubro con la primera capa de ganaché, y dejo reposar toda la noche en la nevera.  Todo perfecto, ¡iba a quedar genial!

Al día siguiente, cuando la voy a cubrir con la segunda para darle brillo... ¡no me queda chocolate del que uso siempre! ¡Horror! Era domingo por la mañana... así que tuve que utilizar otra marca que había comprado para probar.
Una marca local, que normalmente está bastante bien, pero el fondant no me gustó nada. Debe de tener harina entre sus ingredientes, pasó de estar super líquido a espeso de cortar con cuchillo y tenedor, perfecto para un chocolate con churros pero no para cubrir una tarta.

Así que las gráciles  y desenfadadas gotas escurriendo de chocolate brillante que había pensado para decorar la tarta se convirtiesen en mareas de lodo chorreando por los laterales.
Encima es que me bloqueé tanto al verlo, que ni se me ocurrió ponerle más nata para aligerarlo ni extenderlo y cubrir toda la tarta, aunque quedase con marcas...no, así la dejé.

Lo mejor fue cuando se levantó el catador oficial y me dice: Un poco bruta, ¿no?  Argggg! casi me da algo. 
Ahora que lo pienso, no sé si se refería a la tarta o a mi... ¡y prefiero seguir nadando en la ignorancia!

Ingredientes:
Para el bizcocho:
- 3 huevos  (los pesamos)
- el mismo peso de mantequilla
- el mismo peso de chocolate
- el mismo peso de azúcar
- el mismo peso menos 50 gramos de harina de trigo
- 50 g de almendra molida
- 1 cucharadita de levadura química
- 1 pizca de sal fina

Para el relleno:
- mermelada, quedan genial  las de albaricoque o frambuesa

Para cubrir:
- 150 ml de nata líquida
- 150 g de chocolate de postres

Glaseado final:
- 100 ml de nata líquida
- 100 g de chocolate de postres
- mantequilla (una nuez, más o menos)
- 2 hojas de gelatina neutra

Empezaremos haciendo el bizcocho.  Es una receta que siempre sale bien, hace muchos años que lo hago y queda perfecto.

En un cazo a fuego suave o en el microondas fundimos la mantequilla junto con el chocolate, para que se derritan lentamente.
Es importante que no hierva, tiene que ser a fuego muy suave y el tiempo justo para que se funda el chocolate.

Retiramos del fuego y añadimos el azúcar, removiendo bien.

Separamos las yemas y las claras de los huevos, e incorporamos las yemas a la mezcla una a una, integrando bien antes de añadir la siguiente.

Añadimos la almendra molida y por último la harina tamizada, mezclada con la levadura química (tipo Royal).

Por último, montamos las claras a punto de nieve con la pizca de sal, y las integramos con cuidado al resto de ingredientes. Poco a poco, y siempre moviendo de abajo a arriba,para que no se rompan las burbujas y siga entrando aire en la mezcla.

Vertemos la masa en un molde engrasado y enharinado y lo introducimos en el horno precalentado a 180ºC, unos 40 minutos más o menos.
A partir de los 30 comprobaremos con un cake tester o un palillo por si se pasa antes de tiempo.

Cuando esté listo lo sacamos del horno, y pasados unos minutos lo volcamos sobre una rejilla para que termine de enfriar. Esto yo lo hago sin desmoldarlo, no lo saco del molde hasta que esté bien frío.


Cuando el bizcocho haya enfriado, lo partimos en 2 o 3 discos y rellenamos con mermelada. La tarta original lleva mermelada de albaricoque, pero yo como no tenía casera le puse de melocotón, que es bastante parecida.

Podemos calar el bizcocho si queremos, pero lo ideal es hacer la tarta con 2-3 días de antelación y que sea la mermelada la que vaya empapando todo el bizcocho. Cuantos más días pasen, más rica está.

Para hacer el ganaché simplemente ponemos la nata a calentar a fuego suave, para que no se pegue.
Cuando empiece a hervir, retiramos del fuego y añadimos el chocolate de postres cortado en trozos pequeños.
Removemos hasta que esté perfectamente deshecho,  y dejamos templar para utilizarlo.

Cuanto más frío esté, más espeso quedará. Tenemos que ir comprobando la densidad que nos guste para trabajarlo, y cuando esté en su punto cubriremos la tarta con él.

Es muy cómodo poner la tarta sobre una rejilla y dejar que el chocolate bañe toda la tarta y dejar escurrir el exceso.
Yo no suelo hacerlo así porque siempre sobra un montón, pero en este caso sí se puede hacer de este modo, ya que como vamos a usar más ganaché para el glaseado final podemos recoger el sobrante y reutilizarlo.

Así que lo dicho: ponemos una fuente grande, encima una rejilla, y encima la tarta. Ojo con las migas, pincelaremos el bizcocho antes de ponerlo sobre la rejilla para que no se mezclen con el ganaché, que luego se notan un montón.
Vertemos el ganaché desde el centro, dejando que escurra por los laterales. Podemos ayudarle con una espátula si queremos  dirigirlo a alguna parte concreta, hasta que toda la tarta esté bien cubierta.

Reservamos el ganché sobrante y dejamos reposar la tarta unas horas, mejor si es una noche completa en la nevera.


Finalmente, sólo nos queda la capa de chocolate brillante.

Hacemos más ganaché o reutilizamos el sobrante de la primera capa. Templamos, y le añadimos una nuez de mantequilla y un par de hojas de gelatina neutra que previamente habremos hidratado en un vaso de agua. Antes de añadirlas las secaremos con un papel de cocina.

Removemos bien, y damos la capa de glaseado final.

Como os decía al principio, yo pretendía cubrir sólo la parte de arriba y dejar caer alguna gotita "graciosa" por el lateral...jajajaja! ¡Sufro cada vez que veo estas fotos!


Si aún así os decidís a hacer la tarta os recomiendo que repose al menos 2 o 3 días. Esta estuvo sólo una noche, y se ve como la mermelada empieza a mojar el bizcocho pero muy poco, lo perfecto sería que estuviese completamente empapado.

Y no me entendáis mal, la tarta está muy buena, pero yo es que le cogí tirria ya antes de hacerla, y cuando es no, es no. Y se acabó.

Para los que os encanta el chocolate es una tarta perfecta, con un sabor muy intenso, otro de los grandes clásicos que nunca falla.
Si la selección natural funciona, la selección natural postrera también... las tartas que resisten más de 100 años (en este caso casi 200) se van a quedar entre nosotros para siempre.

¡Un saludo y gracias por visitarme!

sábado, 25 de febrero de 2012

SABAYÓN


Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de febrero nos invita a preparar un postre de la cocina italiana: Sabayón.

Hoy os traigo un postre delicioso pero sólo para adultos. Es una crema templada en la que tradicionalmente se utiliza vino de Marsala, aunque yo lo he cambiado por un moscato, uno de mis favoritos.
Seguro que con  un buen cava o champán también queda genial.

Esta crema se hace con sólo tres ingredientes: yema de huevo, azúcar y vino dulce.
Es muy sencilla de hacer, simplemente hay que tener en cuenta unas precauciones básicas y os quedará perfecto.


El único punto negativo que le veo  es que si la queremos tomar templada debemos prepararla al momento, por lo que si va a ser el postre puede romper el ritmo de la comida.

Aunque la verdad bien merece la pena esperar un poco y alegrar cuerpo y espíritu con este suave y aromático sabayón.

Las cantidades que os pongo es para dos personas, quedan dos copas como la de la foto.

Ingredientes:
- 2 yemas de huevo
- 50 gr de azúcar normal
- 80 ml de vino dulce (yo le puse moscato)
- piel de limón (opcional)









El procedimiento para hacer esta deliciosa crema es muy sencillo:  empezaremos ponemos un cazo al fuego con 3 cm de agua, para el baño maría.

En un bol u otro cazo más pequeño ponemos todos los ingredientes y los mezclamos bien con unas varillas.

Cuando lo hice pensé que me había equivocado con las medidas, me parecía demasiada cantidad de vino en proporción al resto de ingredientes, pero no, quedó perfecto.

De ahí que sea sólo para adultos, no es que lleve unas gotas como otros postres, es ingrediente principal.


Ponemos el bol al baño maría, con un par de precauciones: no debe tocar el agua y a su vez el agua no debe hervir.
Todo esto es para que la crema se vaya haciendo muy suave y lentamente, y no alcance temperaturas elevadas.

Mientras tengamos la crema al fuego, debemos batir todo el tiempo con las varillas, para ir incorporando aire.
Poco a poco ser irá montando, transformándose en una mezcla espumosa y super aromática, como os decía.

Seguimos batiendo hasta que veamos que está listo. Lleva un buen rato, así que no debemos desesperarnos.
Os aconsejo no hacerlo a mano para más de 2 personas, aunque con la batidora de varillas tiene que ser mucho más cómodo.


El resultado final será una crema muy aireada, una mezcla entre natillas y mousse. Es muy ligera pero muy sabrosa, me parece un postre ideal.

Se suele tomar solo, acompañado de frutas (generalmente higos o frutos rojos) o con pastas secas. El contraste de temperaturas y texturas es perfecto.

En alguna receta de las que consulté ponía que se podía requemar por encima, y como no pierdo ocasión de usar mi soplete... ¡yo lo caramelicé! Me encanta.

Como podéis ver, este postre es muy sencillo, pero si la calidad de los ingredientes es buena, queda espectacular.
Otra de esas recetas que aunque a priori  no me resultaba muy apetecible, el resultado ha sido más que satisfactorio. Nunca digas nunca jamás...

miércoles, 25 de enero de 2012

PITHIVIER (RELLENO DE FRANGIPANE)

 Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de enero nos invita a preparar un clásico de la cocina francesa: Pithivier.

Este mes volvemos a la carga después de las vacaciones del mes de diciembre con una propuesta super sencilla pero imprescindible a partir de ahora en nuestra cocina.

Otra vez viajamos a Francia, un país que nunca defrauda en cuanto a repostería.

Aunque el título de la entrada pueda asustar (al menos a los que como yo cuando lo leí no tengáis ni idea de lo que es), si se escribe en castellano pasa a ser muchísmo más sencillo: una tarta de hojaldre rellena de crema de almendras.
Es más, casi mejor la definiría como una empanada de hojaldre y crema de almendras.


Hacía tiempo que quería probar el frangipane (la crema de almendras), y he de decir que en casa nos ha gustado muchísmo. Ya estamos pensando en usarla en un monton de cosas.
Además por lo que estuve leyendo, hay otra versión en la que se mezcla a partes iguales esta crema con crema pastelera... tiene que estar impresionante en unas tartaletas de manzana.

Con esta receta voy a compensar a la larguísima y tediosísima tarta san marcos anterior... ¡ya veréis qué cortita es!

Ingredientes:
Para el frangipane:
- 100 g de mantequilla
- 100 g de azúcar
- 2 huevos
- 100 g de almendra molida

Además:
- 2 planchas de hojaldre circulares
- huevo batido para pincelar
- naranja confitada (opcional)

Para decorar:
- azúcar glass, frutas confitadas,...

Comenzaremos haciendo el frangipane.
En un bol ponemos la mantequilla a temperatura ambiente cortada en dados.

Añadimos el azúcar y mezclamos bien con unas varillas.

Incorporaremos los huevos uno a uno, removiendo bien antes de integrar el siguiente.

Finalmente, ponemos la almendra y mezclamos hasta que esté totalmente incorporada a la crema.
Ya está lista para ser utilizada, reservamos.


Para montar el pithivier, ponemos uno de los discos de hojaldre sobre la bandeja del horno.

Colocamos encima la crema de almendras , teniendo la precaución de dejar 2 o 3 cm en el borde libres para poder pegar la tapa.
Os recomiendo poner una capa gordita, de unos 3 cm, ya que luego bajará un poco.

El pithivier también admite rellenos de frutas confitadas, así que yo le puse por encima unos trocitos muy finos de naranja, me encanta el aroma que aporta a la repostería.


En el otro disco de hojaldre trazamos un diseño con un cuchillo (podemos hacerlo llegando a cortar la masa o sólo marcarlo un poco, como prefiramos).
Si decidimos sólo marcarlo, es imprescindible hacer un agujero central para que el actúe como una chimenea y el vapor pueda salir durante la cocción.

Pincelamos el borde de la base con huevo batido, y colocamos con cuidado la tapa, procurando que se deforme lo menos posible.

Presionamos los bordes para que se peguen bien los dos discos de hojaldre, y con la ayuda de un cuchillo hacemos los pétalos característicos del borde de esta tarta.


Introducimos el pithivier en el horno precalentado a 200ºC, y lo dejamos unos 15 minutos, hasta que veamos que el hojaldre haya subido y está hecho.

En las fotos del corte podéis ver que a mi se me churruscó un poco por la parte de abajo, como no me gusta nada el hojaldre poco hecho prefiero alargar un poco la cocción y arriesgarme a que pase esto.

Lo retiramos del horno y  lo ponemos a enfriar sobre una rejilla.

Si queremos  una vez que esté frío podemos espolvorearlo con azúcar glass, aunque no es imprescindible, admite las dos presentaciones.


Podemos tomarlo tibio o frío (a temperatura ambiente), a nosotros nos gustó mucho más después de haber reposado unas horas.

Como os decía al principio en casa nos ha encantado, de hecho desde que en WK  hace unos días nos hicieron esta propuesta, ya es la segunda vez que lo hago, una vez en formato individual y la otra este más grande.

Es de esas recetas que se tarta más en leer que explicar, y el resultado es de 10.
Si os gustan los postres de almendra, tenéis que probarlo... y si no también!