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lunes, 13 de abril de 2015

BUNDT CAKE DE LIMÓN Y NATA


Hoy os traigo un bund cake rico rico, de esos que donde van triunfan. Y eso que no soy muy fan de los bizcochos hechos con aceite, pero este me ha conquistado totalmente.

Para el que no esté al tanto, lo de bundt cake es por el molde en el que está hecho, pero vamos, que no deja de ser un bizcocho que podemos hacer donde queramos. Que no os eche para atrás el no tener el molde, seguro que queda genial igualmente.

La receta es una adaptación de Alma de una receta de Martha Stewart. La de Martha lleva mantequilla, tengo que probar a hacerla, si la adaptación me ha encantado seguro que la original no se queda atrás.

Lo que cambié un poco fue el glaseado, le añadí zumo de limón, para que redondease aún más el conjunto.

El bizcocho es super jugoso y muy sabroso, la verdad es que no le haría falta el glaseado, si nos sois muy fans que sepáis que no lo necesita para nada.

Aunque sí que le da un toque más festivo, lo "viste" más. Y está muy bueno, eh? No me entendáis mal!

Sin glaseado para el desayuno, y con glaseado para la merienda... ¡perfecto!


En principio había buscado una receta que llevase mantequilla y leche de mantequilla (que se consiguen batiendo nata hasta que se corte y se separe el suero), pero resulta que desde hace una temporadita muchas natas traen incorporado estabilizante, y después de tirar dos veces medio litro de nata me di por vencida y tuve que cambiar de receta.
No había forma de que se cortase "decentemente", si es que hay una forma decente de que se corte.

Las tres marcas que pude conseguir, tenían las tres estabilizante, no me lo podía creer. Con lo difícil que era hace unos años conseguir el estabilizante para nata, y ahora ya estamos estabilizados queramos o no.
Espero encontrar nata sin estabilizante para hacer la tarta red velvet... ¡si no estoy perdida!

Ingredientes:

Para el bizcocho:
- 250 ml de aceite de girasol
- 500 g de azúcar blanquilla
- 6 huevos
- 500 g de harina de trigo
- una cucharadita de bicarbonato
- el zumo de un limón mediano
- la ralladura de un limón mediano
- 250 ml de nata para montar

Para el glaseado:
- 300g de azúcar glas
- dos cucharadas de zumo de limón
- un chorrito de nata líquida


Empezaremos mezclando la nata con el zumo de limón, para hacer una especie de crema ácida. Le da un toque genial al bizcocho.
Reservamos.

En las recetas que llevan bicarbonato como impulsor es importante tener el molde preparado antes de hacer la masa del bizcocho, ya que el bicarbonato empieza a funcionar en cuanto se humedece, no con el calor como la levadura química.
Cuanto menos espere para entrar al horno, mejor.

Engrasamos bien el molde y lo reservamos. Yo suelo hacerlo con mantequilla fundida pincelada bien por toda la superficie del molde, evitando que escurra al fondo.


Para la masa, empezaremos batiendo el aceite de girasol (podéis usar uno de oliva suave también si lo preferís) con el azúcar.

Luego añadimos los huevos y volvemos a batir hasta que estén perfectamente integrados, que no queden partes sin mezclar.

Agregamos la mitad de la harina y el bicarbonato tamizados. Mezclamos.

Añadimos la mitad de la nata con el zumo de limón. Tendrá grumitos, no os asustéis, es normal. Mezclamos.

Incorporamos la segunda mitad de la harina y  el bicarbonato (importantísimo  lo de tamizarlos). Seguimos mezclando.

Y finalmente, el resto de la nata con zumo de limón y la ralladura de limón. Mezclamos bien, para que la ralladura se reparta por toda la masa.


Vertemos sobre nuestro molde, damos unos golpes sobre la encimera (poniendo un paño en medio de protección) para que la masa se reparta bien por todas las aristas, y lo introducimos en el horno precalentado a 180ºC.

Tardará unos 45- 55 minutos, dependiendo de nuestro horno y del tipo de molde.
Cuando el palillo salga limpio, es que está perfecto. Lo sacamos del horno y lo dejamos sobre una rejilla.

Para desmoldar, dejamos que repose unos minutos. En algún blog he visto que hay que esperar 10 minutos de reloj para desmoldar, en otros 15 minutos... yo os voy a decir cómo lo hago, ya que la temperatura donde esté hará que haya que esperar más o menos.

Suelo esperar unos 10 minutos, y luego compruebo a ver si los bordes se han separado un poco del molde. Si no se han separado, por mucho que lo intentemos el bizcocho no va a salir entero.

Cuando se hayan separado, con unos paños cogemos el molde por las asas y meneamos bien, hasta que veamos que se va separando del todo.
Volcamos sobre una rejilla, alucinamos con lo perfecto que queda, y dejamos que enfríe del todo.


Cuando esté a temperatura ambiente, podremos ponerle el glaseado.

Como os decía modifiqué un poco el glaseado, para que tuviese también un toque de limón, y no se hiciese muy empalagoso.

Tamizamos el azúcar glas, y le añadimos un par de cucharadas de zumo de limón (si es exprimido, hay que pasarlo por un colador fino, para que no se cuele nada de pulpa ni por supuesto semillas).
Luego añadimos nata poco a poco, removiendo bien, hasta que tenga una consistencia que nos guste.

Vertemos sobre nuestro bizcocho y luego si queremos añadimos unas bolitas de colores, confeti comestible, fideos, o la decoración que más nos guste.
Con estas bolitas (non pareils) y el confeti me parece que quedó genial, muy festivo.

Como os decía al principio es un bizcocho muy jugoso y rico, en casa tuvo mucho éxito. Creo que en el corte se puede apreciar la textura, sin duda lo repetiré.

Os animo a probarlo, se tarda más en leer esta tocho-entrada que en hacerlo.



viernes, 18 de julio de 2014

BRAZO DE MASCARPONE Y FRESAS



Bizcocho, fresas, nata y mascarpone... no se le puede pedir más a la vida. Bueno, sí, un poco de dulce de leche. mmmmmm. Espectacular.
El postre es muy sencillo, pero de los que a mi me gustan, de los de salir por la puerta grande.

Se llama sólo brazo aunque podría llamarse brazo "albino" de mascarpone y fresas...jajaja! ¡Qué paliducho el amigo! Y es que menuda diferencia de hacer este bizcocho con huevos caseros a con huevos comprados (y cutres, he de reconocer, no quiero meterlos a todos en el mismo saco).

Es la misma receta que utilicé para este tronco de navidad, mirad la diferencia de color.  Eso sí, rico está a rabiar.


Hacía tiempo que no había hecho nada de repostería (estoy muy vaga en la cocina últimamente, esto va por temporadas), pero hoy estaba inspirada y me he animado a hacer un postre especial para el fin de semana.  Que no pasará de hoy, pero  vamos a considerarlo ya fin de semana.

Y como estaba no sólo inspirada, sino super inspirada, lo publico ya hoy mismo... ¡estoy que me salgo!

Con las cantidades que os pongo sale un brazo pequeño, para 4-5 personas. 

Ingredientes:
Para el bizcocho:
- 2 huevos
- 60 g de azúcar glas
- 60 g de harina de trigo
- una pizca de bicarbonato
- una pizca de sal

Para el relleno:
- 125 g de mascarpone
- 200 g de nata para montar
- 40 g de azúcar
- fresas al gusto

Para decorar:
- dulce de leche
- crema de mascarpone
- fresas

Empezaremos haciendo el bizcocho. Con esta cantidad sale uno pequeño (una plancha de 23x33 cm).

Como casi siempre, para el bizcocho tendremos los ingredientes a temperatura ambiente.
Separamos las claras de las yemas, y empezamos a montar las claras con una pizca de sal. Puede hacerse con unas varillas a mano o con varillas eléctricas, que es mucho más cómodo.

Cuando empiecen a burbujear vamos añadiendo el azúcar glas tamizado cucharada a cucharada, hasta que lo hayamos introducido todo y seguimos batiendo hasta formar un merengue firme y que forme picos.

Batimos bien las yemas, y las introducimos poco a poco en el merengue, mezclando suavemente con una lengua de silicona.

Luego vamos añadiendo poco a poco la harina tamizada, que previamente habremos mezclado con una pizca de bicarbonato.

Cuando esté totalmente integrada,  quedará una masa super suave y muy ligera.


Forramos con papel de hornear y vertemos sobre un molde especial para planchas de bizcocho o sobre una bandeja de horno totalmente plana.
Alisamos bien la superficie, para que luego todo el bizcocho tenga el mismo espesor.

Introducimos en el horno precalentado a 180ºC, en unos 5-6 minutos estará listo.

Sacamos del horno, y rápidamente enrollamos el bizcocho sin retirar el papel para que se enfríe así y mantenga la forma curvada.  Reservamos.


Lavamos las fresas y las picamos en trozos pequeños. Añadimos una cucharada de azúcar, removemos bien, y dejamos durante una hora más o menos, para que suelten la mayor cantidad de zumo posible.

Para hacer la crema de mascaspone, empezaremos montando la nata (que esté bien fría).

En un bol aparte mezclamos el mascarpone con el azúcar, y luego añadimos a la nata montada. Mezclamos todo con cuidado para que la nata no se baje.

Con los 40 gramos que os pongo queda una crema no demasiado dulce. A mi particularmente me gusta la nata montada con poco azúcar, así que decidí ponerle poco también a esta crema.
Probadla al hacerla, y si queréis más, añadís más y listo.

Reservamos en el frigorífico, congerá bastante consistencia al enfriarse.


Para montar el brazo empezaremos desenrollando el rulo de bizcocho y quitando el papel de hornear. Sale muy fácilmente, con la humedad prácticamente se cae solo.

Extendemos la crema de mascarpone (ojo, sin llegar al borde, que luego si no al enrollarlo se sale) y por encima ponemos las fresas que habremos escurrido previamente. 

Unos hilillos de dulce de leche seguro que le vienen genial también aquí, se me ocurrió tarde, cuando ya lo había enrollado.

Podemos ponerle también virutas de chocolate, frutos secos picados,... lo que queramos.

Enrollamos con cuidado, y ponemos sobre un plato o una bandeja.

Decoramos como queramos, o simplemente lo dejamos así, queda muy bonito también.

Yo le puse unos hilos de dulce de leche, e hice unos moñitos con un poco de crema de mascarpone que había reservado para hacerlos. Unas fresitas coronando... y tachaaaaaannnn! Postre listo.

Podemos espolvorear con azúcar glas, cacao, cubrir con nata, ganache de chocolate... lo que se nos ocurra, cualquier cosa que hagamos quedará genial.


Sin duda repetiré este postre, se hace en un periquete y está super bueno.

Ahora mientras redactaba se me acaba de ocurrir que si hubiese triturado un plátano en la crema de mascarpone quedaría impresionate. La próxima vez lo haré así.
Que si la fresa me gusta, la fresa mezclada con plátano ya es lo máximo.

Os animo a hacer esta receta, no le tengáis miedo, que es muy sencilla.

¡Un saludo y gracias por visitarme!


martes, 10 de junio de 2014

MUFFINS DE CHOCOLATE


¡A los ricos muffins! Y es que no pueden ser más fáciles y estar más buenos.

Es la segunda vez que hago esta receta... la primera he de confesar que estaba al teléfono con mi madre mientras la hacía y se me olvidó añadir el azúcar... ¡menudo fallo!
Aún así los comimos, partiéndolos a la mitad y rellenándolos de nocilla o dulce de leche. Y no estaban nada mal, se les notaba algo raro pero si no sabías lo del azúcar era difícil caer.

Esta vez no había nada de qué hablar con mamá, así que los muffins quedaron perfectos.


La receta se la copié a mi querida Patt, la tenéis aquí. Ella a su vez se la copió a Clemenvilla, pinchad aquí para verla.
En su época (hace ya más de 5 años que Clemenvilla publicó esta receta, cómo pasa el tiempo en esto de los muffins) causaron furor, y la verdad es que no es para menos.

Con unos ingredientes básicos y 5 minutos de nuestro tiempo, tenemos unos estupendos muffins caseros para chuparse los dedos.

Con estos ingredientes me salieron 11 como los de las fotos.

Ingredientes:
- 250 g de harina de trigo
- 1/2 sobre de impulsor químico (tipo Royal)
- 175 g de azúcar
- 30 g de cacao puro en polvo
- 1 pizca de sal
- 150 g de chocolate de cobertura
- 75 g de mantequilla
- 250 ml de leche
- 2 huevos
- vainilla en pasta (opcional)



Lo que diferencia a los muffins de magdalenas y cupcakes es que los ingredientes se mezclan de una forma particular: por una parte se mezclan los ingredientes sólidos, y por otra los líquidos.
Luego se mezclan ambos, sin remover demasiado, lo que les da un aspecto rústico y cuarteado que a mi particularmente me encanta.

Así que en un bol grande (al final todos los ingredientes acabarán en este bol) mezclamos la harina tamizada, el impulsor, el azúcar, el cacao y la pizca de sal. Reservamos.

Fundimos el chocolate y le añadimos la mantequilla en pomada en dos veces, integrando bien ambos ingredientes cada vez.


En otro bol batimos la leche, los huevos, y la vainilla en pasta (o esencia), si le ponemos.  Podemos hacerlo con varillas de mano o con una batidora, como no es mucha cantidad se hace enseguida.

Añadimos esta última mezcla a los ingredientes secos, y mezclamos sin  mucho cuidado.
Luego añadimos el chocolate y la mantequilla fundidos, y volvemos a mezclar toda la masa.

Repartimos en los moldes que vayamos a usar, llenándolos hasta 3/4 de la altura total, y metemos al horno precalentado a 180ºC, unos 15-20 minutos, dependiendo de la forma y tamaño del molde que utilicemos.


Para asegurarnos de que están listos (una vez pasados 15 minutos sin abrir la puerta del horno), abriremos el horno y pincharemos con un palillo, y si sale limpio, es que están. Si sale manchado de masa, un par de minutos más y volvemos a probar.

Estos moldes que he utilizado son especiales para muffins, y no es necesario ponerlos en ninguna bandeja especial para que mantengan la forma.
Son muy cómodos, y además como son muy bonitos (ya lo digo yo todo), dignifican mucho a estos en principio feúchos muffins.


Quedan muy blanditos y super ricos, creo que se llevan la palma en la relación esfuerzo-resultado.
Lo que más me gusta es ese cuarteado de la parte superior...mmm... rico riquísimo.

Si queréis podéis decorarlos con un poco de chocolate fundido y sprinkles, nata montada, o lo que se os ocurra.
Yo esta vez los dejé tal cual, no necesitan nada más para ser perfectos.

Son perfectos para una merienda o un desayuno especial... o para lo que sea, ¡un muffin siempre viene bien!  Probadlos, que están buenísimos.

Es que los estoy viendo ahora en las fotos (hace ya unos meses que los preparé) y me dan ganas de comerme dos a la vez, tipo triki, tirando migas a los lados y masticando a toda mandíbula.

Borrad esta imagen de vuestra mente, por favor.

Ahora imaginadme comiéndolos con boquita de pitiminí y colibrís revoloteando a mi alrededor. Así, sí. ;)


viernes, 8 de noviembre de 2013

BUNDT CAKE MARMOLADO DE CALABAZA Y CACAO


Hoy os traigo otra receta totalmente de temporada: un bundt cake de calabaza y cacao.

La receta es de mi amiga Pam, de Uno de Dos. Ella los hizo todavía más bonitos en versión mini y con pepitas de chocolate, en vez del marmolado. Impresionantes.

Para los que aún no estéis enterados, se presentan a los premios Bitácoras en dos categorías: como mejor blog gastronómico y como mejor blog personal. Os animos a visitar su blog y si os gusta darle vuestro voto, se lo merecen. Es super sencillo, no lleva ni un minuto y entre todos podemos devolverles parte de esos momentos de placer que nos dan día a día. Además se puede votar a 5 blogs en cada categoría.
También podéis hacerlo directamente pinchando aquí.


Volviendo a los mini bundts, cuanto los vi supe que los iba a hacer, fue un amor a primera vista.

Así que aprovechando que este fin de semana fuimos a pasar unos días al pueblo, le pedí con todo el morro una calabaza a mis queridos primis... ¡y a falta de una, me dieron dos! ¡Tenemos calabaza para probar un montón de recetas!

Sienta mejor que te den calabazas cuando las pides que cuando te las dan por sorpresa, he podido comprobar.

Por supuesto no es imprescindible utilizar el molde original, pero os puedo asegurar que se nota muchísimo la diferencia.
Queda super homogéneo, y la superficie muy blandita y jugosa. ¡No más bordes resecos en mi vida, gracias!
Como os decía en el bundt de piña colada, este molde vale lo que cuesta. Incluso más.

Pam hizo la receta con 3 huevos, pero yo multipliqué los ingredientes para utilizar 5, para que se ajustase al tamaño del molde.

Queda un bizcocho buenísimo, muy jugoso gracias a la calabaza y con un color impresionante. Sin duda lo repetiré, nos ha gustado mucho.

Ingredientes:
- 300 g de mantequilla
- 330 g de azúcar blanquilla
- 5 huevos
- 300 g de puré de calabaza
- 275 g de harina de trigo
- 1 sobre de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal
- 30 g de cacao en polvo
-opcional: una pizca de vainilla

Para el glaseado:
- 50 g de queso de untar
- 100 g de azúcar glas
- unas gotas de zumo de limón


La preparación es similar a todos los bundts, y como siempre, es importante que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente.
Como a la mantequilla ahora en invierno le cuesta bastante ablandar, os recomiendo cortarla en daditos, cuanto más pequeños mejor, para que lo haga antes.

Lo primero que debemos hacer es preparar el puré de calabaza.
Podemos hacerla asada o cocida al vapor. Yo la pelé, la piqué en gajos y la cocí al vapor en la olla exprés. Como no tenía ni idea de cuanto tardaría le puse 25 minutos y quedó bien blandita, perfecta para puré.
Trituramos y reservamos hasta que enfríe.

Hay que tener en cuenta que pierde bastante agua, para conseguir los 300 gramos que utilicé, puse unos 500 a cocer.


En un bol grande, batimos bien la mantequilla con el azúcar, hasta formar una crema blanquecina muy suave.

Añadimos los huevos 1 a 1, integrande bien el primero antes de añadir el segundo. Así hasta que hayamos añadido los 5.

Hasta este paso yo lo hago con batidora de varillas, y a partir de aquí sigo mezclando con una lengua de silicona o una espátula de madera.

Lo siguiente será el puré de calabaza y la pizca de sal, que realzará el sabor de nuestro bizcocho.

Si decidimos ponerle vainilla, este es el momento. Yo le puse un pelín de vainilla en pasta, muy poquita, me encanta el toque que le da a los bizcochos, sobre todo a los de cacao o chocolate.

Por último, añadimos la harina tamizada mezclada con la levadura química.


Dividimos la masa en dos partes más o menos iguales, y a una de ellas le añadimos 30 gramos de cacao en polvo y un par de cucharadas de leche, para que no quede la más más densa que la de sólo calabaza.

Engrasamos un poco el molde (yo le pongo una gota de aceite de girasol y la reparto con un trozo de papel de cocina por toda la superficie) y vamos poniendo capas alternativas de las dos masas.
Puse primero la mitad de calabaza, luego cacao, otra vez calabaza y por último cacao.
Con un tenedor o una cuchara removemos un poco la masa, para que se mezclen y hacer el efecto marmolado.

Introducimos en el horno precalentado a 180ºC, y horneamos unos 45 minutos, hasta que al introducir un pincho éste salga limpio.


Sacamos del horno y lo dejamos en el molde durante 10 minutos.
Pasado este tiempo, veremos como los bordes han empezado a separarse del molde.

Cogemos por las asas (cuidadito con quemarse) y agitamos arriba y abajo, y también lateralmente, para que termine de separarse del molde.
Cuando veamos que ya está totalmente despegado, le damos la vuelta sobre una rejilla y dejamos hasta que se enfríe del todo.

Esto si lo hacemos en un molde de bundt cake, si no, os recomiendo dejarlo en el molde hasta que enfríe, ya que si lo movemos tenemos muchas posibilidades de que se agriete el bizcocho.


Para hacer el glaseado, mezclaremos en una taza o bol pequeño el queso de untar con el azúcar glas, hasta que no quede ningún trocito de queso visible.

Añadimos unas gotas de zumo de limón (de naranja seguro que también le hubiesen quedado muy bien) y mezclamos.
Añadiremos zumo hasta que esté a nuestro gusto, pero con cuidado, que enseguida se vuelve líquido.

Lo vertemos sobre nuestro bizcocho, con una cuchara o si preferís con una manga pastelera, para que queden los hilillos más iguales.

En las fotos no se aprecia porque las saqué al momento, pero cuando seque la glasa seguirá blanda aunque con una especie de corteza crujiente que se cuartea al cortar el bizcocho.
Muy profesional, como decía mi tocayo Manquiña.

Podéis también ponerle una cobertura de chocolate como a los originales de Pam, si sois muy chocolateros.


Como lleva bastante calabaza, queda un bizcocho muy húmedo y jugoso. Pero nada denso, queda esponjoso... muy interesante, la verdad.

Y quizás lo más llamativo es el contraste de color, la parte que lleva sólo calabaza queda con un color intenso y precioso. Más que apetecible.

Se conserva muy bien unos cuantos días gracias a la humedad que tiene... seguro que más de los que dura en casa.


Según mi cuñado, está muy muy muy muy bueno. De los mejores que he hecho hasta ahora. Así que si no os fiáis de mi palabra hacedle caso a él, que tiene muy buen gusto... ¡al menos escogiendo cuñadas! jajajaj!



miércoles, 31 de julio de 2013

TARTA MONSTRUO (CELEBRACIÓN)


Pues sí... ¡estos días estamos de celebración! ¡1.000.000 de visitas! Y como digo siempre, cualquier ocasión es buena para meterse en la cocina, así que este milloncejo había que celebrarlo con una tarta sí o sí.

Hace cuatro años, unos pocos días después de que naciese este blog, el de La Casita Verde de Alegna celebraba 2.000.000 de visitas con unos cupcakes de fresa.
Por aquel entonces los cupcakes eran super novedad, y me gustó mucho la forma de presentarlos con los numeritos encima y el spray rosa (que era casi ciencia ficción en el 2009).
Por no hablar de lo increíble que me parecía llegar a tener 2.000.000 de visitas.

Es una entrada que se me quedó grabada, de esas que después de ver miles y miles de recetas sigues recordando.  Además, a modo de cuento de la lechera, pensé: cuando cumpla 1.000.000 lo celebro yo también.

¡Y ni cuento de la lechera ni leches, el día ha llegado! Estuve muy tentada a hacer lo mismo, a modo de pequeño homenaje a ese gran blog que nos sirvió de inspiración a tantos blogueros, pero creo que lo voy a dejar para (si algún día llegan) los 2.000.000.

Después de barajar varias opciones, me decidí por esta tarta, que tenía muchísimas ganas de hacer para una ocasión especial como esta.
La inspiración como (casi) siempre: las imágenes de google. Poniendo monster cake salen un montón chulísimas, de todas las formas y colores.

Hice un bizcocho muy pequeñito (de 15 cm de diámetro y 6 de alto), pero podéis hacerla con vuestra receta favorita de  bizcocho y de cualquier tamaño.

Incluso hay algunas de 2 pisos, quedan genial también, con un monstruíllo sobre otro.

Ingredientes:
Para el bizcocho:
- 2 huevos
- su mismo peso en mantequilla
- su mismo peso en azúcar
- su mismo peso en harina de trigo
- una cucharada de moka de levadura química (tipo Royal)
- vainilla en pasta (opcional)

Para rellenar:
- salsa de frambuesa (o mermelada)
- almíbar para calar

Para la crema de mantequilla:
- 250 g de mantequilla
- 325 g de azúcar glas
- colorante alimentario
- vainilla en pasta o cualquier aroma alimentario

Para decorar:
- palitos de chupa chups o bizcobolas
- bolas de chicle
- fondant (blanco y negro)

Empezaremos haciendo el bizcocho. Esta es una receta de un clásico bizcocho cuatro cuartos, siguiendo los pasos del 1080 Recetas de Cocina de Simone Ortega.
Este bizcocho es un poco compacto para mi gusto, pero tiene un punto a su favor enorme: podemos hacerlo muy fácilmente de cualquier tamaño.
Como hay que pesar los huevos (yo lo hago una vez cascados) y luego añadir del resto de ingredientes principales la misma cantidad, puede hacerse de 1 huevo o de 2 docenas. Siempre queda bien.

Es importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente, para que se mezlcen bien y el bizcocho quede homogéneo.

Separaremos las yemas de las claras, y montaremos estas últimas.
Cuando estén bien firmes, añadimos las yemas batidas.
Luego la mantequilla (importante la temperatura, si está fría no se mezclará y luego quedarán huecos en el bizcocho), el azúcar,  la vainilla (si le ponemos) y por último la harina tamizada con la levadura.

Removeremos entre cada ingrediente muy suavemente, para evitar que se pierda el aire de las claras.

Vertemos la mezcla en un molde engrasado, y lo llevamos al horno precalentado a 180ºC.
El mío tardó unos 35 minutos, aunque como siempre os digo cada horno es un mundo.

Para comprobar si está, haremos la prueba del palillo (pinchamos en el centro y el palillo tiene que salir limpio, sin restos de masa cruda).
Cuando esté listo, lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar sobre una rejilla.

Cuando el bizcocho haya enfriado del todo, podemos partirlo a la mitad y rellenarlo con lo que más nos guste.
Yo en principio no iba a rellenarlo, pero al final me pareció demasiado alto como para ir entero y tuve que improvisar: un almíbar ligero (1/3 de agua, 1/3 de ron y 1/3 de azúcar al fuego durante unos 10 minutos) y una capa de salsa de frambuesa (valdría también mermelada, nutella, crema de mantequilla... cualquier cosa rica rica).


Para la crema de mantequilla (también conocida como buttercream) puse la mantequilla y el azúcar glas unos 6-7 minutos en un robot de cocina con una varilla globo, pero se puede hacer con una  batidora con varilla o  incluso una de mano sin problema.
Eso sí, otra vez importante que la mantequilla esté blandita, si no no se mezclará con el azúcar.

Cuando veamos que la mezcla está muy suave y cremosa, podemos añadir nuestro aroma y colorantes al gusto.
Yo le puse aroma de arándano (que me encanta, todo un descubrimiento) y colorantes naranja y rojo.

Con estas cantidades que os pongo sobra bastante para este tamaño de tarta, yo creo que serían perfectas para una de 3-4 huevos.

Como no estaba segura de si los "pelillos" taparían toda la tarta, primero le di una capita de crema de mantequilla al bizcocho.
Fina y sin pararme demasiado, simplemente para que entre los huecos de los pelos no se viese el color del bizcocho.  La verdad es que fue una buena idea, así luego pude hacer super rápido el acabado peludo, sin tener que ir rellenando toda la base.

Para hacer los pelos utilicé la boquilla 233 de Wilton, la que es especial para césped. La había comprado hace tiempo para hacer unos cupcakes de triki, que también quedan genial.

No hay más que poner la boquilla en la manga, rellenar con la crema de mantequilla e ir haciendo pequeñas matas de pelo, orientándolas en distintas direcciones para dar un acabado más natural.
Podemos si queremos también hacer un monstruíllo recién salido de la pelu,  si las orientamos todas hacia el mismo lado. Queda genial sea como sea.

Me sorprendió lo rápido que se hace este acabado, al principio iba con miedo porque no sabía como iba a quedar, pero una vez que ves lo bien que queda, avanzas a muchísima velocidad. Y lo bueno es que como es un acabado imperfecto, si por lo que sea tienes un fallo, retiras con un cuchillo o una espátula un trozo y vuelves a rellenarlo. No se notan nada los retoques.

Si véis que con el calor la crema de mantequilla está demasiado blanda y los pelos no quedan bien, la metéis unos minutos en la nevera y a seguir con el trabajo.


Para hacer los ojos utilicé unas bolas de chicle clavadas en palitos de bizcobola. Iba a hacerlos de fondant, pero luego se me ocurrió lo de los chicles y es mucho más cómodo (y rico).

Unas pupilas y unas pestañas de fondant negro, un reflejo en blanco, y nuestros ojos están listos.

Los clavamos como más nos guste en la tarta, de forma ordenada o a sentimiento, como prefieramos: lo hagamos como lo hagamos va a quedar genial.

Para la boca lo mismo: una sonrisa de fondant con las paletas bien marcadas, quedan muy simpáticas.

¡Y nuestra tartita monstruo está lista! Como podéis ver, es muy sencilla, y super vistosa. Además no hay más que verlo, es un monstruíllo de buen corazón: es un cacho de pan (o mejor dicho en este caso, un cacho de bizcocho).


Despues de toda la parrafada, quiero daros las gracias por cada una de vuestras visitas y comentarios.

Si hace 4 años (cuando estaba aún en pañales) me hubiesen preguntado por el futuro del blog, creo que ni me habría imaginaginado seguir publicando 4 años después, visitando asiduamente blogs de compañeros que han pasado a ser amigos y sobre todo ilusionarme cada vez que busco una nueva receta para probar y compartir.

Y todo es gracias a vosotros, cuando me mandáis una foto de vuestras obras de arte o cuando me decís que habéis probado tal o cual receta, es una inyección de fuerza que acumulo para cuando flaqueo (que los que tenéis un blog sabéis que pasa de vez en cuando).

Nada más por hoy, espero que dentro de unos añitos estemos aquí celebrando con unos cupcakes de fresa los 2.000.000 de visitas...¡y con la misma sonrisa! (pasaré lista, no faltéis).


miércoles, 26 de junio de 2013

BUNDT CAKE DE PIÑA COLADA


Las ganas que tenía yo de tener un molde de bundt cake... y por fin es mío. Me costó decidirme, varias veces estuve a punto de comprarlo, y este año por mi cumple me lancé.
Siempre me asaltaban las mismas dudas: si merecería la pena el precio, si lo iba a utilizar tanto como para comprármelo, si realmente se notaría tanto la diferencia de calidad... y la respuesta es claramente sí.
Estos moldes valen lo que cuestan.  Para los que no los conozcais, os dejo aquí el enlace a su página web.
Desde hace un par de años son bastante fáciles de encontrar en España en tiendas físicas y virtuales.

Este fue el primer bizcocho que hice en él, imaginaos mi cara de alegría al desmoldar y que quedase así de bien.

La receta es una adaptación de esta de Bea de chips de chocolate y bourbon, simplemente cambiando algunos de los ingredientes.

Ingredientes:
- 250g de mantequilla
- 300g de azúcar
- 5 huevos
- 420g de harina
- 1/4 cucharadita de bicarbonato sódico
- una pizca de sal
- 60g de coco molido
- 200 ml suero de mantequilla (buttermilk)
- 40 ml zumo de piña
- 45 ml de ron
- 170g de piña triturada
- una pizca de vainilla (opcional)


Como os decía en la entrada de la tarta Red Velvet, últimamente me ha dado por los bizcochos con suero de mantequilla. Me encanta la textura que se consigue al utilizarlo.
Si no lo conseguís en el supermercado, podéis hacerlo casero. Simplemente hay que montar nata líquida (en este caso utilicé medio litro, utilicé toda la mantequilla y me sobró un poco de suero) y batirla hasta que se corte y se separen por completo el la mantequilla y el suero.


En un bol tamizamos la harina, el bicarbonato y la sal. Añadimos el coco rallado, mezclamos y reservamos.

En una jarra o cuenco, mezclamos el suero de mantequilla, el zumo de piña, el ron, la piña triturada y la vainilla. Reservamos.

En otro bol batimos la mantequilla (ha de estar a temperatura ambiente) con el azúcar. Yo utilicé blanquilla, pero seguro que el moreno también le queda muy bien a este bizcocho.
Debemos batir hasta que haya espumado y la mezcla se vuelva blanquecina.

Añadiremos los huevos uno a uno (ligeramente batidos), mezclando bien antes de incorporar el siguiente.
Es importante que la mezcla no se baje, ya que si perdemos el aire el bizcocho quedará demasiado compacto.


Una vez estén bien mezclados estos tres ingredientes, añadiremos (batiendo a velocidad baja o con una espátula) un tercio de la mezcla de harina y coco.
Luego la mitad de los ingredientes líquidos.
Otro tercio de la mezcla de sólidos.
El resto de los líquidos.
El resto de los sólidos.

Es decir, empezaremos y acabaremos por los ingredientes sólidos, intercalándolos con los líquidos.
Lo de un tercio y la mitad de ingredientes es a ojo, simplemente para repartirlos y que la mezcla tenga una buena densidad en todo momento, para que no esté muy líquida ni muy sólida y se pierdan las burbujas de aire que conseguimos con el batido.


Vertemos la mezcla en el molde de bundt cake, que habremos engrasado previamente.

Para hacerlo, yo vierto una pequeña cantidad de aceite de girasol en el fondo y con un trozo de papel de cocina lo reparto por toda la superficie del molde.
Siempre siguiendo la dirección que tiene que seguir el bizcocho para subir, es decir, de abajo a arriba.
Puede hacerse con un pincel también, pero a mi me no me gusta engrasar el molde demasiado, y este es el método con el que consigo dejarlo más limpio.

Para asegurarnos de que la mezcla se ha repartido bien por todas las ranuras, podemos pasar una espátula como recomienda Bea o dar unos golpes sobre la encimera protegida con un paño de cocina.

Horneamos a 170ºC (horno siempre precalentado) más o menos  una hora, hasta que al pinchar el bizcocho salga limpio.

Lo retiramos del horno, y dejamos reposar 10 minutos.

Pasados estos 10 minutos, le damos unos meneos al molde para que el bizcocho se separe por completo. Lo volteamos sobre una rejilla y dejamos que enfríe por completo.

Si todo ha ido bien, el bizcocho estará perfecto, con las aristas del molde muy bien marcadas y un color homogéneo y precioso.


¡Y nuestro bizcocho de piña colada está listo para disfrutarlo!

El resultado es un bizcocho muy sabroso, que aguanta genial el paso de los días, aún sin esmerarnos demasiado en protegerlo.
Se nota perfectamente la humedad de la piña, el aroma del ron y la textura del coco, a nosotros nos ha gustado mucho.

Sin duda lo repetiré, además de seguir experimentando con nuevas recetas para darle uso a mi preciado tesoro.



sábado, 23 de marzo de 2013

DECORACIONES (TRANSFERS) DE GLASA


¡Aquí está el post prometido! Desde que vi estos transfers en Mensaje en una Galleta, estaba deseando probar esta técnica de decoración.

Podemos usar estas decoraciones en un montón de cosas: galletas, bizcobolas, sobre una tarta, unas magdalenas (como yo hice), ... ¡sobre cualquier cosa!

Pdemos hacer lo que queramos: letras, números, dibujos,... cualquier forma y color.

Yo en este caso aproveché la glasa que me sobró de hacer unas galletas infantiles, y como los colores me parecían apropiados para decoraciones de pascua y se acercaban esas fechas decidí hacer unos conejitos, flores, huevos, lazos y unas mariposas, que nunca fallan.
Las utilicé para  decorar estas magdalenas de chocolate que os recomiendo probar, están muy muy buenas.

Os dejo aquí la receta de la glasa, con las galletas que publiqué el año pasado por estas fechas,  por si no tenéis ninguna de referencia.

Lo primero que tenemos que decidir es qué dibujos queremos hacer. Podemos inspirarnos en un papel de regalo, alguna ilustración que nos guste o como yo hice, directamente buscar en internet dibujos para colorear en páginas infantiles, hay un montón para descargarse libremente.

Los montamos en un folio y los imprimimos. Os recomiendo no ponerlos tan juntos como yo, algunos eran complicados de dibujar por estar muy cerca de los de al lado.

 
Debemos también tener a mano los sprinkles (fideos, bolitas, purpurinas,...) que queramos utilizar,  y unos palillos o espátulas pequeñitas para alisar la glasa. 
Cuando hacemos este tipo  de decoraciones es importante planificarnos y tener a mano todo lo que necesitemos, para no interrumpir el trabajo. 

Sobre el papel con nuestros dibujos pondremos una lámina de acetato transparente, y ya podemos empezar a divertirnos.
Yo prefiero no fijarlos entre ellos, ya que así puedo ir moviendo los dibujos si es necesario.


Como al decorar cualquier galleta con glasa, empezaremos haciendo el contorno de nuestro dibujo y luego rellenándolo.
Si queremos utilizar dos colores distintos, deberemos esperar un rato para que el contorno esté casi seco antes de rellenarlo, y los colores no se mezclen.

Para hacer los lazos también esperé un rato entre parte y parte, para que quedase el volumen bien marcado de cada zona.


Con un palillo o una espátula alisamos la glasa si hace falta, y luego le ponemos los detalles que queramos.

Unas bolitas de anís para los rabitos pomponosos, fideos para los bigotes, bolitas de diferentes tamaños para los ojos y narices... todo lo que se nos ocurra.

En mi caso como los dibujos eran bastante pequeños y no mezclé colores, hice un montón de piezas en poquísimo tiempo, me sorprendió bastante.


Para hacer las mariposas deberemos hacer cada ala por separado, y luego dejarlas secar al menos 24 horas.
Cuando estén bien secas, las despegamos del acetato (es muy sencillo, simplemente doblamos un poco el acetato y ya vemos como se separan)

Doblamos un trozo de acetato con el ángulo que queramos, y lo ponemos en algún sitio para que no se caiga, por ejemplo sobre un libro abierto.

Hacemos unas bolitas para el cuerpo de nuestra mariposa, y con cuidado pegamos las alas.
Son bastante frágiles al ser tan finas, así que hay que hacerlo suavemente.


Las decoraciones tardan unas 24 horas en secar, pero yo os recomiendo dejarlas al menos 48, sobre todo si vivís en una zona húmeda como yo.

Pasado este tiempo, podemos ya separarlas del acetato y utilizarlas para en lo que queramos.

Algunas como los huevitos y las mariposas son bastante delicados, porque son muy calados, pero el resto se pueden manipular sin cuidado.


Es muy parecida a esta técnica de decoración con chocolate, pero queda con más volumen y más colorida, me gustó mucho el restultado.

Y por fin el resultado final, como os decía los puse sobre unas magdalenas con merengue, pero se pueden utilizar casi para cualquier cosa.