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jueves, 29 de octubre de 2015

DEDOS DE BRUJA

Un añito que lleva esperando esta receta a ser publicada... y por fin ha llegado su día! Estas galletas las hice el año pasado en un ataque de última hora halloweenero, así que decidí no publicarlas y esperar a este año, para hacerlo con un poco más de tiempo.
Como siempre, casi me pilla el toro...jijiji!
 
Están más que vistas, pero la verdad es que me gustó tanto como quedaron que decidí compartirlas, siempre habrá alguien que no las conozca o se anime a hacerlas al ver lo sencillas que son.
 
 
La receta la misma que (casi) siempre utilizo para las galletas decoradas, es super fácil de hacer y queda genial. No se le puede pedir más.
 
Con una masa estupenda, unos minutos para decorar, unas almendras enteras y un poco de mermelada de fresa... obtendremos unos dedos de bruja verdaderamente grimosos.
 
Ingredientes:
Para la masa:
- 225 g de mantequilla
- 220 g de azúcar
- 1 huevo grande
- media cucharadita de sal
- 450 g de harina de repostería
- cacao puro
- esencia al gusto (yo pasta de vainilla y lima)
- colorante verde (opcional)
 
Para decorar:
- almendras enteras
- mermelada de fresa
 
 
En un bol ponemos la mantequilla (pomada) y el azúcar y mezclamos hasta conseguir una textura esponjosa. Puede ser con un tenedor o unas varillas, como prefiramos.
 
Añadimos el huevo batido, y seguimos mezclando.
 
Agregamos la harina y la sal tamizadas, y seguimos mezclando hasta que todos los ingredientes estén perfectamente integrados y nuestra masa base esté lista.
 
Una vez tengamos la masa "base", la dividiremos en 3 partes iguales. Esto por supuesto es opcional, podemos hacer todos los dedos iguales, cada uno como más le guste.
 
En mi caso una parte la aromaticé con pasta de vainilla (los blancos), otra con aceite de lima (los dedos verdes) y la tercera parte con una cucharada de cacao puro.
Cuando añado cacao a las galletas suelo añadir también un poco de leche, nada, una cucharadita de postre, para compensar la textura y que quede similar a la masa original.
 
Los dedos verdes los teñí con colorante verde, no es un color muy apetecible pero es perfecto para esta ocasión.
 
Envolvemos cada masa en film y la guardamos en la nevera al menos una hora, para que sea fácil manejarla luego.
 
 
Dar forma a las galletas es muy sencillo: hacemos unos cilindros de masa, yo los hice algo más grandes que un dedo humano, pero cada uno como prefiera.
 
Ponemos nuestros dedos índice y corazón formando una V, y hacemos rodar cada cilindro presionando levemente para marcar las galletas. ¡Esto empieza a parecerse mucho a un dedo!
 
Con un palillo marcamos las arruguitas de los nudillos.
 
Por último, pegamos la almendra con mermelada de fresa (vale cualquier mermelada, mejor si es rosa, pero nadie puede asegurar que la sangre de las brujas sea rosa y no amarilla... ;-)  y bañamos el otro extremo de la galleta también en mermelada, para simular la sangre del corte del dedo.
 
Metemos nuestros dedos otra hora en la nevera, para que luego mantengan bien la forma al hornearlas.
 
 
Precalentamos el horno a 180ºC, y horneamos sobre la bandeja de horno y papel sulfurizado hasta que estén listas. Suelen ser unos 12-14 minutos, pero como siempre depende del horno y del tamaño de las galletas. ¡Y de como os gusten, claro!
 
Las movemos con cuidado para que enfríen en una rejilla, para que queden perfectas de textura.
 
Dejamos enfriar... y tenemos nuestras galletas listas! Son bastante grimosas, cierto, pero están suuuuper buenas.
 
Mi sobrina fue capaz de comerse ni la parte del corte ni la de la uña, le daba tanta grima que sólo podía con la parte central de los dedos. jijiijjiji
 
 
Si tenéis unas bolsitas tan cucas como estas (muchas gracias como siempre, Patt) quedan perfectas para regalar.
Y si no, en unas transparentes muy bien también. O sin bolsa, ¡quedan bien sea como sea!
 
Y lo más importante, como siempre, están buenísimas. La parte de la uña es inmejorable... ¡aunque no lo parezca! jijijiji!
 
 

lunes, 9 de febrero de 2015

BOMBONES RELLENOS

 
Receta de las que imponen... ¡pero una vez que  nos ponemos en materia, son más sencillas de lo que parecen!

Creedme, llevaba años con la idea de hacer bombones en casa, pero me daba miedo el atemperado del chocolate. Mucho miedo. Mucho, mucho miedo.
 
La verdad es que teniendo un termómetro adecuado y la paciencia suficiente como para ir limpiando todo lo que ensuciamos, en unos cuantos periquetes tendremos unos bombones deliciosos.
No hay ningún paso largo, pero sí varios cortos.
 
Y de perdidos al río: se me ocurrió hacerlos rellenos... y encima con 4 rellenos diferentes...  y las camisas de tres chocolates diferentes... aquí nada de "sencilleces".  
 
Un poco locura, la verdad, os recomiendo empezar con algo más sencillo si es la primera vez que los hacéis, sobre todo la parte de los chocolates, que es la más delicada.
 
 
Para el templado de los chocolates me leí y releí este post de Directo al Paladar , y para los rellenos más elaborados utilicé estas recetas de mi Patt, de Cocinando para Lola.
Pinchando en sus nombres os llevarán a sus estupendas webs, sin desperdicio ninguna de las dos.
 
Como se puede ver en las fotos, utilicé chocolate blanco, con leche y normal, y los rellenos son de nutella y avellana, fresa, mandarina, y chocolate blanco con frutos secos.
 
No tengo que decir que estaban de muerte, ¿verdad?
 
Ingredientes:
- chocolate con leche (utilicé Nestlé)
- chocolate negro (utilicé Nestlé postres)
- chocolate blanco (utilicé Milkybar)
 
Para los rellenos:
Para el de nutella:
- nutella
- avellanas
Para el de chocolate blanco:
- 75 g de chocolate blanco
- 50 ml de nata líquida
- frutos secos (le puse anacardos y almendras)
Para el de fresa:
- 25 g de chocolate blanco
- 5 g de mantequilla
- 25 g de nata líquida
- 1/2 cucharada de pasta de fresa (utilicé Home Chef)
Para el de mandarina:
- 25 g de chocolate blanco
- 5 g de mantequilla
- 25 g de nata líquida
- 1/2 cucharada de pasta de mandarina (utilicé Home Chef)
 
 
Podemos empezar por los rellenos más elaborados o por los bombones, yo os recomiendo por los rellenos, podemos incluso hacerlos el día antes de utilizarlos, para repartir un poco el trabajo.
 
En un cazo ponemos el chocolate, la mantequilla y la nata líquida, y calentamos hasta que se funda la mantequilla. Removemos para que se mezclen bien los tres ingredientes.
Retiramos del fuego, y añadimos la pasta de fresa. Probamos. Morimos de placer. Reservamos.
 
Hacemos lo mismo con el de mandarina, siguiendo los mismos pasos.
 
Estos dos son los que tienen un poco más de trabajo (y podéis ver que es bien poco), los otros dos los podemos hacer sobre la marcha cuando estemos al lío con los bombones.
 
 
Os recomiendo poner los rellenos en unas mangas pasteleras desechables, luego es muy cómodo para rellenar los bombones.
 
Para hacer los bombones otra cosa imprescindible que me olvidé de comentaros es que hace falta tener unos moldes de bombones. Hoy en día las hay super baratas, así que no os recomiendo pelearos con cápsulas de trufas ni cubiteras de hielo, no merece la pena, son un horror para el desmoldado.
 
Yo utilicé moldes de silicona (son los más  fáciles de encontrar), y hasta que no desmoldé los bombones no me di cuenta de lo diferentes que quedan según sea el acabado de la silicona: si la silicona es brillante los bombones quedan brillantes (como los bombones con forma de hojas) y si es mate, quedan super mates. Parecen casi de terciopelo, muy bonitos también (como los redonditos).
 
Otra cosa a tener en cuenta es que si los moldes tienen bastantes aristas, es fácil que nos queden burbujitas en el chocolate, que afean un poco los bombones. 
En las hojas quedaron un montón, pero  el resto como son de formas más suaves quedaron mejor.
 
 
Si no lo habéis hecho ya, os recomiendo ver algún vídeo donde templen chocolate, para ver más o menos como hay que hacer, es algo que por mucho que se explique es mejor verlo. Uno de esos casos en los que una imagen vale más que mil palabras).
 
El atemperado (o templado) del chocolate se hace para que una vez se enfríe el chocolate quede brillante y crujiente, da un poco de trabajo pero la diferencia entre hacerlo o no es muy notable.
 
Consiste en fundir el chocolate y llevarlo a una temperatura alta, bajar la temperatura rápidamente (generalmente se hace sobre una pieza de mármol o la encimera) y luego volver a subirla un poco.
 
El método es el mismo para los tres chocolates, pero con diferentes temperaturas de trabajo.
 
Chocolate negro: calentamos, hasta 45-50ºC, enfriamos hasta los 28-29ºC y volvemos a subir hasta los 31-33ºC.
Chocolate con leche: calentamos, hasta 40-45ºC, enfriamos hasta los 27ºC y volvemos a subir hasta los 30-31ºC.
Chocolate blanco: calentamos, hasta 40ºC, enfriamos hasta los 24ºC y volvemos a subir hasta los 27-28ºC.
 
Voy a explicarlo por ejemplo para el chocolate negro, como os decía para el resto de chocolates sería lo mismo pero variando las temperaturas.
Es muy importante respetarlas, ya que si no todo el esfuerzo no valdrá para nada.
 
Calentamos al baño maría el chocolate, hasta alcanzar los 45-50ºC.
Vertemos  2/3 del chocolate sobre la encimera bien limpia y seca o sobre un trozo de mármol. Movemos con una espátula, hasta que bajemos la temperatura a 28-29ºC.
Con la misma espátula o una lengua volvemos a pasar el chocolate al bol donde está el tercio de chocolate que no enfriamos.
Mezclamos bien, y en principio si todo ha ido bien, debería de estar la mezcla ya a los 31-33ºC que buscamos.
 
Vertemos el chocolate sobre nuestros moldes. Damos unos golpecitos con los moldes sobre la encimera, para que si hay alguna burbuja salga a la superficie.
 
Esperamos un par de minutos (dependerá un poco de la temperatura ambiente), y cuando veamos que se ha endurecido una capa fina pero resistente en las paredes de las figuras, volcamos sobre un bol o sobre la encimera. Reservamos este chocolate, que luego utilizaremos para las cerrar los bombones.
 
Pasamos un cuchillo o una espátula sobre el molde, para que no queden rebabas de chocolate.
 
Algunos los dejé demasiado tiempo y quedaron un gruesas las paredes, pero bueno, para la próxima intentaré que queden más finos.
 
Hay que tener que cuenta también que una vez que colocamos los bombones en su posición después de vaciarlos, suele escurrir un poco hacia la base, lo que hará que se acumule más chocolate en esa parte.  
 
Reservamos y esperamos a que enfríen y endurezca el chocolate completamente (lo ideal es no meterlos en la nevera, mejor esperar a que lo hagan poco a poco)
 
 
Cuando hayan endurecido, podemos rellenarlos.
 
Además de los rellenos que expliqué antes, rellené las semiesferas de nutella con media avellana (sólo hay que fundir un poco la nutella en el microondas para que esté más fluída) y las cápsulas con frutos secos y ganache de chocolate blanco (sólo hay que mezclar el chocolate blanco con la nata y llevar al fuego hasta que se funda y mezclar bien).
 
Si hacéis los rellenos en el último momento, aseguraos de que no estén calientes al utilizarlos, ya que podrían fundir el chocolate, mezclarse con él, y estropearlo todo. Nos quedaría una papilla muy rica, pero no unos bombones bien formados, que es lo que buscamos. ;)
 
Os pongo cómo combiné yo los chocolates y los rellenos:
- Semiesferas de chocolate con leche rellenas de nutella y avellana
- Corazones de chocolate blanco y relleno de fresa
- Hojas de chocolate negro y relleno de mandarina
- Cápsulas de chocolate con leche y relleno de ganache de chocolate blanco y frutos secos.
 
Es muy fácil rellenarlos si metemos los rellenos en una manga desechable, se hace en un periquete y sin manchar nada.
 
Y mirad lo cremosos que quedan, están de vicio.
 
 
Una vez hayamos rellenos los bombones, sólo nos queda ponerle las tapas para cerrarlos.
 
Como no estaba segura, volví a templar el chocolate, ya que había enfriado completamente desde que bañé los moldes hasta que los cerré, pero no sé si realmente sería necesario.
 
Volvemos a dejar enfriar, para que la pieza se funda como una, antes de desmoldar.
 
Una vez estén completamente sólidos, los desmoldamos y ya sólo nos queda disfrutarlos.
 
Como la entrada ya es bastante larga y no quiero que nadie se quede dormido sólo os digo una cosa: no les tengáis miedo, ¡se tarda casi tanto en leer la receta como en hacerla!
Y está tan buenos como parece. ¡O más!
 

miércoles, 15 de mayo de 2013

GALLETAS DE MANTEQUILLA DE CACAHUETE


¡Galletitas! Y más fáciles no pueden ser, así que no hay excusa para no hacerlas.

Desde que vi la receta de Pam en Directo al Paladar (receta aquí), supe que tenía que hacerlas. Y cuanto antes mejor, así que ese mismo día me puse manos a la obra.
Me encantan las recetas que nos ofrece Pam, tanto en su web Uno de Dos  como en Directo al Paladar, web en la que colabora junto a otros grandes blogueros.

Son recetas "de verdad", sin florituras y siempre con resultado excelente.

Además tengo la suerte de conocerla personalmente, y os puedo asegurar que es super cercana y simpática. ¡Un joyita de chica, vamos!


Venga, y después de hacerle la pelota un poco a mi querida Pam, toca hacérsela a las galletas.

Tenía desde hacía tiempo un bote de mantequilla de cacahuete abandonado en la alacena. Lo había comprado para tomarlo a la americana, untada sobre rebanadas de pan, pero cuando la probé me llevé un super chasco. 
Será una cosa de esas que si comes desde pequeño te gusta, a mi desde luego no me conquistó.

Así que cuando vi las galletas, vi la oportunidad de darle un buen uso.

Las galletas quedan genial, con una textura crujiente y un poco pegajosa a la vez que me encantó.
Y de sabor muy buenas, muy buenas. Con un ligero sabor a cacahuete pero muy suave.

Con las cantidades que os pongo salen unas 18-20 galletas.

Ingredientes:
- 90g de mantequilla de cacahuete
- 110g de mantequilla (normal)
- 320g de azúcar
- 3 huevos M
- 250g de harina de repostería
- 10g de levadura química (tipo Royal)
- chips de chocolate, conguitos, m&m's...






La preparación es muy sencilla, se hace en un momentito y si tenéis niños cerca podéis pasar un buen rato con ellos preparando estas ricas galletas.

Empezaremos precalentando el horno a 170ºC.

Es importante que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente, para que me mezclen fácilmente.

En un bol amplio batimos la mantequilla de cacahuete y la normal con el azúcar, hasta formar una crema suave.

Añadimos los huevos, y mezclamos.  Yo suelo añadirlos ya batidos, me resulta más fácil mezclarlos luego.

Por último, la harina tamizada y la levadura química, removiendo hasta que estén perfectamente integrados todos los ingredientes.


Podemos ponerles los tropezones que queramos: chips de chocolate, cacahuetes picados,...
Yo a la mitad de la masa le puse unos conguitos picados , y a la otra mitad unos m&m's, quedan super chulas con tanto colorido.

Os recomiendo dejar unos trocitos para decorar al final.

Hacemos bolas y las vamos poniendo sobre la bandeja del horno fría.
Aplastamos un poquito con la mano o una cuchara, y le ponemos los trozos que habíamos reservado.
Los conguitos quedan un poco chuchurríos, me gustaron más los m&m's.

Los aplastaremos un poco otra vez,  para asegurarnos de que se incustan bien en la masa de la galleta.


Horneamos unos 15 minutos, vigilando a partir de los 10 para que no se pasen demasiado.  Tienen que dorarse pero no en exceso.

Dejamos que enfríen unos 5 minutos sobre la bandeja, para que no se deformen al moverlas.

Pasado este tiempo, con cuidado las ponemos sobre una rejilla hasta que enfríen del todo (por supuesto si no nos podemos contener las podemos probar aún tibias, es inevitable).


Y así de fácil tenemos unas galletas caseras deliciosas, perfectas para merendar con un vaso de leche o como a mi más me gustan, con un té calentito...¡mmmm!

A mi personalmente las galletas me gustan más pasados un día o dos de reposo en un recipiente bien cerrado, la textura gana un montón.

Y lo que me queda claro es que gracias a esta receta no se va a estropear el resto de mantequilla de cacahuete, pienso repetirla y repetirla hasta que se acabe.
Y luego, por supuesto, comprar otro bote. ;-)


domingo, 25 de noviembre de 2012

BAKLAVA


Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de Noviembre nos invita a preparar un clásico persa: Baklava.

Este es uno de esos dulces contundentes, de los que te comes un trocito y piensas: con este rombito ya no hace falta que coma nada más en todo el día... pero luego resulta que está tan bueno que no puedes parar de comer y comer.
Casi mejor para la merienda que como postre, acompañado de un té está delicioso, os recomiendo tomarla así.

La receta es muy sencilla, y los ingredientes podemos encontrarlos fácilmente, así que no hay excusa para no hacerla.
Quizás lo más difícil sea encontrar la masa philo, pero hoy en día podemos comprarla en muchos supermercados, por suerte.Me encanta todo lo que esté hecho con esta masa: finita, crujiente... ¡perfecta!

Además de esta deliciosa masa en el pastel utilizaremos frutos secos, canela, y un almíbar aromatizado con miel y cítricos... si es que con estos ingredientes es imposible que salga mal.

Las cantidades que os doy es para un molde de 22x22 cm. Y para bastantes raciones, rinde un montón.

Ingredientes:
- masa philo (utilicé 2/3 de un paquete de 250g)
- 150 g de mantequilla derretida
Para el relleno:
- 130 g de almendras picadas
- 130 g de pistachos picados
- 3 cucharadas de azúcar
- canela en polvo (al gusto, yo le puse 1 cucharadita)

Para el almíbar
- 120 ml de agua
- 3 cucharadas de azúcar
- 1 palo de canela
- 1 cucharada de miel
- piel de limón y naranja
- zumo de limón

Empezaremos haciendo la mezcla para el relleno.
Parece ser que el fruto seco que no puede faltar es el pistacho, así que yo la hice de pistachos y almendras, que me encantan.
No conseguí encontrar pistachos crudos,  así que tuve que comprarlos tostados con sal y pelarlos lo máximo posible, para eliminar los restos salados de las pielecillas. En el resultado final no se notaba para nada, así que puede ser una buena opción si tampoco los encontrais.
Las almendras también las utilicé tostadas, pero sin sal, son más fáciles de encontrar.

Picamos finamente los frutos secos, con una picadora eléctrica o a cuchillo, como prefiramos, pero debemos dejarlos bastante finos.

Los ponemos en un bol, y añadimos el azúcar y la canela en polvo. Mezclamos bien, olemos, y ya nos damos cuenta de que este dulce va a ser un éxito.
Reservamos.


En una taza o un bol fundimos la mantequilla, como siempre sin que llegue a hervir.

Abrimos el paquete de masa philo, y con cuidado desplegamos el rollo. Como os decía antes es una masa muy muy finita, por lo que hay que ser muy cuidadoso al trabajar con ella, para que no se rompa. Aunque para la baklava no hay problema si se nos rompe, quedará igual de bien.
A mi me recuerda bastante al papel de hornear, para que os hagáis una idea del aspecto que tiene.

Bien, pues ya podemos empezar con el montaje.
Ponemos una hoja de masa, y pincelamos con mantequilla fundida. Otra hoja, y otra vez mantequilla. Y así unas cuantas capas más.
En la base os recomiendo poner como mínimo 4 hojas, para que quede consistente (yo le puse 6 en cada una)

Esparcimos unas cucharadas de la mezcla de frutos secos y canela, repartiéndola bien y dejando la superficie lisa.

Volvemos a hacer una tanda de capas de philo, y luego otra de relleno... y así hasta el final.
La última siempre será de philo.

Con un cuchillo afilado marcamos el dibujo que queramos, normalmente se hacen cuadrados o rombos.
Hasta el fondo, para cortar todo el pastel. Luego serán las porciones, así que no deben ser muy grandes.

Horneamos (horno precalentado, como siempre) a 180º unos 45 minutos.  El aroma mientras horneamos es impresionante.


Mientras se hornea la baklava haremos el almíbar, que debe estar frío (temp abiente) al verterlo sobre el pastel.

En un cazo ponemos al fuego el agua con el azúcar y la canela en rama. Dejamos reducir unos 5 minutos.
Añadimos una cucharada de miel, unas pieles de cítricos (yo le puse limón y naranja, sólo la parte coloreada) y un chorrito de zumo de limón.

Dejamos otro par de minutos al fuego, apagamos y reservamos.

Cuando saquemos el pastel del horno, con un cuchillo repasamos los cortes que habíamos hecho previamente y vertemos poco a poco el almíbar sobre la superficie, repartiéndolo bien.
Veremos como se va colando por los bordes, y se va absorviendo completamente.

Dejamos reposar al menos un par de horas antes de disfrutarlo.


Podemos espolvorear antes de servirlo con unos frutos secos molidos o un poco de azúcar glas, está deliciosa sea como sea.

Como se empapa con el almíbar queda bastante compacta, me sorprendió gratamente la textura: pensaba que al morder se iba a deshacer pero no, conserva bastante bien la forma.
Y con sus capitas de philo crujiente en la parte superior... se me hace la boca agua al recordarla.

Como os decía antes, es perfecta para la merienda, acompañada con un té calentito en el sofá... ¡y si es con mantita mucho mejor!

Feliz domingo.


viernes, 2 de marzo de 2012

BIZCOBOLAS: OVEJAS


¡Beeeeeee! En cuanto vi estas ovejitas en The Decorated Cookie me quedé prendada... ¡me parecieron super graciosas!

Así que enseguida compré los palitos de pan para las patas y me lancé a hacer este rebaño... en el que no podía faltar una oveja negra.

Son un poco más laboriosas que las anteriores que había publicado (estas y estas), pero con un poco de maña y paciencia podemos conseguir que queden bastante bien.

Con las cantidades que os pongo me salieron 8 ovejas.

Ingredientes:
- 150 g de bizcocho de chocolate
- 75 g de queso crema

Para decorar:
- palitos de pan con sal
- chocolate blanco
- chocolate de cobertura
- coco rallado
- sprinkles para ojos y bocas




La forma de hacerlas es la de siempre: pesamos el bizcocho y lo desmigamos lo máximo posible.
Un método muy efectivo es coger dos trozos de bizcocho y frotarlos uno contra otro... poco a poco se irá deshaciendo sin ningún esfuerzo.

Yo compré un bizcocho pequeño de chocolate, ya que no tenía ningún resto casero y  no me apetecía dedicarle demasiado tiempo a las ovejitas por si no quedaban bien.

He de confesar que cuando empecé a hacerlas no las tenía todas conmigo, pero al final creo que quedaron bastante "cuquis".

Una vez tengamos desmigado el bizcocho, pesamos y apartamos el queso crema (queso de untar), y lo vamos mezclando con las migas de bizcocho poco a poco, sin ponerlo todo a la vez.

Dependiendo del tipo de bizchocho que utilicemos, necesitará más o menos cantidad de queso.

El que yo utilicé estaba muy bueno pero era mucho más graso que uno hecho en casa, así que no me hizo falta utilizar los 75 gramos.
Y menos mal que no se lo puse todo, porque aún así la mezcla quedó bastante blandengue.


En total mi masa pesaba 245 gramos, así que la repartí en 8 porciones de 30 gramos.  (Si, los 5g que sobraron me los comí, como sospecháis).

Luego dividí cada porción en otras dos, de 24 y 6 gramos (aproximadamente, no eran todas exactamente iguales).

Tanto para dar forma al cuerpo como a la cabeza hacemos lo mismo: con las manos formamos una bola y luego la aplastamos un poco.
Los vamos poniendo todos sobre un plato o una bandeja y cuando estén todos listos los metemos al menos una hora en la nevera, para que estén bien firmes.


Una vez haya pasado esa hora, podemos empezar a cortar las patas y los pescuezos.
Esos palitos de pan son muy fáciles de encontrar en cualquier super, nuna me había fijado en ellos pero creo que pueden dar mucho juego para decorar.

Tendremos en cuenta que van un poco clavados en el cuerpo, no debemos dejarlos demasiado cortos.

En un bol derretimos una pequeña cantidad de chocolate blanco (en el microoondas o al baño maría), y  vamos mojando cada pata y clavándolas en el cuerpo de nuestras ovejitas.

Cuando tengamos las 4 patas clavadas, la ponemos "patas parriba" en el plato, ya que volverá a i ra la nevera.

Hacemos lo mismo con los pescuezos y las cabezas, mojando un poco el palito en el chocolate blanco, y clavándolo en la cabeza.

Una vez tengamos este paso completo, veremos como nuestras ovejas van tomando forma, aunque cuerpos y cabezas sigan estando separados.

Volvemos a meterlos en la nevera, al menos otra hora, para que el chocolate se endurezca y fije las extremidades.


Pasada esa otra hora, fundimos otra vez chocolate blanco, esta vez bastante más cantidad, yo utilicé en total casi 2 tabletas de 75 gramos.

Vamos cogiendo los cuerpos con cuidado por las patas, y los sumergimos en el chocolate blanco. Levantamos, dejamos escurrir unos segundos, y les damos la vuelta para apoyarlos ya sobre las patas.

Este es uno de los puntos más delicados, sin las bizcobolas están blandas pueden caerse atravesadas por las patas.

Cuando tengamos la mitad cubiertas de chocolate, las vamos pasando por coco rallado en el mismo orden en el que las hayamos bañado.
Si las rebozamos con el coco justo después de bañarlas en chocolate, se escurrirá  y quedará con formas raras (una de las cosas que aprendí hoy, en algunas se notan las marcas).


Cuando los 4 cuerpos estén listos, haremos las 4 primeras cabezas.
Con cuidado ponemos chocolate en la parte posterior, y la pasamos también por el coco rallado.

Pinchamos cada pescuezo en su correspondiente cuerpo, en la parte de abajo si queremos una oveja paciendo o más arriba si la queremos vigilando a sus vecinas o mirando el paisaje.
Podemos poner un poco más de chocolate blanco rodeando el palito y espolvorear luego con coco para que no se note, así quedarán más seguras las cabezas.

Cuanto estén las 4 primeras listas, seguimos con las otras 4.
Supongo que si trabajamos muy rápido podríamos hacerlas todas del tirón, pero yo me llevo regular con el chocolate y prefiero hacerlas por tandas.

Para hacer la "oveja negra" derretí chocolate de cobertura y lo mezclé con coco, para que tuviese una textura parecida a las blancas.

No debemos de preocuparnos si en las caritas tienen trocitos de coco, luego se quitan muy fácilmente con un pincel.

Volvemos a llevar nuestaras ovejas un rato a la nevera, hasta que los chocolates hayan endurecido.


¡Ya casi está listo nuestro pequeño rebaño!

Como os decía antes, quitamos con un pincel el exceso de coco de la cara (o incluso del cuerpo, si vemos que tiene demasiado).

Ponemos unos sprinkes para hacer los ojos y la boca, y pintamos con un rotulador comestible las pupilas.
Podemos jugar para darles diferentes expresiones a nuestro antojo, algunas quedan muy graciosas.

Me quedaron un poco cabezonas, tanto que algunas no paraban de caerse de morros... qué penita me daban las pobres! Tanta tanta que tuve que rematarlas para que no sufriesen más.
Entendedme, no podía verlas en ese estado.

Mirad, mirad la cara con la que trataban de intimidarme para que las dejase disfrutar un poco más de la vida... ¡se las saben todas!

miércoles, 25 de enero de 2012

PITHIVIER (RELLENO DE FRANGIPANE)

 Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de enero nos invita a preparar un clásico de la cocina francesa: Pithivier.

Este mes volvemos a la carga después de las vacaciones del mes de diciembre con una propuesta super sencilla pero imprescindible a partir de ahora en nuestra cocina.

Otra vez viajamos a Francia, un país que nunca defrauda en cuanto a repostería.

Aunque el título de la entrada pueda asustar (al menos a los que como yo cuando lo leí no tengáis ni idea de lo que es), si se escribe en castellano pasa a ser muchísmo más sencillo: una tarta de hojaldre rellena de crema de almendras.
Es más, casi mejor la definiría como una empanada de hojaldre y crema de almendras.


Hacía tiempo que quería probar el frangipane (la crema de almendras), y he de decir que en casa nos ha gustado muchísmo. Ya estamos pensando en usarla en un monton de cosas.
Además por lo que estuve leyendo, hay otra versión en la que se mezcla a partes iguales esta crema con crema pastelera... tiene que estar impresionante en unas tartaletas de manzana.

Con esta receta voy a compensar a la larguísima y tediosísima tarta san marcos anterior... ¡ya veréis qué cortita es!

Ingredientes:
Para el frangipane:
- 100 g de mantequilla
- 100 g de azúcar
- 2 huevos
- 100 g de almendra molida

Además:
- 2 planchas de hojaldre circulares
- huevo batido para pincelar
- naranja confitada (opcional)

Para decorar:
- azúcar glass, frutas confitadas,...

Comenzaremos haciendo el frangipane.
En un bol ponemos la mantequilla a temperatura ambiente cortada en dados.

Añadimos el azúcar y mezclamos bien con unas varillas.

Incorporaremos los huevos uno a uno, removiendo bien antes de integrar el siguiente.

Finalmente, ponemos la almendra y mezclamos hasta que esté totalmente incorporada a la crema.
Ya está lista para ser utilizada, reservamos.


Para montar el pithivier, ponemos uno de los discos de hojaldre sobre la bandeja del horno.

Colocamos encima la crema de almendras , teniendo la precaución de dejar 2 o 3 cm en el borde libres para poder pegar la tapa.
Os recomiendo poner una capa gordita, de unos 3 cm, ya que luego bajará un poco.

El pithivier también admite rellenos de frutas confitadas, así que yo le puse por encima unos trocitos muy finos de naranja, me encanta el aroma que aporta a la repostería.


En el otro disco de hojaldre trazamos un diseño con un cuchillo (podemos hacerlo llegando a cortar la masa o sólo marcarlo un poco, como prefiramos).
Si decidimos sólo marcarlo, es imprescindible hacer un agujero central para que el actúe como una chimenea y el vapor pueda salir durante la cocción.

Pincelamos el borde de la base con huevo batido, y colocamos con cuidado la tapa, procurando que se deforme lo menos posible.

Presionamos los bordes para que se peguen bien los dos discos de hojaldre, y con la ayuda de un cuchillo hacemos los pétalos característicos del borde de esta tarta.


Introducimos el pithivier en el horno precalentado a 200ºC, y lo dejamos unos 15 minutos, hasta que veamos que el hojaldre haya subido y está hecho.

En las fotos del corte podéis ver que a mi se me churruscó un poco por la parte de abajo, como no me gusta nada el hojaldre poco hecho prefiero alargar un poco la cocción y arriesgarme a que pase esto.

Lo retiramos del horno y  lo ponemos a enfriar sobre una rejilla.

Si queremos  una vez que esté frío podemos espolvorearlo con azúcar glass, aunque no es imprescindible, admite las dos presentaciones.


Podemos tomarlo tibio o frío (a temperatura ambiente), a nosotros nos gustó mucho más después de haber reposado unas horas.

Como os decía al principio en casa nos ha encantado, de hecho desde que en WK  hace unos días nos hicieron esta propuesta, ya es la segunda vez que lo hago, una vez en formato individual y la otra este más grande.

Es de esas recetas que se tarta más en leer que explicar, y el resultado es de 10.
Si os gustan los postres de almendra, tenéis que probarlo... y si no también!


jueves, 19 de enero de 2012

TARTA SAN MARCOS

 Por fin me voy a poder sacar esta espinita... hace ya casi 3 años (aún no había ni proyecto de blog) le prometí a mi amiga Marta que le iba a hacer este paso a paso... ¡y aquí está! ¡Por fin! Ya no tienes excusa... ¡y sin soplete, además!

El día de su cumpleaños intentó hacer una tarta sorpresa para su costi, pero no salió del todo bien. Por no dar más detalles, digamos que "no salió".
He de decir que esta es una tarta laboriosa, incluso para los que estamos acostumbrados a hacer repostería a menudo, así que tiene todo mi respeto por haberlo intentado con tan pocos medios.

El otro día cuando le dije que este año por fin iba a hacer su paso a paso, sus palabras fueron: "no des nada por sabido".
Por tanto, queridos amigos, preparaos, que hoy el enrollamiento va a ser máximo.

Tengo que decir que el único cachivache de cocina que tiene es una batidora de cuchillas, así que está hecha sólo con ese electrodoméstico.
Sin varillas eléctricas, sin soplete, sin tamiz, sin lira... no os podéis imaginar lo que sufrí viéndolos tan quietecitos en sus estantes sin poder usarlos.
Bueno, miento, tampoco tiene báscula, pero me niego a hacer este bizcocho sin báscula, así que si no tenéis podéis hacer el clásico de yogur, para el que no la necesitamos. (una receta aquí, por ejemplo). El resto de cosas sí se podrían hacer a ojo, creo yo. Aunque para que queden perfectas, siempre pesando.

Vamos ya con la receta, que es larga y las horas escasas. Creo que es la misma que le había pasado a ella en aquella ocasión, la de Auro.

Estas cantidades son para un molde de 16 cm de diámetro, bastante pequeño, así que si queréis una tarta normal duplicad cantidades.

Ingredientes:
Para el bizcocho:
- 2 huevos
- 75 gr de azúcar
- 125 gr de harina de trigo
- 1/2 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
- 50 ml de leche
- 50 ml de aceite de girasol
- una pizca de sal

Para el almíbar:
- 50 ml de agua
- 50 ml de ron
- 50 gr de azúcar

Para la crema de yema:
- 75 ml de agua
- 125 gr de azúcar
- 1 cucharadita de maizena
- 1 cucharada sopera de leche
- 2 huevos
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 15 gr de mantequilla

Para la nata montada/trufa:
- 400 ml de nata para montar
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- 3 cucharaditas de cacao en polvo

Para decorar:
- almendra laminada, en granillo, entera...
- caramelo
- azúcar moreno
- alguna fruta (physalis, por ejemplo)
- hilos de chocolate...


Empezaremos haciendo el bizcocho, como casi siempre.
Es importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente, sobre todo los huevos, para que las claras se monten bien.

Abrimos los huevos y separamos las claras de las yemas.

Por un lado, montamos las claras con la mitad del azúcar. Empezamos a batir con unas varillas (manuales, en este caso), y cuando empiecen a formar burbujas y se vuelvan translúcidas, vamos añadiendo el azúcar poco a poco, en forma de lluvia sin dejar de batir para seguir introduciendo aire y que no se bajen.
A las dos vueltas ya me empezó a doler el brazo, qué mal acostumbrados estamos con tanto aparato eléctrico. Increíble.

Como son para el bizcocho no hace falta que estén montadas muy firmemente, aunque cuanto más lo estén mejor será el resultado.


En otro bol batimos los huevos con el azúcar, hasta que formen una crema espumosa amarillo pálido y no quede ningún resto de huevo sin batir.

Añadimos los líquidos (la leche y el aceite) y removemos para que se mezclen.

Mezclamos la levadura y la sal con la harina, y la vamos incorporando poco a poco a la mezcla de yemas.  Quedará una masa bastante espesa.
Podemos aromatizar con alguna esencia o piel de cítrico, yo le puse piel de mandarina rallada.

Con cuidado, vamos poniendo porciones de claras montadas sobre la mezcla de yemas.  Las vamos mezclando siempre suavemente y con movimientos envolventes y de abajo a arriba.
Así hasta que estén todas las claras integradas. Notaremos que la masa del bizcocho es mucho más fluída.

La vertemos sobre un molde enharinado y lo metemos en el horno precalentado a 180º, unos 20-30 minutos. Como siempre dependerá del tamaño del molde, del tipo de horno, de la temperatura de la masa.. de mil factores.


Es importante no abrir el horno (a no ser que se masque la tragedia) en los primeros 20 minutos, y aún así siempre tendremos que hacerlo muy rápidamente.

Cuando al pincharlo con un palillo salga limpio, el bizcocho está listo.

Lo sacamos del horno y lo ponemos a enfriar sobre una rejilla sin sacarlo del molde, ya que al estar caliente es muy frágil.

Aprovecharemos que tenemos el horno encendido para tostar la almendra, si la hemos comprado cruda. Pondremos el horno en posición grill.
Yo suelo hacerlo en papel de aluminio, haciendo una especie de bandeja de bordes altos para poder removerla un poco sin que se salga y se tueste más homogéneamente.

Hay que tener cuidado, tarta un poco en empezar a tostarse, pero en cuanto empieza es casi inmediato.


Mientras se hornea el bizcocho, podemos preparar el almíbar y la crema de yema, que tendrán también que enfriar antes de ser usados.

Para el almíbar ponemos agua, azúcar y ron (o algún otro licor que os guste, el cointreau también va muy bien)  a partes iguales en un cazo al fuego.

Dejaremos que hierva unos 5 minutos a fuego medio, hasta que se vuelva más denso. Tendremos en cuenta que cuando enfría espesa un poco más.
Apagamos y reservamos.

Si lo van a tomar niños, podemos hacer el almíbar sólo con agua y azúcar y cuando lo apaguemos añadir zumo de naranja o mandarina, queda también muy rico. 


Al mismo tiempo podemos hacer la crema de yema (en este caso es de huevo, ya que los lleva enteros, pero le llamaré igualmente de yema).
Parece que son muchas cosas a la vez, pero al almíbar no hay que hacerle ni caso, se hace solo, y al bizcocho con echarle un ojo de vez en cuando es suficiente.
Así aprovechamos el tiempo al máximo, y no se nos hace tan larga la preparación.

En un cazo ponemos el agua, el azúcar y el zumo de limón, y hacemos un almíbar con ellos. Mismo proceso: al fuego, que hierva unos 5 minutos, siempre comprobando que el azúcar esté bien disuelto cuando apaguemos.
Como hay que esperar un rato para usarlo, yo lo que hice fue verterlo en una taza, aclarar el cazo con agua para que enfriase, y seguir con la preparación ya al momento.

En ese mismo cazo batimos muy bien los huevos. Es importante que no queden restos de huevo sin batir, ya que luego los encontraríamos en la crema. (Antes de que preguntes, Marta, por supuesto que podemos usar un cazo diferente).

En un recipiente (vale uno pequeñito) mezclamos la maizena y la leche, aplastando contra el borde con la parte de atrás de una cuchara los pequeños grumos que puedan formarse.
Añadimos esta mezcla a los huevos batidos, y batimos bien.

Poco a poco, en forma de hilo, y siempre removiendo a la vez para que no cuaje por el calor, añadimos también el almíbar.

Llevamos el cazo al fuego y removemos constantemente, hasta que quede una crema bien espesa.

Retiramos del fuego, y añadimos la mantequilla en dados o láminas. Mezclamos hasta que se disuelva por completo y reservamos hasta el momento de montar la tarta.

Os recomiendo poner un film de cocina en contacto con la crema para que no se forme costra, es un truco que va genial. 


El siguiente (y ya casi último) paso es montar la nata y hacer la trufa.

Cuanta más materia grasa tenga la nata mejor, así que yo esta vez utilicé la de Central Lechera Asturiana, que tiene un 35.1%, y tengo que decir que sí que se nota la diferencia.

Es imprescindible también que esté muy fría, al menos 24 horas en nevera, y si puede ser media horita de congelador también, aunque yo esto último no lo hice.

Lo ponemos en un vaso alto y empezamos a batir. Como os decía, traté de hacer esta tarta lo más parecido a como la podría hacer Marta, así que monté la nata con la batidora de cuchillas.
Empezamos batiendo al mínimo, más o menos un minuto, y siempre abajo y arriba, sin dejar la batidora quieta.
Pasado este tiempo, veremos como empieza a espesar. Es el momento de añadir el azúcar (otra vez en forma de lluvia y sin dejar de batir arriba y abajo) y subir la potencia al máximo.

Batiremos hasta que esté bien firme, teniendo cuidado de no pasarnos y que se convierta en mantequilla.

Retiramos un poco menos de la mitad de la nata montada y le añadimos el cacao en polvo (como medida de urgencia vale colacao, sí), mezclándolo suavemente hasta que se forme la trufa.

Reservamos las dos cosas en la nevera.


Ya sólo nos queda montar y decorar la tarta. Despues de la odisea, esto es lo más sencillo.

Es importante esperar a que tanto el bizcocho como el almíbar y la crema de yema estén a temperatura ambiente, para que quede bien.

Con un cuchillo, partimos el bizcocho en 3 discos más o menos iguales. Yo suelo poner el de abajo un poco más grueso, por si se empapa demasiado que no llegue a romperse, y que la tarta siga siendo fácil de servir.

Un truco para que la tarta quede bien plana por arriba es darle la vuelta al bizcocho antes de cortarlo en discos.
Así, lo que queda en la parte superior es el "culo" del bizcocho, que siempre queda perfectamente liso.
También podemos dejarlo tal cual y cortarle "la barriga", pero es un poco más engorroso.

Ponemos el primer disco sobre el plato donde vayamos a servir la tarta.
Con una cuchara empapamos con almíbar, y encima una capa generosa de nata montada (debemos acordarnos de reservar parte para el lateral de la tarta).

Alisamos con un cuchillo o espátula, y encima ponemos el segundo disco de bizcocho. Calamos con almíbar, y ponemos la capa de trufa.
Si queremos podremos dejar también parte para decorar, yo en este caso no la utilicé.

El tercer disco de bizcocho lo calaremos antes de ponerlo, en la parte que va en contacto con la trufa. Así conseguiremos que esté húmedo pero no tanto como para estropear la decoracion superior.

Lo colocamos sobre la trufa, y encima ponemos la capa de crema de yema, alisándola bien, ya que quedará a la vista.

Hasta este momento es todo (o debería serlo) bastante limpio. Como ahora toca lo más engorroso, os recomiendo poner unos trozos de film o papel de aluminio en los bordes del plato o fuente, para que luego el acabado sea mucho más limpio.

Pues bien, ahora poco a poco vamos cubiendo el lateral de la tarta con nata montada. No debemos escatimar, ya que si no hay nata suficiente las almendras no se pegarán.


Una vez tenemos el borde bien cubierto, despacito y con buena letra vamos pegando la almendra tostada.
Hay varios métodos, a mi el que más me gusta es poniéndola sobre un cuchillo ancho y pegándola sobre la nata como si fuese una espátula. Tiene que ser con un movimiento rápido, si no la almendra se escurre y queda toda en el fondo.
También podemos salpicarla o usar la mano a modo de espátula, como prefiramos.

Una vez esté bien cubierta, retiramos con cuidado los trozos de papel film, para dejar a la vista el impoluto plato.

Generalmente la crema de yema se quema con soplete, pero como a estas alturas todos sabréis, Marta no tiene soplete, así que había que pensar otra cosa.

Mi primera opción era hacer un disco muy fino de caramelo y ponerlo encima de la tarta, pero me pareció demasiado dificultoso y pringoso.
Luego pensé en triturarlo y espolvorearlo sobre la crema... así que se me ocurrió hacer esto, un método mucho más directo.

Con 3 cucharadas de azúcar y unas gotas de zumo de limón hacemos un caramelo clarito.
Cuando esté listo, lo retiramos del fuego y con una cuchara vamos cogiendo pequeñas cantidades y haciendo hilos sobre la tarta.

Es posible que tengamos que volver a calentarlo en algún momento si se queda muy denso, pero con unos segundos al fuego se soluciona.

Al principio quedarán unos hilos de caramelo duros y bien definidos, pero con el paso de las horas la humedad hará de las suyas (en este caso para bien) y derretirá el caramelo, dándonos aspecto y sabor casi de yema tostada.
Tenéis que creerme, las fotos las saqué nada más montar la tarta, pero luego en la nevera se derritió del todo.

Queda perfecta así tal cual, pero si queremos aprovechar unos physalis churrumidos que tengamos en la nevera desde hace meses... ¡esta es nuestra ocasión!


Bueno, los que hayáis llegado hasta aquí sois mis ídolos... porque ya no me aguanto ni yo! jajajaja!
 Espero no haberme dejado nada atrás, pero por favor si queda alguna duda, ya sabéis, avisadme.

Para rematar recomendaros (si no lo habéis hecho ya) que hagáis esta clásica tarta en casa... está buenísima.

A veces (y yo soy la primera) nos empeñamos en hacer cosas nuevas, y cuando pruebas un postre de estos te das cuenta de que si algo lleva tanto tiempo "entre nosotros" por algo será.
¡Los grandes clásicos nunca fallan, como siempre os digo!

Un saludo para todos, y en especial  un muy feliz cumple a Julio. Este año Marta no tiene disculpa,  exige tu San Marcos en estado sólido.