lunes, 8 de agosto de 2011

PASTEL VERANIEGO


Aunque podemos disfrutarlas todo el año, es en verano cuando apetecen más estas comidas fresquitas, muy fáciles de preparar y en las que apenas necesitamos encender la cocina... de ahí su nombre.
Me encantan este tipo de pasteles, pongamos lo que pongamos siempre quedan muy bien. Perfecto para un día de esos que no tenemos ganas de cocinar pero sí de comer algo rico.
Entre las capas de pan de molde podemos poner casi cualquier cosa (verduras, pollo, pescado, huevos, frutas,...).

Es ideal para la gente que come fuera de casa, necesita unas horas de reposo, así que podemos prepararlo por la noche y al día siguiente estará perfecto.
Y ya no digamos para ir a comer al campo o a la playa... un bocado rico, distinto, y muy sano.

Os pongo como lo he hecho yo esta vez (no siempre lo hago igual, voy variando según los ingredientes que tenga en la cocina), para 2-3 personas.

Ingredientes:
- 8 rebanandas de pan de molde sin corteza
Para la salsa:
- 4 cucharadas de queso batido desnatado
- 1 cucharada de mayonesa
- 1/2 cucharada de salsa césar
Capa 1:
-  2 huevos grandes cocidos
- 8 langostinos cocidos
- 1 pepinillo
- 1 cucharada de guisantes muy finos
- 1 cucharada de salsa
Capa 2:
- un tomate
- cebolla
- unas hojas de lechuga

Capa 3:
- 1 zanahoria
- 1 lata de bonito
Para decorar:
- aceitunas, pepinillos, huevo, zanahoria,...
Opcional: sal, aceite de oliva, vinagre.

Yo suelo preparar todos los ingredientes y mezclas antes de empezar a montar el pastel, así luego lo hago en un periquete.

Lo primero será preparar la salsa:
En un bol ponemos el queso batido, la mayonesa (puede ser ligera) y la salsa césar. Removemos bien hasta que se mezclen completamente, y si queremos podemos poner unas gotitas de vinagre.

Para preparar la capa 1, picamos los huevos finamente (podemos dejar alguna rodaja para decorar el pastel), y los mezclamos con una cucharada de guisantes cocidos.
Ponemos también un pepinillo picado (me encanta el toque crujiente) y los langostinos picados en rodajas.
Una cucharada de salsa para amalgamarlo todo, y a remover.
Es importante que todo sea bastante pequeño, para que se una bien y haga "masa".

Para preparar la capa 2 lavamos unas hojas de lechuga, y las cortamos en juliana.
Pelamos el tomate, y lo cortamos en rodajas bien finas.
Si nos gusta la cebolla, podemos ponerle unos aritos finos (yo le pongo).

Para la capa 3, pelamos una zanahoria y la rallamos, y le añadimos una lata de bonito en aceite de oliva.
Mezclamos bien, hasta que el bonito se deshaga.

En esta capa suelo ponerle unas gotas de vinagre de vino blanco, para que contraste con la zanahoria dulce. Le da mucha "vida".


Como ya lo tenemos todo listo, podemos empezar con el montaje.
En un molde o un tupper rectangular ponemos una capa de film, teniendo la precaución de cortar bastante, como para poder envolver todo el pastel una vez esté montado.
Ponemos dos rebanadas de pan de molde y las untamos con salsa. Es importatne no poner poca para que no quede muy seco, pero tampoco pasarnos, ya que resbalaría y se desmoronaría al cortarlo.
Ponemos la mezcla de la capa 1, y repartimos por toda la superficie.

Untamos otras dos rebanadas de pan de molde, y las ponemos con la salsa hacia la capa 1. Untamos entonces la parte superior, y ponemos la capa 2: tomate, cebolla y lechuga.
Repetimos la operación de poner capa de pan de molde con salsa en las dos caras, y ponemos la capa 3: atún y zanahorias.

Por último untamos las últimas dos rebanadas de pan de molde y las ponemos sobre la mezcla.
Envolvemos con el film y guardamos en la nevera al menos un par de horas.


Una vez haya pasado el tiempo de reposo, lo sacamos de la nevera.
Retiramos la parte superior del film y le damos la vuelta sobre un plato o una bandeja.

Si no nos hemos pasado con la salsa, queda un bloque bastante seguro y compacto.

Si hemos reservado algún ingrediente lo utilizaremos para decorar el pastel, aunque también queda muy bonito sin decorar, como un sandwich gigante.
Yo mezclé una cucharada de ketchup con la salsa que me había sobrado para hacer una salsa rosa, y la puse por la parte de arriba del pastel.
Si os gusta muy salseado, podeís ponerle también por los bordes.

Por encima podemos decorarla como prefiramos: zanahoria, pepinillos, aceitunas, huevo cocido, unas hojitas de menta... sea con lo que sea queda muy bonito.


¡Y ya está listo para probarlo!

Os recomiendo cortarlo con un cuchillo para pan, se corta muy fácilmente.

Si queremos que los trozos se mantengan de pie, deben de ser al menos de un grosor de unos 3cm.
Para servirlos tumbados, pueden ser mucho más finos.
Sea como sea, queda muy bonito y sobre todo riquísimo con muy poco trabajo... no se le puede pedir más a una receta.

Como siempre, la última foto, "la del bocado". 

Os invito a probarlo, nunca falla.


lunes, 25 de julio de 2011

TRIFLE DE CEREZAS


Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de julio nos invita a preparar un postre clásico británico: trifle.
Supongo que a muchos también os pasará, cada vez que veo un trifle me acuerdo de un capítulo de Friends en el que Rachel preparaba uno para sus amigos.
Iba siguiendo la receta por un libro de cocina, y por un error al pasar la página ponía una capa de ternera estofada con cebolla guisantes entre las capas de mermelada, crema, nata y soletillas. 
Imaginaos lo "bueno" que podía estar aquello.
Además de los errores propios hay que aprender de los ajenos, así que puse mucho empeño en no poner ninguna capa "extraña" ;-)

Este es un postre bastante elaborado, hay que preprar con antelación al montaje el bizcocho y las natillas,  y luego preparar la fruta y montar la nata cuando vayamos a montarlo.

Pero como suele pasar en estos postres en los que tenemos que trabajar un poco más de lo normal, merece totalmente la pena.
Lo que tiene de bueno es que le viene genial un día de reposo una vez montado, así que podemos hacerlo con antelación para un día especial (es típico de Navidad) o que por lo que sea no tengamos mucho tiempo de cocinar.

El trifle es super vistoso, siempre se hace en recipientes transparentes para poder ver bien todas las capas de distintos colores: bizcocho, natillas, fruta y nata montada.
Es que con esos ingredientes no podía salir mal, está claro.
Podemos ponerle cualquier fruta, en este caso le puse unas picotas deshuesadas, hay que aprovecharse de ellas mientras aún las encontramos en el mercado.
También podemos añadir gelatina, pero a mi me pareció que podía quedar mejor sin ella, tengo que probar otro día si cambia mucho el resultado final.

Con estas cantidades sale un trifle bastante grande, para 10-12 personas.
Ingredientes:
Capa de bizcocho:
- 3 huevos L
- 1 yogur natural
- 1 vasito (utilizaremos el del yogur como medidor) de aceite de girasol
- 2 vasitos de azúcar
- 1 vasito de almendra molida
- 2 vasitos de harina de trigo normal
- 1 sobre de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal
- ralladura de limón al gusto
Para calar: almíbar

Capa de natillas:
-250 ml de nata para montar
- 850 ml de leche entera
- 250 gr de azúcar
- 6-8 yemas de huevo (115 gr)
- 80 gr de harina fina de maíz (tipo maizena)
- para aromatizar: vainilla, limón, canela,...
Capa de fruta:
- cerezas y melocotones en almíbar
Capa de nata montada:
- 500 ml de nata para montar
- 3 cucharadas soperas de azúcar
- estabilizante para nata (opcional)
Para decorar: cacao, fruta, chocolate,...


Empezaremos haciendo el bizcocho. Como os habréis dado cuenta, es el típico bizcocho de yogur en el que sustituímos un vasito de harina por uno de almendra molida.
Me encanta la textura de este bizcocho, es uno de mis favoritos... y encima súper rápido de hacer!
En un bol batimos bien los huevos.
Añadimos el yogur, y seguimos batiendo.

Batiremos siempre entre cada ingrediente que añadamos. Lo haremos en este orden: 1 vasito de aceite, 2 de azúcar, 1 de almendra molida y al final  2 de harina de trigo mezclada con la levadura química y la pizca de sal.

Podemos ponerle también (yo siempre lo hago así) ralladura de limón, le queda genial.

Vertemos la masa en un molde enharinado, y lo metemos al horno a 180º unos 30-40 minutos, hasta que al pincharlo con un palillo éste salga limpio.

Lo ideal es hacer el bizcocho en un molde lo más parecido de tamaño (siempre un poco más grande) al recipiente donde vayamos a montar el trifle, para aprovecharlo al máximo y no tener demasiados recortes sobrantes.

Una vez esté frío, lo cortamos en dos discos que encajen en el molde donde vayamos a presentar el trifle.

Mientras se hornea el bizcocho, podemos hacer las natillas.
Utilicé la receta de crema pastelera de Paco Torreblanca (que ya publiqué en varias ocasiones), pero añadiendo un poco más de leche para que estuviesen más líquidas que la crema.

Me sobró bastante cantidad, con 2/3 hubiese llegado perfectamente.
Ponemos a calentar en un cazo la leche con la nata y la mitad del azúcar.
Si le vamos a añadir piel de limón, una vaina de vainilla, o una rama de canela, este es el momento.
En otro cazo (más grande) batimos bien las yemas.
Añadimos la otra mitad del azúcar, y removemos.

Por último, mezclaremos también con las yemas la harina refinada de maíz, los 80 gramos.
Cuando la primera mezcla (la de leche) esté caliente, la retiramos del fuego y ponemos a calentar suavemente la mezcla de yemas.
Es importante no dejar de remover, y que el fuego no esté muy vivo para que no se formen grumos.
En cuanto empiece a espesar, añadimos la leche poco a poco,  sin dejar de remover.

Os aconsejo colarla, aunque si no le ponemos nada para aromatizar no es necesario.
Como las dos partes están calientes, las natillas enseguida empiezan a espesar.  Es fundamental lo de no parar de remover, para que no se peguen al fondo.
Cuando veamos que han espesado suficiente, las retiramos del fuego.

Las vertemos en un bol o un tupper, y las cubrimos con papel film, tocando la superficie de las natillas, para que no se forme costra cuando enfríen.
Quedan súper finas, me encanta esta receta.

Como os decía en la introducción, de fruta le puse cerezas y melocotones en almíbar.
En principio iban a ser sólo cerezas, pero cuando lo estaba montando me di cuenta de que no había hecho almíbar para calar el bizcocho, así que abrí una mini lata de melocotones, y mezclé el que traen con un chorrito de cointreau. Hay solución para todo!
Las cerezas las deshuesé con la camisa de un boli bic, de los de toda la vida.
Sacamos la parte que lleva la tinta y la punta de metal, y nos quedamos sólo con la de plástico.
Con una mano cogemos una cereza, y con la otra empujamos con la camisa del boli.
Yo lo hago por la marca del rabito, los huesos salen super bien, sobre todo si están bien maduritas.
Estas picotas que compré eran perfectas para hacerlo, estaban bien maduras pero la carne era muy firme. Casi no se deshicieron nada.

En cuanto a la nata, no tiene ningún secreto: simplemente hay que tener en cuenta que tanto la nata como los utensilios tienen que estar bien fríos.
Ponemos la nata en un bol, y empezamos a batir. Cuando empiece a coger cuerpo, añadimos el azúcar y el estabilizante (si le ponemos). 

Reservamos en la nevera hasta el momento de utilizarla, aunque sean sólo unos minutos, con este calor enseguida se "viene abajo".

El trifle suele montarse en una especie de molde-copa gigante... quedan preciosos, me encantan.
Cuando tenga una cocina un poco más grande que esta, quiero  necesito tener uno.
Eso y una base para tartas con peana alta y tapa de cristal... ¡me rechiflan! 
Lo haremos cuando todos los ingredientes estén bien fríos, si el bizcocho y las natillas no lo están estropearán el resultado final.
Empezaremos poniendo un disco de bizcocho, y lo calamos con almíbar.

Luego una capa generosa de natillas.
Luego una de fruta.
Por encima, nata montada.
Y repetimos las capas: bizcocho calado, natillas, fruta y nata montada, para rematar.
Podemos decorarlo con fruta, cacao espolvoreado, florituras de chocolate... lo que queramos!
Aunque la verdad es que no necesita nada de decoración, es espectacular en sí mismo.
Lo guardamos en la nevera y lo dejamos reposar al menos una noche, para que "coja cuerpo" y sea más fácil de servir.
Tengo una pequeña espinita clavada en cuanto a la decoración, me gustaría que las capas quedasen de colores más diferenciados (tal vez la solución sea que el bizcocho lleve algo de cacao).
Pero bueno, estoy muy contenta, eh? ¡No malinterpretéis mis palabras!
Es un postre complicado de servir, sobre todo las primeras porciones... como una tarta bien alta  y encajada en un molde... sólo nivel experto.
En cuanto al sabor, estaba perfecto. No le puedo poner ninguna pega.
Ya sabía que me iba a gustar, me encantan los 4 ingredientes que lleva, así que todos mezclados tenían que estar de muerte. Y lo estaban.
Quiero decir: y lo están! Aún queda un trocito en la nevera, este mes casi no llego a tiempo para cumplir mi compromiso dulce con el círculo.

sábado, 23 de julio de 2011

CROQUETAS DE JAMÓN, CHAMPIÑONES Y CAMEMBERT


Este mes me he animado a participar en el evento HEMC #56.  Hemc es el acrónimo de "hecho en mi cocina", lo había leído un montón de veces en otros blogs pero no sabía qué significaba exactamente.
Tampoco sabía en qué consistía, y me han gustado mucho sus "bases".

Para los que no lo conozcais, os resumo rápidamente: cada mes un anfitrión propone un tema, y todo aquel que quiera puede publicar una o dos recetas relacionadas. 

Este mes el tema escogido por Carmen son las croquetas. Pueden ser dulces, saladas, con bechamel, con patata,... en fin, como queramos con tal de que sean croquetas.

Podemos publicarlas hasta el día 25, así que si os animáis aún estáis a tiempo. ¡Rápido, a los fogones!

Carmen tiene un blog que me encanta, se llama  recetas de tía Alia. Además ella es un solete, os animo a daros una vuelta por su cocina y descubrir de dónde viene el nombre del blog. ¡Qué envidia me da!


Estuve pensando en varios ingredientes para hacer unas croquetas originales, pero al final me decidí por unas muy clásicas, de jamón serrano y champiñones (en este caso portobello, pero pueden ser normales), pero añadiéndole queso camembert, para que quedasen más cremosas.

Las croquetas me encantan, de hecho cuando vamos a comer con los amigos y pedimos unas raciones para compartir, yo siempre pido croquetas. Si son caseras, claro.

Pero tengo que reconocer que no me salen del todo bien. Yo lo intento, pero no les cojo el punto.

No quedan malas de sabor, pero tengo que seguir practicando la textura.

Creo que voy a hacer todas las recetas del recopilatorio hasta conseguir unas perfectas! Desde ahora hasta el 2012 comiendo croquetas 3 o 4 veces por semana! jajajaja

Por cierto, que es la primera vez que las tres recetas que aparecen en la portada del blog son saladas... ¡más de dos años para que esto ocurriese!

Con estas cantidades salen unas 18 croquetas medianas.

Ingredientes:
- una loncha gruesa de jamón serrano
- 3 champiñones portobello
- medio queso camembert pequeño
- 30 gr de mantequilla
- 50 gr de harina de trigo
- 50 gr de harina de maiz refinada (tipo maizena)
- 750 ml de leche entera
- 1/4 de cebolla mediana
- nuez moscada
- unas gotas de aceite de oliva
- sal

Empezaremos picando bien finos el jamón serrano y los champiñones.

Ponemos en una sartén grande o una olla unas gotas de aceite de oliva, y cuando esté caliente los agregamos.

Los pasamos durente unos minutos, y los retiramos y reservamos.

En la misma olla, ponemos la mantequilla a derretir.

Cuando esté caliente añadimos la cebolla muy finamente picada, y la dejamos pasar lentamente hasta que se vuelva transparente y esté blanda.


Añadimos los dos tipos de harina, y removemos para que se mezclen bien con la mantequilla y la cebolla.
Removemos contínuamente durante un par de minutos, para que la bechamel luego no tenga sabor a harina cruda.

Añadimos la leche caliente poco a poco, removiendo sin parar para que no se formen grumos. Este paso es muy importante.

Cuando hayamos puesto la leche (si queremos podemos reservar unos 100 ml por si no los necesitamos) añadimos el jamón y los champiñones que habíamos reservado al principio.

Añadimos también el medio queso camembert, y una pizca de nuez moscada.

Rectificamos de sal, por si necesita más que la que le añporta el jamón.

Según pasa el tiempo veremos como la bechamel va espesando.  Tenemos que seguir removiendo hasta que la masa se despega de las paredes de la olla o sartén, unos 8-10 minutos en mi caso.

Vertemos la masa en una manga pastelera o un bol (o donde solamos hacerlo normalmente) y dejamos que enfríe completamente.

Si queréis darle forma de croqueta típica, os aconsejo poner la masa en una manga pastelera sin boquilla, e ir haciendo "churros" de masa, para luego cortarlos de tamaño similar  y redondearlas con la forma clásica.

Y si os da igual la forma, os recomiendo hacerlas como yo, con forma cuadrada. Es súper rápido, simplemente tenemos que tener la precaución de poner la masa en un recipiente cuadrado o rectangular, y cuando esté bien firme, cortar las porciones con un cuchillo.

Para el rebozado, las pasé por huevo y pan rallado dos veces. Es decir: huevo, pan rallado, huevo y pan rallado otra vez.

Queda un rebozado muy crujiente y compacto, me gusta mucho hacerlo así.
La única pega es que va por libre, y se despega de la bechamel. 

Las freímos en abundante aceite de oliva a temperatura media, para que no se quemen por fuera y queden bien calientes por dentro, poniéndolas sobre un papel de cocina para eliminar el exceso de grasa.

Para acompañar las croquetas nada mejor que una buena ensalada, combinan a la perfección.

Aquí os dejo la foto de un "mordisco".

Carmen, muchas gracias por invitarme a participar, muy bueno el tema escogido!