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viernes, 31 de octubre de 2014

"PIDE" TURCO

 
Otra receta de pan internacional de la mano de Bake the World, tienen una mano especial para escoger las recetas estas chicas.

Este mes viajamos virtualmente a Turquía, y elaboramos un pide turco (o pide turca, lo he visto escrito de las dos formas).

Es una especie de pizza alargada, supersabrosa, que nos ha encantado en casa.
Lo mejor es que cuando lo probamos dijimos: sabe a turco. Y es que es cierto, aunque por el aspecto puedas pensar que se parece a la pizza que todos conocemos (y amamos), la mezcla de ingredientes y especias lo hace totalmente diferente, muy sorprendente desde primer mordisco.
 
Generalmente se hace con carne picada (a mano o a máquina) de oveja, cordero o ternera. Yo no como cordero (ni oveja, aunque nunca se me había dado el caso de tener que rechazarla), así que estaba claro: la mía iba a ser de ternera.
Eso sí, utilicé queso rallado de oveja, para que le aportase ese regustillo tan especial que tiene al pide.
 
 
Para hacerlo he seguido la receta de Hands in dough, un blog que os recomiendo visitar (está en castellano, no os dejéis engañar por su nombre). Una pena que no haya entradas desde 2012, aunque si lo visitáis os daréis cuenta de que es por un buen motivo.
 
De todas las recetas que vi esta era de las más sencillas, con ingredientes que todos tenemos en la despensa, y con un resultado impresionante.
¡Nos los acabamos en un visto y no visto!
 
Ingredientes:
Para la masa:
- 100 ml de agua
- una cucharada pequeña de aceite de oliva
- una cucharada sopera de yogur natural
- 225 g de harina de trigo de fuerza
- 6 gramos de sal
- medio sobre de levadura de panadería o 1/2 cubito si es fresca
- una pizca de azúcar
 
Para el relleno:
- aceite de oliva
- 1/2 cebolla
- pimiento rojo y verde al gusto
- un tomate pequeño
- sal
- 250 g de carne picada
- especias al gusto (le puse comino, cúrcuma y pasta harissa)
- queso viejo de oveja (rallado)
 
- opcional, si queréis que pique: cayena, especias o pasta harissa 
- opcional: mozzarella, para darle cremosidad
 
Para estirar la masa: harina de trigo, semolina o sémola de trigo.
 
 
Empezaremos preparando la masa, para que mientras leve podamos preparar con calma el guiso de relleno.
 
Yo como siempre hice la masa en la panificadora, sin más que poner todos los ingredientes en la cubeta en el orden en que os los pongo y escoger el programa masa.
 
Si tenéis que hacerlo a mano, como siempre os digo, después de mezclar todos los ingredientes no os olvidéis de un buen amasado, ya que es muy importante para el desarrollo de la masa.
Muchas veces al hacer la receta a mano es necesario añadir más harina para poder amasar, ya que si no se pega muchísimo al principio a las manos. Os recomiendo añadir la mínima posible, ya que si no luego se notará en el resultado final. 3 de paciencia por una de harina. ;)
 
Mientras dejamos que nuestra masa leve (hora y media o 2 horas), vamos preparando el relleno.
 
 
En un recipiente al fuego (yo lo hice en una sartén, pero puede ser un cazo, una olla, o lo que queramos) ponemos un poco de aceite de oliva a calentar.
 
Podemos poner directamente las verduras crudas en el pide, pero a mi personalmente me gusta que estén blanditas, así que las añadí al relleno ya cocinadas.
 
Añadimos la cebolla y los pimientos picados a nuestro gusto. A mi me gustan finos, pero puede ser como más os gusten.
Pasado como un minuto, añadimos el tomate pelado y picado en trozos. Acabará desapareciendo casi del todo.
 
Damos unas vueltas, que haga chup chup, y cuando empiecen a ablandarse las verduras añadimos la carne picada.
 
Añadimos entonces también las especias y por último la sal, siempre menos cantidad de la que le solamos poner cuando no hay especias.
Es mejor quedarnos cortos y rectificar, que pasarnos y que quede demasiado fuerte.
 
En cuanto esté lista la apagamos, ya que como luego va a ir al horno corremos el riesgo de que esté  demasiado seca.
De hecho lo mejor es dejarla un poquito cruda, para darle el remate final en el horno.
 
Reservamos
 
 
Cuando la masa esté a punto, bien levada, desgasificamos y nos preparamos para formar el pide.
 
Yo la estiré con una mezcla de harina, semolina y sémola de trigo, que me encanta como queda sobre todo en los bordes de las masas.
 
Directamente sobre el papel de horno en el que luego la horneé, para poder moverlo sin que se deforme. Viendo vídeos en YouTube se ve que los expertos la hacen sobre una mesa y luego lo pasan al horno simplemente cogiéndola con las manos y estirando... Por lo que pudiese pasar, ni se me ocurrió probarlo.
 
Podemos hacer los pides del tamaño que queramos, individuales o para compartir.
Yo dividí la masa en dos partes, aunque en tres tampoco hubiese quedado mal.
 
Bien, pues con las manos o con un rodillo (os recomiendo con el rodillo, para que quede más homogénea) estiramos la masa de forma ovalada.
Extendemos el guiso de carne sobre la superficie, dejando un borde de unos 2-3 centímetros.
 
Doblamos los bordes sobre los laterales y formamos los "cuernos" de los extremos, dándole su forma característica de canoa.
 
Para rematarla sólo nos queda  rallar un poco de queso de oveja (o al gusto) por encima.
 
Yo le puse también un poquito de mozzarella, pero sólo 1/4 de bola para cada pide. Le queda muy bien, sin aportar mucho sabor sí que aporta cremosidad.
 
 
Sin más la llevamos al horno bien precalentado, a unos 220ºC. Los hice sobre la piedra de hornear, aún llevando el papel de horno por medio quedan genial.
 
Cuando veamos que están hechos las sacamos del horno... cortamos en porciones... y a disfrutarlos!
 
Como os decía al principio sabe "a turco", si os gusta la comida turca tenéis que probar esta receta.
 
Sin duda es una alternativa estupenda a la pizza, más ligera (depende de la cantidad de ingredientes que le pongamos, claro) y muy sabrosa.
 
 
El primer pide lo hice siguiendo la receta original, pero al segundo le puse menos guiso de carne, añadí más queso rallado (mezcla de 3 quesos especial gratinar) y unas tiritas de bacon (nada ortodoxo, cierto)... y estaba también de muerte.
 
Este se parecía más a una pizza tradicional. No sabría decir cual está mejor, los dos nos gustaron mucho.
 
Sin duda lo repetiremos, porque tanto la masa como el relleno nos encantó. Os animo a probarlo y contarme qué os parece, a ver si os gusta tanto como a nosotros.
 

miércoles, 14 de mayo de 2014

ESPÁRRAGOS ENROLLADOS


Dos recetas saladas seguidas... ¡estoy en racha!
Además de vistosa es una receta muy rica. Perfecta como aperitivo o para una cena.

 Con 4 ingredientes montamos un plato de 10: espárragos trigueros, masa philo, bechamel y queso. Si es que no pueden fallar.

Hacía tiempo que tenía ganas de hacerlos, y la verdad es que han cumplido con creces lo que esperaba de ellos. Os recomiendo probarlos si tenéis ocasión.

Ingredientes:
- espárragos trigueros
- masa philo
- bechamel
- queso al gusto

Para pincelar:
- mantequilla fundida

-Para decorar:
- queso rallado


La receta es super sencilla, y si nos organizamos la haremos en un momentito.

Lavamos los espárragos trigueros y les quitamos la base, que suele ser más fibrosa.
Los ponemos a hervir en agua con sal unos 5 minutos, hasta que estén tiernos. El tiempo dependerá del grosor y de lo frescos que estén.
Cuando estén en su punto, los pasamos por agua fría para cortar la cocción y reservamos.

 
Mientras cuecen los espárragos hacemos una bechamel media (no tan espesa como para croquetas, pero que no quede muy blanda, para que no se escurra al hornear).

En una sartén o un cazo ponemos un poco de mantequilla o aceite de oliva, y cuando funda añadimos harina de trigo o maizena (yo suelo hacerla con maizena, me gusta más como queda).
Mezclamos bien los dos ingredientes, y los dejamos un rato para que la harina pierda su gusto.
Añadimos leche caliente, y removemos hasta que no quede ningún grumo.  Mantenemos a fuego medio unos minutos, para que coja cuerpo, removiendo para que no se pegue.
Ponemos entonces la sal y si queremos le podemos poner pimienta, nuez moscada,... (yo le pongo nuez moscada recién rallada, que me encanta como le queda). 
Unas vueltas más, y bechamel lista.


Podemos empezar ya a montar nuestros espárragos.

Abrimos el paquete de masa philo, y sacamos las láminas. Las cubrimos con un paño húmedo para que no se sequen mientras trabajamos.

Si no conocéis la masa philo, es como una especie de oblea o de masa brisa pero muy muy fina. Hace tiempo leí (no recuerdo quien, pero lo describió perfecto) que alguien abrió el paquete, y empezó a tirar las hojas de philo pensando que era papel protector, como el que viene con las bases de pizza o el hojaldre).
Son tan tan finas que parecen de papel, así que hay que tratarlas con cuidadado.

Yo partí cada hoja en dos, pero es suficiente con partirla en 3 trozos, son suficientemente grandes.

Estiramos un trozo de masa philo, y lo pincelamos con mantequilla fundida. No hace falta que sea mucho, simplemente hidratarla un poco.
Ponemos  un espárrago en un lateral, de la mitad del trozo hacia arriba.
Cubrimos con una cucharada de bechamel, unas lascas de queso (yo utilicé uno de Castilla semicurado) y doblamos por encima la masa philo.

Enrollamos, y sellamos el borde con un poco de mantequilla. Ponemos nuestro espárrago en una bandeja de horno, con el borde de hoja hacia abajo, para que quede más bonito.


Hacemos lo mismo con cada espárrago. Si son muy finos podemos ponerlos de dos en dos, o incluso de tres en tres.

Cuando los tengamos todos listos, ponemos queso rallado por encima y los metemos en el horno, a 180ºC unos 10 minutos, hasta que estén dorados.


Podemos servir tal cual, calientes, o cuando hayan reposado unos minutos y estén templados (a mi personalmente me gustan más así).

Como os decía al principio están buenísimos: crujientes y suaves a la vez, sabrosos pero no muy fuertes... perfectos.

Si os gustan los espárragos trigueros, tenéis que probar esta receta. Os encantará.


martes, 29 de abril de 2014

PIZZA DE QUESO DE CABRA Y CEBOLLA


Por fin puedo volver a la propuesta mensual de Bake The World! Y lo estaba deseando, además la vuelta es con una de mis platos favoritos, la pizza.
Desde que tengo el horno nuevo lo único que he hecho en él ha sido pizza... ¡mirad si me gusta o no!

Como ya había publicado otras pizzas (boloñesa, de chorizo picante,  y estas variadas), decidí hacer una que últimamente se ve bastante en las pizzerías y que está muy buena.

Es un pizza sin ningún misterio, pero muy original, un poco diferente a las pizzas que solemos tomar (al menos yo).
Además lleva muy pocos ingredientes, perfecta para la gente a la que no le gustan muy cargadas pero sí sabrosas.

Podemos utilizar cualquier tipo de queso que tenga "presencia" (yo le puse rulo de cabra) y cebolla o cebolleta (en este caso caramelizada, pero podemos ponerla cruda cortada muy fina).

Ingredientes:
Para la masa:
- 135 ml de agua
- 275g de harina de trigo de fuerza
- 6g de sal fina
- 1/2 sobre de levadura de panadería

Para la cebolla caramelizada:
- 1 cebolla dulce
- un chorrito de aceite de oliva
- una pizca de sal
- una pizca de azúcar (opcional)
- reducción de vinagre de módena (opcional)

Además:
- salsa de tomate
- queso de cabra (rulo)
- mozzarella rallada

Empezaremos haciendo la masa, con un par de horas de antelación para que repose y leve.

Yo la suelo hacer en la panificadora, no puede ser más sencillo:  en la cubeta ponemos el agua, encima la harina, la sal y la levadura de panadería.

Podemos poner el programa masa (con varios amasados y levados), o si preferimos, el de masa para pasta.
Yo pongo este último, que dura 15 minutos. Cuando acaba dejo reposar la masa unos 10 minutos y vuelvo a poner el mismo programa, en total son 30 minutos de amasado.
Una vez que acaba, dejo la masa en la cubeta sin abrir la panificadora, para que no se pierda nada del calor del motor.
En hora y media de reposo está perfecta, pero como siempre hay que vigilarla, que si hace calor estará antes.

Para hacerla a mano, en un bol o sobre una superfice lisa pondremos la harina. Espolvoreamos la sal y la levadura, y en el centro hacemos un huequecillo y añadimos el agua.
Vamos mezclando poco a poco hasta que quede una masa homogénea, y luego amasamos durante unos 8-10 minutos.
Hacemos una bola, tapamos con un paño y dejamos reposar unas dos horas.

Tanto si la hacemos a máquina como a mano, las cantidades son aproximadas, ya que podemos necesitar un poco más de harina o de agua, dependiendo de la humedad de la primera.


Mientras reposa la masa, haremos la cebolla caramelizada.

Yo utilicé cebollas dulces de Fuentes, son las que más me gustan para caramelizar, ya que son muy suaves.
Pelamos y picamos la cebolla. Podemos darle la forma que queramos, yo la parto a la mitad y luego hago medias lunas (como medio aro).

En un cazo ponemos un chorrito de aceite (no hace falta ni que cubra el fondo) y lo calentamos a temperatura media.
Añadimos la cebolla , la sal, y damos unas vueltas para que se rehogue. Tenemos que evitar que la cebolla se dore, simplemente queremos que lentamente se caramelicen su azúcar.

Mantenemos a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que estén blandas. Poco a poco veremos como se va volviendo melosa, muy suave.

Podemos dejarla tal cual, pero a mi personalmente me gusta ponerle una pizca de azúcar (como media cucharadita de postre) y un chorrito de reducción de vinagre de módena. Le dan un toque agridulce buenísimo.

Cuando esté a nuestro gusto, apagamos el fuego y reservamos. Según sea la cebolla tardará más o menos, en este caso tardó sobre 50 minutos.


Una vez esté la masa levada, podemos empezar a hacer nuestra pizza.

Yo en este caso repartí la masa para dos individuales, y una la hice con chorizo de pamplona picante y bacon, que es de las que más triunfa en casa.

Como ya os había comentado en alguna ocasión, yo tengo una "piedra" para pizza, una de las mejores compras que he hecho.
El entrecomillado es porque no es realmente una piedra, es cerámica. Pero funciona genial, si os gusta la pizza os animo a compraros una, la diferencia es más que notable.

Estiramos la masa a mano o con un rodillo. Si queréis dejarla bastante fina, como en este caso, es más fácil hacerlo con un rodillo sobre una superficie enharinada.

Un ingrediente que me encanta para estirar la masa en vez de utilizar harina es la semolina... queda perfecta, como las de pizzería, con un crujiente perfecto.

Como os decía estiramos la masa a nuestro gusto, y tenemos dos opciones: o montar la pizza y luego trasladarla a la piedra (lo ideal pero algo difícil) o sacarla piedra cuando esté bien caliente, poner la masa y montar la pizza muy rápidamente, que es como yo lo suelo hacer, para que no pierda calor la piedra.

Si la hacemos en una bandeja de horno, método tradicional: montamos la pizza y luego la metemos en el horno.

Es importante que la piedra esté muy caliente, yo la caliento en la rejilla en la guía más alta del horno al grill a 270ºC, al menos 15 minutos (porque es fina, si fuese una piedra "de verdad" sería al menos una hora).

En este caso le he pueso un poco de salsa de tomate casera, unos trozos de rulo de cabra, un puñado de mozzarella rallada y por último la cebolla caramelizada
.

Las pizzas finas es recomendable no cargarlas demasiado, ya que si no la masa se humedece y se rompe.

Si queréis que os queden los bordes alveolados, dejad al menos 3-4 cm sin ingredientes en todo el contorno (si no con el peso de los mismos no se forman).
Siempre que hago una pienso: hoy la dejo con mucho borde... ¡y luego se me olvida!. Es que me ciego a echar ingredientes, no tengo remedio.

Dependiendo de lo fina que sea y de lo caliente que esté el horno tardará más o menos en hacerse, en este caso fueron unos 8-9 minutos.
Suelo poner calor abajo (con la piedra abajo del todo) y grill.


Y ya sólo nos queda disfrutarla... está impresionante. O más.

Aunque llevé bastante los ingredientes al borde, donde menos cayeron se formaron unos pequeños alveolos, me encanta cuando quedan bien.

Tenía unas hojitas de rúcula para acompañar, pero con la prisa de que no se enfriase demasiado al hacer las fotos y poder comerla calentita se me pasó ponérselas... seguro que le quedaría genial.

Si es que por eso no hay más recetas saladas en este blog... no puedo con la comida fría.

Pues nada, aquí os dejo esta estupenda pizza, seguro que muchos ya la conocéis pero no la habéis hecho en casa, os animo a hacerla y comprobar lo bien que queda.


lunes, 14 de octubre de 2013

TARTA DE QUESO, BAILEYS Y CHOCOLATE

 Lo dicho en la anterior entrada... unos meses de sequía, pero aquí estamos de vuelta, y con una tarta más que estupenda para celebrarlo.

Es otra tarta sólo para adultos, con un sabor muy marcado a crema  de whisky y ese lujurioso chocolate brillo espejo... una pasada.

La receta de la cobertura espejo es de Esther, de una de mis webs favoritas: chocolatisimo. Supongo que la conoceréis, pero si no es así tenéis que visitarla sí o sí, es una super crack.
Soy super fan de su web y de su persona, y por supuesto de sus obras de arte comestibles.

Con las cantidades que os pongo me ha salido la tarta de las fotos de 20cm de diámetro, 6 girasoles individuales y (ejem) parte que se derramó por la encimera y la mesa, así que si hacéis sólo una tarta sale bien grande, de unos 2 kilos de peso. 

Ingredientes:
Para la base de galleta:
- medio rulo de galletas maría
- 50g  de mantequilla fundida

Para la crema de queso y licor:
- 600ml de nata para montar
- 400g de queso crema
- 100g de azúcar
- 285ml de crema de whisky
- 200ml de leche
- 2 sobres de cuajada en polvo

Para la cobertura de brillo espejo:
- 130ml de agua
- 200ml de nata para montar
- 170g de azúcar
- 55g de cacao en polvo
- 6g de gelatina en hojas 

Empezaremos preparando la base de galleta: trituramos las galletas (mucho más cómodo si es con una picadora, pero también puede ser a mano) y las mezclamos con la mantequilla fundida.

Las ponemos sobre la base del molde desmoldable o aro que vayamos a utilizar, y aplastamos hasta compactarlas bien.

Reservamos en la nevera.


Para hacer la crema de queso y baileys (vale cualquier marca de crema de whisky, pero de las que he probado esta es la que más me gusta).

En un cazo ponemos la nata, el queso crema (queso de untar tipo philadelphia), el azúcar y la crema de whisky al fuego.
Removemos bien, y si vemos que queda algún grumo de queso, metemos la batidora sin miedo para deshacerlo.

En una taza aparte ponemos los 200ml de leche, y deshacemos los dos sobres de cuajada. Removemos bien, ya que es difícil que se hidrate por completo.


Cuando la mezcla del cazo empiece a hervir, añadimos la leche con cuajada (os recomiendo pasarla por un colador fino por si queda algún grumillo).

Removemos constantemente, hasta que vuelva a hervir. Cuando lo haga, retiramos el cazo del fuego y seguimos removiendo unos segundos.
Volvemos a poner el cazo al fuego, y cuando vuelva a hervir nuestra crema está lista.

Retiramos del fuego, y seguimos removiendo un rato, para que pierda temperatura.

Vertemos sobre la base de galletas, veremos como enseguida empieza a cuajar. Es muchísimo más rápida que si la hacemos con gelatina neutra.

Aquí empezó mi odisea, el aro que estaba usando estaba muy flojo y se abrió un poco... así que la mezcla empezó a derramarse por la base... ¡menudo apuro me llevé!

Pero bueno, al final conseguí salvar casi toda la mezcla y pude hacer un apaño. Para los que luego me decís que os pasan cosas raras, que veáis que nos pasa a todos, por muchas tartas que hayamos hecho en nuestra vida.


Como os decía al principio además de hacer la tarta hice 6 girasoles en molde de silicona. En este caso el procedimiento es al revés, primero ponemos la crema y cuando haya endurecido le ponemos encima las migas de galleta, para que al desmoldar queden perfectas.

Llevamos la tarta (las tartas en este caso) a la nevera, y la dejamos un par de horas hasta que esté completamente firme.

Como tenía miedo de que al ponerle la cobertura por encima se derritiese las congelé, y creo que fue parte de mi segundo error.


 Pero ahora vamos con la receta lujuriosa de chocolate espejo, luego os sigo contando.

 En un cazo ponemos al fuego todos los ingredientes a fuego fuerte excepto las hojas de gelatina, que debemos ponerlas a hidratar en agua fría.

Removemos a menudo para evitar que se pegue al fondo. Cuando empiece a hervir bajamos un poco el fuego, y dejamos que hierva unos 10 minutos. Si tenéis termómetro, hasta que alcance los 103ºC).

Si metemos una cuchara y la miramos por la parte convexa veremos que la cobertura tiene un brillo impresionante, y que casi no gotea por los laterales de la cuchara. Está casi lista.

Apartamos del fuego y dejamos enfriar unos 5 minutos (hasta que baje hasta los 60ºC).
Escurrimos las hojas de gelatina, y las incorporamos una a una removiendo para disolverlas por completo.

Volvemos a dejarla un ratito hasta que esté a unos 30ºC, la temperatura ideal para utilizarla.

Colocamos la tarta sobre la rejilla para bañarla, es la forma más fácil de hacerlo. Yo os recomiendo poner un bol o una bandeja para recoger la cobertura sobrante, poner la rejilla encima y sobre ésta la tarta.
Vertemos directamente la cobertura desde el cazo, dejando que caiga por los laterales y moviendo la rejilla un poquito para eliminar el exceso.


Ahora os contaré mi segundo error: como la tarta estaba congelada, la cobertura en cuando tocaba la tarta se quedaba "clavada" y casi no escurría. Tenía que haber estado un poco más rápida, para la próxima intentaré conseguir un acabado perfecto.

Como quedaba muy irregular, le hice con una cuchara la espiral en la parte superior, de estar mal que pareciese que era intencionadamente ;)
Creo que no hubiese hecho falta congelarla, la textura es mucho más firme que la de una mousse.

Para bañar los girasoles (que también estaban congelados) decidí calentar un poquito la cobertura, para que estuviese mas líquida y escurriese mejor.  Y la verdad es que quedó una capa más fina y mejor distribuida, con mejor aspecto que la de la tarta.

Llevamos a la nevera, la cobertura no perderá nada de brillo y seguirá igual de perfecta. Queda con una textura y un sabor genial, ¡otra de esas recetas que guardo para mi para siempre!


Para decorar no se necesita nada más, el brillo es tan bonito que es más que suficiente.

Como íbamos a cenar a casa de una amiga decidí ponerle unas mini perlitas y purpurina plateada para darle un toque un poco más lujoso. No sé si mejoró o empeoró, pero bueno, a lo hecho pecho.

Si os gusta la crema de whisky tenéis que probar esta tarta, queda impresionante. La combinación de galleta, la crema y la cobertura de chocolate es perfecta.
Por supuesto puede hacerse con cualquier crema (hace tiempo probé una de chocolate y cerezas que seguro que es perfecta para hacer una tarta de este tipo).

Os animo a probarla, si lo hacéis ya me contaréis.


jueves, 11 de julio de 2013

HELADOS DE TARTA DE QUESO Y FRAMBUESA


Nada mejor para estos calores (por fin) que un helado fresquito. Y si es casero y riquísimo como este que hoy os traigo, mejor que mejor.

Hace un par de años ya que me compré la heladera, con las típicas dudas de si la iba a utilizar o no... y la verdad es que la utilizo un montón.
En verano siempre está la cubeta en el congelador, porque nunca se sabe cuando va a surgir la necesidad imperiosísima de hacer un heladito.

Al principio iba con mucho miedo, mirando recetas y recetas por internet para no meter la pata. Pero una vez le perdí el miedo, y comprendí que lo único que hace es congelar, me lancé y ya no hay quien me pare.
Hago mezclas a ojo, o a veces simplemente unos yogures griegos de esos con frutas en la base, queda un helado bastante aceptable, sobre todo si lo tomamos al momento.

Aquí os dejo los 4 helados que he publicado hasta ahora, 3 de ellos con heladera y uno de antes de tenerla. No hay excusa para no hacerlo.

 
He utilizado frambuesas de mi propia cosecha, el año pasado como estaban recién plantadas dieron muy poquitas (y se las comieron casi todas los pajarillos cabrones), pero este año están dando un montón, y además enormes.

Para los helados suelo utilizar unos moldes de silicona tipo magnum, pero esta vez como dupliqué cantidades rellené también estos de push pops (o lo que sean) que me regaló Patt. Tienen un tamaño ideal y además son perfectos para niños: no se manchan y si quieren comer sólo la mitad se puede guardar el resto para otro momento.
Además al ser de plástico son reutilizables, están genial.

Esta receta la he hecho un montón de veces ya, y nos gusta mucho como queda. Esta vez le añadí un poco de leche para hacerlos más ligeros, pero no os lo recomiendo, quedan con una textura un poco menos cremosa. ¡De pecar, pecar a gusto!

Ingredientes:
Para la salsa de frambuesa:
- 100g de frambuesas
- 50g de azúcar

Para el helado
- 400 ml de nata líquida para montar
- 100 ml de leche entera (os recomiendo no ponérsela)
- 240g de queso crema (tipo Philadelphia)
- 4 cucharadas soperas de azúcar invertido
- una pizca de vainilla en pasta (opcional)

- 3 galletas Digestive.
- unas frambuesas enteras

Empezaremos haciendo la salsa de frambuesa:
En un cazo, ponemos las frambuesas enteras con el azúcar, y llevamos al fuego.
Aplastamos con un tenedor para que se rompan y suelten su zumo, y dejamos que hierva lentamente unos 10 minutos.

Pasado este tiempo, trituramos con la batidora y colamos para eliminar las semillas.
Es importante eliminar sólo las semillas, sin perder nada de pulpa. Así que a apretarlas bien, hasta que no suelten ni una gotita de zumo.
Yo suelo colarlas en un colador metálico pequeñito, y remuevo y aplasto con una cuchara hasta que no sale nada más.

Volvemos al fuego, y dejamos hervir otros 5 minutos aproximadamente.

Reservamos.

Si queremos podemos utilizar en vez de esta salsa mermelada de cualquier fruta, queda muy bien también.


El helado no puede ser más sencillo:
En una jarra ponemos la nata, el queso, el azúcar invertido (receta aquí),  y si le ponemos, la leche y la vainilla.

Trituramos con la batidora, hasta que no quede ningún grumo de queso.

Ponemos la cubeta en la heladera, le damos al interruptor y vertemos con cuidado por la boca de la tapa.

A los helados como este que llevan tropezones no se los pongo hasta el momento final, porque a veces se pegan a las paredes de la heladera y las paletas al girar se enganchan un pelín.

Dejamos hasta que el helado esté listo, en este caso como es bastante cantidad tarda sobre media hora.

Una vez esté bien cremoso, añadimos las galletas desmenuzadas y mezclamos para que se repartan por todo el helado.

Si no tenemos heladera, una vez hayamos hecho la mezcla con la batidora, añadimos las galletas y lo metemos en un tupper o un recipiente melálico y lo guardamos en el congelador.
Cada media hora más o menos, lo sacaremos y lo removeremos bien, para evitar que se formen cristales de hielo.
Repetiremos hasta que nos cuesta moverlo, el helado ya estará hecho.


La salsa de frambuesa suelo ponerla en una manga deshechable, cortando sólo la puntita, para que salga un hilo fino. Así es muy fácil de manejar.
Podemos utilizar un biberón de salsear, o si no simplemente una cucharilla.

¡Y a rellenar los moldes!  Podemos poner unos hilos de salsa el la base, o empezar con la crema de queso, como prefiramos.

Luego alternaremos en tandas la crema con la salsa, para hacer veteados.
Si removemos un poco con un palillo haremos remolinos de frambuesa. Y si queremos, añadimos unos trozos más de galleta, que le quedan genial.

Esta vez además del experimento fallido de la leche le añadí unos trozos de frambuesa: quedan muy ricos, pero con textura de hielo, así que si no os gusta este tipo de textura no los añadáis.

Una vez tengamos los moldes completos, los metemos en el congelador al menos un par de horas, para que el helado adquiera consistencia.
El tiempo dependerá de la forma y material del molde, los magnum se hicieron en la mitad de tiempo que el resto.


Con estas cantidades me salieron 4 magnums, 3 de los de émbolo, y 3 vasitos pequeños de papel, a modo de tarrinas.

¡Y ya tenemos nuestros helados listos para disfrutarlos! Si os gusta la tarta de queso fría este helado os va a encantar, sabe tal cual (lleva los mismos ingredientes, así que no es de extrañar ;) )

Creo que de los que he hecho hasta ahora es mi favorito. Desde luego, es el más repetido.
Ya me contaréis si lo hacéis. ¡Un saludo!



lunes, 19 de noviembre de 2012

PASTA RELLENA (DE QUESO Y BACON)


¡Otra espinita quitada! ¡Estoy en racha con las espinitas!
Desde que me lancé con la pasta casera  estaba deseando prepararla rellena. En varias ocasiones iba a hacerla pero por unas cosas o por otras finalmente cambiaba de planes y no terminaba la misión.
Pues bien, este sábado por fin me decidí, nada podía interponerse entre la pasta rellena y yo: era "el día".

Pinchando aquí podéis ver un paso a paso que hice la anterior vez que publiqué pasta casera, ya veréis qué facilita es, sobre todo si tenéis una máquina para pasta.
La mía fue muy barata pero funciona perfectamente, estoy muy contenta con ella.

Es bastante sencilla, pensaba que me iba a dar un poco más la tabarra pero qué va, y eso que como no tengo raviolera hice las "empastadillas" una a una, que es lo que puede ser un poco más tedioso, pero el resto va rodado.

Podemos rellenar la pasta casi de cualquier cosa (verduras, carne, pescados y mariscos, quesos) y acompañarla con nuestra salsa preferida, o simplemente con un chorrito de aceite de oliva.

Las cantidades que os pongo son para 2 personas, si queréis hacer para más sólo hay que multiplicar, como siempre.

Ingredientes:
Para la pasta:
- un huevo
- 100 g de harina de trigo
- una pizca de sal

Para el relleno:
- 75 g de bacon
- 100 ml de nata líquida
- 75-100 g de queso rallado
- una pizca de orégano

Para acompañar:
- salsa de tomate
- nata líquida
- queso rallado

Os pongo el orden de cómo me organicé yo:

Primero hice el relleno, para que estuviese frío a la hora de rellenar la pasta.

Picamos muy finamente el bacon y lo doramos ligeramente en una sartén, pero sin pasarnos para que no quede duro, ya que contrastaría mucho con el resto del plato.
Una vez esté pasado añadimos los 100 ml de nata líquida, el orégano, y dejamos que reduzca unos 5 minutos. Apagamos el fuego y reservamos.

Cuando esté frío picamos el queso rallado (si, muy fino, para que quede lo más compacto posible)  y lo mezlcamos con el bacon y la nata.
Tiene que quedar con una textura lo suficientemente suave para que podamos manipularlo al rellenar las empanadillas pero que no esté muy blando para que no se "desparrame".
Si vemos que lo necesita, podemos añadir un poco más de queso o nata, para compactar o aligerar la mezcla.

Reservamos el relleno hasta que lo vayamos a utilizar.


Mientras enfría la primera parte del relleno (el bacon y la nata) podemos preparar la masa de la pasta, que también necesitará reposo.

Hacemos un volcán con la harina y en el centro ponemos la pizca de sal y el huevo. Yo suelo ponerlo batido, pero creo que no hace falta.

Vamos mezclando con los dedos o con una cuchara de madera, hasta que ya sólo podamos hacerlo con las manos.
Por supuesto si queremos podemos hacer este paso a máquina, pero es tan sencillo que creo que no merece la pena limpiarla para el trabajo que nos ahorramos.

Bien, una vez tengamos la masa bien mezclada, amasamos un poco hasta que quede perfectamente lisa.
Dependiendo del tamaño del huevo podemos necesitar más o menos harina, hay que ir tanteando, pero es muy fácil de arreglar añadiendo un poco más de harina o unas gotitas de agua si hace falta (mejor quedarnos cortos y añadir harina que pasarnos y tener que añadir líquido, como en todas las masas).

Hacemos una bola con la masa, la envolvemos en film y la metemos en la nevera al menos 30 minutos.

Pasado este tiempo la estiramos con la máquina o con un rodillo, y hacemos unas tiras largas pero no mucho, para que sean manejables.
En en enlace que os puse al principio hay unas fotos de como se hace este paso, por si les queréis echarle un ojo.

Como os decía yo no tengo raviolera, así que hice la pasta con forma de mini empanadillas.

 
Con la parte de atrás del molde podemos cortar un círculo de masa del tamaño exacto para nuestra empanadilla, esto está genial. Tardé en descubrirlo pero ahora lo uso siempre, es super cómodo.

Ponemos el disco de pasta en el molde y sobre éste una porción de relleno en el centro. Cerramos, apretamos bien, volvemos a abrir... y tachaaaaan! ¡Empastadilla lista!
En alguna web leí que se podía espolvorear el molde con harina para que no se pegase, pero luego se me ocurrió enharinar la pasta, es mucho más rápido y queda mucho mejor.

Vamos haciendo una tras otra, sin prisa pero sin pausa, ya veréis como es mucho más rápido y entretenido de lo que parece.

Como hay bastantes recortes de masa, volvemos a mezclarlos y los pasamos otra vez por la máquina de rodillos para aprovechar toda la masa, aquí no se tira nada.

Las ponemos en un plato o fuente enharinada, para que no se peguen, hasta que vayamos a utilizarlas.
Con las cantidades que os puse salen unas 40.


Cuenta la leyenda que la pasta fresca se puede guardar de un día para otro o incluso congelarla hasta un mes, pero no lo he probado nunca, así que no os lo puedo asegurar.

Para pcocerla ponemos una olla al fuego con abundante agua con sal (no demasiada sal, ya que la pasta ya lleva).
Cuando hierva a borbotones introducimos la pasta y la dejamos unos 3 minutos, no necesita más.

Escurrimos y emplatamos.

A mi como más me gusta la pasta es con salsa de tomate o con tomate y nata, como en este caso.

Simplemente calentamos en una sartén la salsa de tomate (mejor si es casera) y cuando hierva añadimos un chorrito de nata líquida, una pizca de orégano y un poquito de nuez moscada recién rallada.
En verano suelo ponerle también unas hojas de albahaca en el último momento, le quedan genial, sabe a "Italia 100%".


Por encima un poco de parmesano o grana padano rallado... ¡y a disfrutar como si no hubiese mañana!

La mezcla de queso, bacon, y la suavidad del tomate con la nata combinan a la perfección. Es un plato muy equilibrado de texturas y sabores, os recomiendo probarlo.

Ahora estoy deseando prepararla con un montón de rellenos distintos, creo que voy a tener que hacer una lista para no olvidarme de ninguno.
El próximo reto con la pasta será hacerla de colores, espero no tardar tanto como con la rellena, menuda delicia me estaba perdiendo.

Por último os dejo como siempre una foto del mordisco... creo que no hay nada más que decir. ¡Rico riquísimo!


jueves, 18 de octubre de 2012

EMPANADILLAS DE QUESO DE TETILLA Y MERMELADA


Otra de esas recetas que se te quedan "en el tintero" y cuando las ves piensas: ¿pero por qué no he publicado yo esto, con lo bueno que estaba?

Pues sí, casi un año llevan ya estas fotos "olvidadas". Participé con esta receta en un concurso de Ikea, con motivo de la apertura de Ikea Coruña.
Por supuesto sin pena ni gloria.
Bueno, qué digo, con gloria, porque nos las comimos y estaban muy buenas, así que  no se puede decir que haya perdido mucho.

Había que utilizar algún ingrediente de la tienda sueca (yo utilicé la mermelada que se ve en las fotos) y algún utensilio de Ikea... esto ya era mucho más fácil, casi todo lo que tengo en casa lo es.

También un producto típico gallego, y yo utilicé uno de los que más me gustan, el queso "del país". De tetilla, arzúa-ulloa... me encantan todos estos quesos tiernos, tengan la forma que tengan.
Además como son muy suaves de sabor y textura, se pueden utilizar perfectamente tanto para platos salados como para dulces.

La receta de la masa es una mezcla de dos que tenía apuntadas en una libreta desde hace años, y nos gustó mucho.
Queda crujiente por fuera y blandita por dentro... ¡perfecta!

Ingredientes:
- 300 g de harina de trigo
- una pizca de sal fina
- una cucharadita de levadura química (tipo Royal)
- una cucharada sopera de azúcar glas
- 1 huevo
- 100 g de mantequilla
- 40 ml de vino albariño

Para rellenar:
- queso de tetilla
- mermelada (en este caso de arándanos azules)

Para freír:
- aceite de girasol

Para decorar:
- azúcar glas

Empezaremos tamizando la harina en un bol amplio, dándole forma de volcán.

Añadiremos la sal, la levadura química y la cucharada sopera de azúcar glas. Yo esto suelo hacerlo mezcándolo con la harina a la hora de  pasar por el tamiz, así ya quedan bien mezclados.

Hacemos un huequecillo en el centro del volcán y ponemos el huevo batido, la mantequilla derretida (siempre sin que llegue a hervir, simplemente fundida) y el vino.

Mezclamos con un tenedor o las manos, hasta que se forme una masa homogénea.

Una vez tengamos la masa lista, la extendemos con un rodillo sobre la encimera enharinada, y vamos cortando círculos para hacer las empanadillas.
Si está muy pegajosa añadiremos harina muy poquito a poco, siempre es mejor quedarse un poco cortos que pasarse.

Para formas las empanadillas tengo cuatro moldes de plástico de diferentes tamaños, son muy baratos y van genial.
Por un lado se forma la empanadilla, y por el otro (ojo, esto tardé en descubrirlo, jajaaj) podemos cortar la masa con el tamaño justo para el molde.
Lo bueno de utilizar estos moldes es que quedan todas del mismo tamaño, dan un aspecto mucho más "profesional".

Pues bien, cortamos los círculos de masa, con el molde o con un vaso, es muy sencillo.

Ponemos en el centro un trozo de queso y una cucharadita de mermelada, y cerramos la empanadilla.
Es importante que no nos pasemos con el relleno, no debe desbordar por ningún lado al cerrarla, ya que si no al freírla se saldría totalmente.
Si no utilizamos el molde, aplastaremos los bordes con los dientes de un tenedor, para sellarlos bien.

Las freímos en aceite de girasol caliente, y al sacarlas las ponemos sobre un papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.

Una vez estén todas fritas, espolvoreamos con azúcar glas... ¡y a disfrutarlas!


A nosotros como más nos gustaron fue templadas, quedan por fuera crujientes pero por dentro blanditas, con ese queso fundido y la mermelada dulce... mmmm! Parece que aún las estoy saboreando, y eso que ya ha pasado casi un año!

Cuando las hice comentamos en casa que esta masa tenía que estar muy buena rellena con crema pastelera o cabello de ángel... y lo sigo pensando, aunque aún no lo haya probado!ijiji!
Tiempo al tiempo, es que se me acumulan las recetas pendientes. ¡Hay tantas cosas ricas por hacer!

Y otra variación que se me ocurre es sustituír el albariño por anís... tiene que quedar genial para los postres de carnaval, la masa me recordó bastante a la de las rosquillas que hace mi madre, que no dejan indiferente a nadie.
Un día que las hagamos tengo que repetir las fotos,  acabo de verlas y son claramente mejorables. Os dejo aquí el enlace, por si les queréis echar un ojo.

¡Un saludo y como siempre gracias por vuestro tiempo!



martes, 10 de julio de 2012

VASITOS DE QUESO, CHOCOLATE BLANCO Y FRAMBUESAS


¡Frambuesas de cosecha propia! Agricultora López, vais a tener que llamarme a partir de ahora!
Ya sé, ya sé, no es que tenga mucho mérito cultivar frambuesas, que se cuidan ellas solas... pero entendedme, son mis niñas y me hacía mucha ilusión enseñároslas.
Estas fueron las primeras cogidas este año, a ver si hay suerte y los lindos pajaritos me dejan disfrutar de las que quedan.

Estuve dudando qué hacer con ellas, y al final opté por un clásico que nunca falla: la tarta de queso. Siempre queda bien, aguanta perfectamente el paso de los días, facilísima de hacer y además bonita... no se le puede pedir más!
Como iba a hacer poca cantidad, decidí ponerla en estos vasos de chato, que le dan un toque muy chic a los postres y tienen el tamaño perfecto.

Esta vez por cambiarla un poco le puse chocolate blanco a la crema de queso, y nos gustó mucho como quedó... combina genial con las frambuesas. Eso sí, no utilicé ni un gramo de azúcar, para compensar.


Y sé que os van a encantar esos corazones de chocolate tan bonitos. Tengo que agradecérselos a mi amiga Patt, de cocinando para lola (y ahora también para julia, no nos olvidemos). Todo lo que diga  de ella se queda corto, desde el principio hubo muy buena conexión entre nosotras, y con el paso de los años se ha convertido en mi "amada patricia".
La mayoría ya conoceréis su blog, pero a los que no tenéis el placer os invito a entrar en su cocina... os quedaréis para siempre.

Como vive en un paraíso guiri, me envía a menudo un montón de cosas extrañas que a veces incluso tengo que buscar en internete qué son. El día que llega un paquete suyo es como si viniesen los reyes... ¡sorpresa tras sorpresa! ¡Qué nervios!
Y en uno de esos paquetes venía un transfer con este dibujo tan chulo... estaba deseando usarlo, y creo que en este postre ha sido todo un acierto.

Nos encanta visitar blogs y páginas web a la vez, comentando las recetas... y creándonos nuevas necesidades vitales. Que si la pani, que si la heladera, ahora quiero una bandeja para no sé qué, luego unas plantillas... menos mal que la visa no acompaña a nuestros pensamientos, y se queda casi todo en una "fantasía teléfonica".

En fin, ¡al lío!

Ingredientes:
Para la base
- 8 galletas digestive
- 50 g de mantequilla

Para la crema de queso:
- 150 ml de nata para montar
- 100 g de chocolate blanco
- 150 g de queso crema
- 3 hojas de gelatina neutra
- unas frambuesas

Para la cobertura:
- frambuesas
- gelatina de frambuesa

Para decorar:
- transfer de azúcar
- chocolate blanco


Con estas cantidades que os pongo me salieron estos 4 vasitos de las fotos.

La receta es muy parecida a la que suelo hacer (aquí tenéis la receta original), pero cambié el azúcar por chocolate blanco, que me encanta.

Por supuesto se puede hacer más cantidad, o hacer una tarta normal. Estas recetas que no llevan horno pueden variarse de cantidad y forma sin temor, siempre quedan bien.

Empezaremos haciendo la base de galletas.

Lo primero será triturarlas. Yo si es mucha cantidad lo hago a máquina, con una picadora, pero como esta era tan poca cantidad, lo hice a mano, que da mucho menos trabajo que luego lavar la picadora.
Las metí en una bolsa de plástico de congelar, y puse la bolsa entre un paño de cocina doblado en dos. Luego unos golpes y unas pasadillas de rodillo, y quedan hechas polvo... ¡literalmente!
Lo del paño está muy bien, porque evita que se pique la bolsa, y así no manchamos ni desperdiciamos nada de nada.

Fundimos la mantequilla sin que llege a hervir, y la mezclamos con el polvo de galletas.
Dependiendo de lo grasas que sean las galletas necesitarán más o menos mantequilla, os recomiendo ir tanteando hasta que veamos que al apretar un puñadito de mezcla mantiene la forma sin desmigarse.

Repartimos entre los vasitos, y aplastamos con una cuchara o directamente con la mano, si hacemos una tarta más grande.

Reservamos en la nevera, para que vaya endureciendo.


Lo siguiente será la crema de queso.

Ponemos a hidratar las hojas de gelatina en agua fría.

Mezclamos el chocolate blanco con la nata, y los calentamos hasta que el chocolate se funda. Podemos hacerlo en un cazo al fuego o en un recipiente apropiado al microondas, como prefiramos.

Cuando esté fundido, escurrimos la gelatina y la añadimos a esta mezcla caliente, removiendo hasta que se disuelva continuamente.

Como os decía al principio no le puse nada de azúcar. Para mi gusto así quedaron perfectos, pero si os gustan las cosas muy dulce podéis añadirle una cucharada o dos a la mezcla.

Reservamos hasta que haya enfriado hasta temperatura ambiente.

Cuando haya perdido el exceso de calor, añadimos el queso y mezlcamos bien con una batidora o unas varillas.

Llenamos los vasitos con esta mezcla hasta la mitad, ponemos 2 ó 3 frambuesas en el centro y cubrimos con el resto de crema.
Podríamos mezlcarlas antes, pero así quedan enteras y no tiñen la masa, sorpresa total hasta el último momento.

Guardamos en la nevera hasta que haya cuajado, si es una tarta tardará unas 4-5, pero estos vasitos en un par de horas ya estaban perfectos.


Para la cobertura podemos poner mermelada, sirope, fruta fresca, gelatina... lo que más nos guste.
Yo suelo ponerle mermelada o gelatina, cualquiera de las dos nos encanta.

Esta vez le puse unas frambuesas enteras y gelatina de frambuesa. Con medio paquete es suficiente.

Si le ponéis gelatina, os recomiendo esperar hasta que haya perdido el exceso de calor para ponerla sobre la tarta, para que quede bien transparente y sin trocitos de queso "navegando".


 La decoración de chocolate fue muy muy fácil de hacer.

Fundimos chocolate blanco y vertemos una capa fina sobre un transfer.  Cuando haya endurecido (yo lo tuve que meter en la nevera, porque aunque no hacía mucho calor no había manera de que volviese a ser sólido), cortamos con un cortapastas con la forma que más nos guste.
Lo levantamos con cuidado, y ... ¡sí, ha quedado perfecto!

Este es sólo para chocolate, vale también para masa de bizcocho, glasa,... vamos, que como sólo utilicé un trocido os cansaréis de verlo por aquí.


A mi me gusta dejar un día de reposo para este tipo de tartas, ganan en textura y en sabor.  Siempre en la nevera y bien protegidas, claro.

Por último como siempre las fotos del interior... no hace falta más para deciros lo buenos que estaban estos vasitos.
Y es que claro, acompañados con estas frambuesas recién cogidas...  ¡todo sabe bien! (sí, es amor de madre caníbal)

Como siempre, gracias por visitarme. ¡Animaos a probarla!