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jueves, 15 de marzo de 2012

BOCATA DE POLLO, BACON Y HUEVO PARA EL #DIADELSUPERBOCATA


¡¡¡¡Hoy es el #diadelsuperbocata !!!! Y es que para una persona que todos los días desayuna un sandwich y bastantes veces cena algún derivado, el día del superbocata es un día especial.

Hace unos días leí en twitter que hoy día 15 de marzo se iba a celebrar el #diadelsuperbocata, así que decidí unirme, al igual que por ejemplo el día de la #megamagdalena y el día de la #megagominola.

En lo que llevamos de mañana ya he visitado algunas propuestas, como estas de I feel Cook , La Cultura del Tupper , o este tan original de Galletanas.

Si publican alguna lista ya os pondré el enlace para tenerlos todos bien fichados, no os preocupéis.
Edito, pinchando aquí os llevará a la lista de participantes, nada más y nada menos que 105, y algunos con varias propuestas.


Mi propuesta no es nada original, pero está muy bueno y... ¡es enorme! Una animalada, me atrevería a decir. En las fotos no se aprecia lo gigante que era.

Hace unos días compré este pan para tostas (en cuanto lo vi se me iluminaron los ojos, era perfecto para el #diadelsuperbocata.
Son 4 rebanadas de 100 gramos cada una. Enormes, y bastante compactas aún sin dejar de ser blandas. Perfecto para tostas y estos bocatas en los que con pan normal acabaríamos teniendo una masa húmeda y deshecha entre las manos.
Tengo que deciros que aguantó de principio a fin perfecto, sin moverse ni romperse en ningún momento. Como decía aquel anuncio: ¡este pan lo aguanta todo!

 

No os pongo las cantidades porque como cualquier buen bocata está hecho a ojo y al gusto del comensal, así que cada uno que lo personalice al suyo.
Ingredientes:
- 3 rebanadas de pan gigante
- pechuga de pollo a la plancha
- queso maasdam
- lechuga
- tomate
- cebolla
- bacon a la plancha
- huevo frito
- salsas varias (ketchup, mostaza y césar)



Empezaremos tostando el pan, no demasiado pero sí para que coja un puntito dorado y crujiente.

Hacemos el pollo a la plancha, el bacon, y por último el huevo frito. Es importante dejar el huevo para el final, para que esté bien calentito y cuando lo rompamos la yema esté totalmente líquida y se reparta por todo el bocadillo.

Podemos montarlo en el orden que queramos, yo lo hice así: pan, pollo, queso, lechuga, tomate, cebolla, pan, bacon, huevo y salsas.


¡Y ya sólo nos queda disfrutarlo! Esta si que es una entrada super rápida, ¡que nadie se queje hoy de mi rollo persianero, por favor!

Es perfecto para cuando nos apetece algo "guarro" pero no queremos que sea demasiado insano... y si nos sentimos muy culpables, podemos quitarle el bacon, aunque no lo recomiendo, le queda genial.

Este superbocata lo comimos el domingo, y aunque no fuimos capaces de acabarlo del todo nos hizo vegetar toda la tarde. Una siesta de las que marcan historia, y por supuesto por la noche casi ni cenamos.
De hecho creo que aún tengo parte en el estómago esperando a ser digerido.

Mirad, mirad a lo que tuve que "enfrentarme". Menos mal que soy una valiente.

sábado, 25 de febrero de 2012

SABAYÓN


Whole kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de febrero nos invita a preparar un postre de la cocina italiana: Sabayón.

Hoy os traigo un postre delicioso pero sólo para adultos. Es una crema templada en la que tradicionalmente se utiliza vino de Marsala, aunque yo lo he cambiado por un moscato, uno de mis favoritos.
Seguro que con  un buen cava o champán también queda genial.

Esta crema se hace con sólo tres ingredientes: yema de huevo, azúcar y vino dulce.
Es muy sencilla de hacer, simplemente hay que tener en cuenta unas precauciones básicas y os quedará perfecto.


El único punto negativo que le veo  es que si la queremos tomar templada debemos prepararla al momento, por lo que si va a ser el postre puede romper el ritmo de la comida.

Aunque la verdad bien merece la pena esperar un poco y alegrar cuerpo y espíritu con este suave y aromático sabayón.

Las cantidades que os pongo es para dos personas, quedan dos copas como la de la foto.

Ingredientes:
- 2 yemas de huevo
- 50 gr de azúcar normal
- 80 ml de vino dulce (yo le puse moscato)
- piel de limón (opcional)









El procedimiento para hacer esta deliciosa crema es muy sencillo:  empezaremos ponemos un cazo al fuego con 3 cm de agua, para el baño maría.

En un bol u otro cazo más pequeño ponemos todos los ingredientes y los mezclamos bien con unas varillas.

Cuando lo hice pensé que me había equivocado con las medidas, me parecía demasiada cantidad de vino en proporción al resto de ingredientes, pero no, quedó perfecto.

De ahí que sea sólo para adultos, no es que lleve unas gotas como otros postres, es ingrediente principal.


Ponemos el bol al baño maría, con un par de precauciones: no debe tocar el agua y a su vez el agua no debe hervir.
Todo esto es para que la crema se vaya haciendo muy suave y lentamente, y no alcance temperaturas elevadas.

Mientras tengamos la crema al fuego, debemos batir todo el tiempo con las varillas, para ir incorporando aire.
Poco a poco ser irá montando, transformándose en una mezcla espumosa y super aromática, como os decía.

Seguimos batiendo hasta que veamos que está listo. Lleva un buen rato, así que no debemos desesperarnos.
Os aconsejo no hacerlo a mano para más de 2 personas, aunque con la batidora de varillas tiene que ser mucho más cómodo.


El resultado final será una crema muy aireada, una mezcla entre natillas y mousse. Es muy ligera pero muy sabrosa, me parece un postre ideal.

Se suele tomar solo, acompañado de frutas (generalmente higos o frutos rojos) o con pastas secas. El contraste de temperaturas y texturas es perfecto.

En alguna receta de las que consulté ponía que se podía requemar por encima, y como no pierdo ocasión de usar mi soplete... ¡yo lo caramelicé! Me encanta.

Como podéis ver, este postre es muy sencillo, pero si la calidad de los ingredientes es buena, queda espectacular.
Otra de esas recetas que aunque a priori  no me resultaba muy apetecible, el resultado ha sido más que satisfactorio. Nunca digas nunca jamás...

martes, 10 de enero de 2012

CUPCAKES DE LIMÓN Y MERENGUE


Antes de nada, tengo que desearos un muy feliz 2012! Para mi el 2011 acabó "regularcillo" (tranquis, nada muy grave, pero sí varias cosas a la vez), así que este 2012 espero que vaya a mejor. ¡Seguro que sí!

Entre otras cosas se me estropeó el ordenador (murió, vamos), así que perdí todos mis enlaces favoritos, recetas pendientes,... ahora a volver a empezar a recopilar desde cero. Todo por no guardar una copia a tiempo... como siempre, no tengo remedio.

Venga, pasemos a la receta, que es bastante larga y no quiero cansaros demasiado.

Cuando hice las tartaletas de limón y merengue (Lemon pie) me quedé con ganas de probar algo parecido pero con bizcocho, así que hace unos días preparé estos cupcakes con lemon curd y merengue... preciosos además de riquísimos.

Tenéis que perdonadme, además de mis favoritos perdí los links de donde "robé" las recetas del bizchocho y del lemon curd... así que si alguien las reconoce como suyas que me lo diga, que encantadísima pongo el enlace.


Esta receta es ideal para aquellos a los que os gusten mucho los cítricos... el lemon curd está hecho con zumo de limón, por lo que queda muy ácido...mmmm! ¡Me encanta!

Además contrasta a la perfección con el merengue dulce, y si queremos podemos añdir lima, mandarina, naranja...
Esta vez probé una receta diferente de lemon curd (la otra era con leche condensada), que queda un poco más ácida todavía.

Ingredientes:
Para la masa de bizcocho:
- 100 g de mantequilla
- 120 g de azúcar
- 2 huevos
- 150 g de harina de trigo
- 7 g de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal

Para el lemon curd:
- 200 g de azúcar
- 100 g de mantequilla
- 150 g de zumo de limón
- 2 huevos+2 yemas
- piel de un limón

Para el merengue:
- 120 ml de agua
- 200 g de azúcar
- 2 claras de huevo
- cremor tártaro (opcional)

Como siempre empezaremos haciendo la masa de bizcocho, que podremos hornear en un molde grande (para hacer una tarta) o en cápsulas individuales, para hacer unos cupcakes tan majos como estos.
Es importante que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente, para que quede la mezcla bien esponjosa.

En un bol batimos con unas varillas la mantequilla con el azúcar, hasta que se forme una crema blanca y espumosa.

Sin dejar de mezclar, añadimos los huevos uno a uno, sin incorporar el segundo hasta que el primero esté bien incorporado.

Por último tamizamos mezcladas la harina, la levadura y la sal, removiendo continuamente para que se repartan uniformemente por toda la masa.


Ponemos las cápsulas para magdalena en unos moldes rígidos (yo como os comenté otras veces, tengo unas flaneras de aluminio que van genial) y las vamos rellenando, intentando que quede la misma cantidad de masa en cada cápsula, para que sean lo más iguales posible una vez horneadas.
Podemos conseguirlo midiendo en volúmen o pesando, como prefiramos.

Como podéis ver, yo usé dos tamaños de cápsulas distintas, unas normales y las otras minis.
Si no recuerdo mal (que puede que sí, porque ya hace un mes que los hice), los minis pesaban 20 gramos y los normales 70.

Metemos en el horno precalentado a 180º y dejamos hasta que estén listas, unos 15 minutos si son grandes y 6 si son pequeñas (aunque como siempre os digo, dependerá del horno, cada uno es un mundo).


Mientras horneamos las magdalenas podemos ir haciendo el lemon curd, es muy sencillo.
Ponemos en un recipiente al baño maría el azúcar, la mantequilla y los 150 g de zumo de limón.

Removemos de vez en cuando hasta que la mantequilla y el azúcar se derritan, y la mezcla se caliente.

En otro recipiente batimos los 2 huevos y las 2 yemas (las claras que sobran las utilizaremos para el merengue, aquí no se tira nada), y añadimos la piel de un limón.

Puede ser rallada (mejor pulverizada, para no encontrar ni rastro) o en tiras grandes para luego poder retirarlas, pero siempre teniendo en cuenta que sólo hay que poner la parte amarilla, nunca la blanca.

Añadimos la mezcla del segundo recipiente al primero, sin retirarlo del fuego, y removemos constantemente hasta que la crema espese, como si fuese una crema pastelera.
Cuando esté lista, la apartaremos del fuego y cubriremos la superficie del lemon curd con un film de cocina, para evitar que se forme costra al enfriar. Resevamos.


Por último, haremos el merengue. La  receta la vi en la web Las recetas de Sara, os recomiendo pasaros por allí y deleitaros un buen rato con todas sus maravillosas recetas.

Es importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente, para que las claras queden mucho más firmes, además de que los utensilios estén bien secos.

En un cazo ponemos los 120ml de agua y 150g de azúcar al fuego, y lo dejamos tranquilamente, sin remover en ningún momento, hasta que alcance los 120ºC.

En un bol empezamos a montar las claras con unas varillas a la velocidad más alta de la batidora (o del brazo, si lo hacemos a mano).

Cuando esté semi montadas, añadimos los 50 g restantes de azúcar muy poco a poco, espolvoreando en forma de lluvia, y sin dejar de batir en ningún momento, hasta que estén relativamente firmes.

En cuanto el almíbar alcance los 120ºC, lo vamos incorporando con un hilo muy fino a las claras, sin dejar de remover, e iremos viendo como el merengue es cada vez más espeso y más brillante.

Una vez hayamos acabado el almíbar, seguimos batiendo unos 5 minutos para que el merengue baje de temperatura y el azúcar no cristalice.


Bien, pues ya tenemos todos los ingredientes listos, sólo nos queda montarlos.

Cogemos una magdalena y con un cuchillo de punta afilada le quitamos un cono en la parte superior.
Tenemos dos opciones, o poner un poco de crema de limón y volver a poner el cono en su sitio (si queremos que lleve poco lemon curd), o deshechar el cono y rellenar completamente con la crema de limón.
Yo hice la mitad de cada, y me quedo con los segundos...¡qué buenos!.

Con deshechar por supuesto no me refiero a tirarlos, me refiero a guardarlos para "rebañar" el recipiente del lemon curd cuando hayamos acabado de rellenar.

Para decorar con el merengue, lo pondremos en una manga pastelera con la boquilla que más nos guste... y a disfrutar!

En unos espirales hacia dentro, en otros hacia fuera... lo más divertido de toda la receta

Si no queremos decorar con manga, podemos poner una capa generosa con una cuchara y darle forma con la parte posterior, haciendo unos picos, también queda muy bien.


Podemos decorar con alguna gominola o bolita de chocolate... yo tenía estas gominolas de limón que llevaban un año en casa, ya eran como de la familia... y unas bolitas de canela que me regaló una amiguísima y que estoy decidida a acabar antes de que se estropeen... aunque ya veremos, porque como siempre me da muchísima pena comerlas.

Y si sois fan del soplete como yo... ¡a usarlo también!
Uno de mis artilugios de cocina favoritos, me encanta utilizarlo, siempre que lo enciendo me imagino como sería mi vida de soldadora de día y bailarina de noche... Aquí os dejo el vídeo de What a feeling, seguro que a partir de ahora cuando encendáis vuestros sopletes también pensaréis en esta canción.


Pues aquí os dejo la primera receta del 2012, como la vida misma: dulce pero con un toque importante de acidez... ¡Y para disfrutarla al máximo! En una sóla palabra: deliciosa.

Espero que os guste, ya me contaréis.

jueves, 24 de noviembre de 2011

TARTA DE MANZANA CON MASA SABLÉ


Whole Kitchen en su propuesta dulce para el mes de noviembre nos invita a preparar una pasta básica de pastelería: pasta sablé.
Se conoce también como sablé bretón y sobre todo como masa quebrada.

Y lo primero que pensé cuando probé la tarta fue: no vuelvo a comprar la masa quebrada, a partir de ahora la hago siempre.
Es súper sencilla de hacer, simplemente mezclar los ingredientes, y la diferencia tanto en textura como en sabor es abismal.

Además puede hacerse tanto dulce como salada (mirad esta del quiche al que le añadí espinacas, quedó de un color verde precioso).
Esa fue la primera vez que hice masa quebrada, pero al añadirle las espinacas el proceso fue un poco más largo, aunque también bastante sencillo.

Y esta fue la segunda, mucho más rápida y sencilla...¡y dulce, que es lo mío!


Decidí utilizar la masa para una clásica tarta de manzana, una receta que nunca había hecho y que nos sorprendió muy gratamente, tanto por el sabor como por lo fácil que es de hacer.

Desde luego esta tarta es de 10, queda preciosa y super rica. Bien fresquita y acompañada de un té calentito es la merienda perfecta.

Ingredientes:
Para la pasta sablé:
- 250 g de harina de trigo
- 125 g de mantequilla
- 1 huevo
- 1 cucharada de leche fría
- 3 cucharadas de azúcar
- sal fina (una pizca)

Para la crema pastelera:
- 125 ml de nata líquida
- 375 ml de leche entera
- 125 g de azúcar
- 60 gr de harina refinada de maíz (maicena)
- 4 yemas de huevo
- piel de limón (opcional)

Parra "acabar"
- 3 manzanas golden medianas

- gelatina de manzana


Empezaremos haciendo la masa quebrada.

Como os decía, es súper sencilla de hacer. Lo único que debemos tener en cuenta es sacar la mantequilla al menos un par de horas antes de la nevera, para que esté a temperatura ambiente.

En la encimera o en un bol grande (os recomiendo esto último, es mucho más cómodo y limpio) hacemos volcán con la harina.

En el hueco central ponemos el resto de los ingredientes: el azúcar, la sal, el huevo, la leche y la mantequilla a temperatura ambiente.

Con los dedos o con un tenedor empezamos a mezclar los ingredientes. Como acabaremos haciéndolo con las manos, podemos hacerlo así desde el principio.

Simplemente tenemos que mezclarlos hasta que se integren bien, no hay que amasar.
De hecho, cuanto más rápido sea este paso, mucho mejor, sobre todo si como yo sois de "manos calientes".

Hacemos una bola con la masa, la envolvemos el film y la metemos en la nevera un par de horas, para que luego sea más fácil de extender con el rodillo.


Para la crema utilicé la receta de siempre, me encanta como queda. Simplemente varío la cantidad de maicena según lo espesa que quiera la crema y listo... nunca falla.

Ponemos a calentar en un cazo la leche, la nata, y la mitad del azúcar.
Si queremos podemos aromatizarlo con una rama de vainilla, canela, o la piel de algún cítrico. Yo le puse piel de limón, sólo la parte amarilla.
Cuando empiece a humear apagamos el fuego y reservamos.
Si decidimos aromatizarla, la colaremos antes de utilizarla, para eliminar cualquier rastro sólido.

En otro cazo mezclamos la maicena con la otra mitad del azúcar y las yemas. Las llevamos a punto de ebullición, removiendo siempre constante pero suavemente.

Añadimos la mezcla de leche, nata y azúcar (la más líquida) a la segunda (la crema de yemas). Lo haremos muy poco a poco y sin parar de remover, este puede ser el punto más delicado.

Volvemos a ponerlo todo al fuego, removiendo constantemente para evitar que se pegue.
Espesa enseguida, sobre todo si hacéis esta cantidad (es media receta).

Apagamos el fuego y reservamos. Si no la vamos a utilizar inmediatamente, cubriremos la superficie con film para que no se forme costra.


Una vez tengamos la masa y la crema hechas, podemos montar la tarta:

Extendemos con el rodillo la masa sobre una superficie enharinada.

Con cuidado la llevamos al molde y con las manos la vamos adaptando a la base y los laterales, sobre todo si utilizáis un molde con ondas.

Cuando tengamos la base de masa quebrada lista, la cubrimos con la crema pastelera, alisándola lo máximo posible.

Pelamos y descorazonamos las manzanas. Las picamos en gajos muy finos, y los vamos disponiendo sobre la crema pastelera con el dibujo que más nos guste.

Podemos simplemente apoyarlos, o clavarlos un poco, como hice yo, para que la manzana se mezcle con la crema pastelera.

Utilicé manzanas golden porque me gusta que se note entera la manzana una vez cocinada, pero podemos utilizar la variedad que queramos.

Introducimos en el horno precalentado a 180º y lo dejamos unos 35-40 minutos.


Sacamos del horno y dejamos que enfríe sin desmoldarla, ya que mientras están calientes la base es muy frágil y la crema pastelera muy poco consistente.

Yo como os decía en los ingredientes utilicé gelatina de manzana para darle brillo. Viene ya hecha, es muy cómoda.

La encontré por casualidad en una tiendecita pequeña (mínima, de hecho), así que compré bastante y la congelé en tuppers con "raciones individuales".

Ahora cuando la necesito simplemente la descongelo, la caliento un poco en el microondas hasta que se derrite y la utilizo  como una gelatina normal.

Es perfecta para este tipo de tartas, queda tal cual la que le ponen en las pastelerías... ¡o mejor!


Para terminar os dejo con unas fotos "del corte", creo que se parecia bastante bien el resultado: masa crujiente, crema pastelera super suave y manzana fina pero entera.

Muchas gracias por llegar hasta aquí, siempre empiezo a escribir con la intención de no extenderme demasiado, pero luego no hay quien me pare. Intento no dejar "cabos sueltos", pero siempre queda alguno... así que estaré encantada de responder a vuestras dudas, dentro de mis posibilidades.

¡Feliz fin de semana!

martes, 6 de septiembre de 2011

FLAN DE LECHE EVAPORADA


¡Ya tenía yo ganas de estrenar esta flanera! Es otra de mis compras en Portugal que aún no había tenido ocasión de utilizar.

Y si a esto le sumamos que el otro día abrí una lata de leche evaporada para hacer una salsa que al final no utilicé... tenemos este riquísimo flan!

Es uno de los postres más sencillos de hacer, y de los que siempre triunfan.
De los que podemos hacer el día anterior y están perfectos (incluso mejor que el primer día).
Y de los que voy a tardar más en explicar de lo que tardé en hacer (sorry).

Además lleva muy pocos ingredientes (sólo 3), y de los que solemos tener siempre en casa: huevos, leche (en este caso evaporada) y azúcar.

Siempre lo hago con leche entera normal (a veces añadiendo un chorrito de nata líquida), así que se me ocurrió probar con la leche evapordada directamente, que es más cremosa que la leche  y más ligera que la nata (copiado directamente de la lata). El resultado muy bueno.

La flanera es de aluminio, con hueco central y tapa también de aluminio.

Aunque tengo moldes individuales para hacer flan al horno, tenía ganas de hacerme con una flanera más grande y con tapa, para utilizarla en la olla exprés.

Ya sé que no es lo tradicional, pero también está muy bueno y se hace mucho más rápido que en el horno... sobre todo en verano con mucho menos calor!

Así que cuando vi esta (igualita que la de mi madre pero más pequeña) no lo dudé: era MI flanera.

Ingredientes:
Para el caramelo:
- 6 cucharadas soperas de azúcar
- 5 gotas de zumo de limón (opcional)
- 1 cucharita de postre de agua

Para el flan:
- 5 huevos enteros (eran caseros, pero serían tamaño L)
- 1 lata de leche evaporada (410 g)
- 3 cucharadas soperas de azúcar normal



Empezaremos haciendo el caramelo para el molde. Es un proceso delicado, así que tenemos que prestar mucha atención a que no se queme y sobre todo a no quemarnos nosotros.

En una sartén al fuego ponemos las 6 cucharadas de azúcar y añadimos el zumo de limón y el agua.

Con el zumo de limón conseguimos que el caramelo quede muy rubio, así que si nos gusta más oscuro le pondremos sólo un poco de agua.

Mezclamos bien los 3 ingredientes con una cuchara de madera (las de metal suelen calentarse mucho y podemos quemarnos en un despiste al cogerla).

Veremos como el azúcar se va fundiendo lentamente y se va formando el caramelo, al principio casi transparente y luego va tomando color.

Vigilamos mientras se va haciendo el caramelo, removiendo a menudo al principio y cuando todo el azúcar se haya derretido del todo, lo haremos constantemente.

Lo dejamos pasar hasta que esté a nuestro gusto, vigilando que no se queme. Como alcanza tanta temperatura, si no tenemos costumbre de hacerlo es mejor dejarlo un poco clarito, pues en unos segundos puede pasar de estar poco hecho a quemado (y habría que tirarlo, se pone súper amargo).
Apagamos el fuego y vertemos rápidamente el caramelo sobre la flanera.

Agarrándola con un paño la vamos tumbando y girando para repartir el caramelo por el fondo y las paredes laterales (hasta donde vayamos a rellenar de mezcla, más o menos).

Reservamos.

Si no queremos hacer el caramelo podemos utilizar caramelo líquido comprado, aunque os recomiendo hacerlo al menos una vez para probar la diferencia.

Una vez hayamos caramelizado el molde nos ponemos con la mezcla para el flan.

La mayoría de recetas utilizan más yemas que claras, pero a mi me gusta mucho esta receta, queda más ligero y blandito.

En un bol grande mezclamos los huevos con la leche y el azúcar.

Es importante que no se forme mucha espuma, para que el flan quede homogéneo por dentro, así que podemos batirlo con las cuchillas de la batidora, sin levantar el brazo de la mezcla.

Cuando esté bien mezclado, vertemos sobre el molde (oiremos pequeños chasquidos del caramelo cuarteándose).

Si lo hacemos al horno, lo pondremos a 150º al baño maría hasta que esté cuajado.
Si como yo lo hacéis en la olla exprés, ponemos la tapa al molde y lo cocemos al baño maría unos 4 minutos si es pequeño como este y 7 si es receta doble. (dependerá mucho del tamaño del flan y de lo rápida que sea la olla).

Apagamos la olla, la retiramos del fuego y dejamos que enfríe unos 15 minutos sin abrirla.

Pasado este tiempo, sacamos la flanera de la olla y dejamos que coja temperatura ambiente sobre la encimera.

En este momento podemos comprobar el punto de cocción, si vemos que está líquido lo pondremos un par de minutos más al fuego.

Luego a la nevera al menos 3 horas para que esté bien fresquito.

Antes de servirlo lo volcamos sobre una fuente o un plato hondo: sacamos la tapa de la flanera, y ponemos la fuente haciendo de tapa.
Con una mano en la fuente y la otra sujetando la flanera giramos rápidamente (como si fuese una tortilla) las dos piezas para que el caramelo no se derrame.
La flanera quedará en la parte superior. Tiramos de ella con cuidado... ¡y ahí está nuestro flan casero!

Estos moldes con "pétalos" son muy cómodos a la hora de servir, podemos guiarnos por las marcas para cortar todas las raciones iguales.

Me encanta como queda acompañado de fruta fresca, con unos trocitos de plátano y fresa recién picados y mezclados con el caramelo está de vicio.

También queda genial acompañado con un poco de nata montada.

Aunque la mayoría de las veces lo tomamos solo, no necesita nada más para ser perfecto.

lunes, 8 de agosto de 2011

PASTEL VERANIEGO


Aunque podemos disfrutarlas todo el año, es en verano cuando apetecen más estas comidas fresquitas, muy fáciles de preparar y en las que apenas necesitamos encender la cocina... de ahí su nombre.
Me encantan este tipo de pasteles, pongamos lo que pongamos siempre quedan muy bien. Perfecto para un día de esos que no tenemos ganas de cocinar pero sí de comer algo rico.
Entre las capas de pan de molde podemos poner casi cualquier cosa (verduras, pollo, pescado, huevos, frutas,...).

Es ideal para la gente que come fuera de casa, necesita unas horas de reposo, así que podemos prepararlo por la noche y al día siguiente estará perfecto.
Y ya no digamos para ir a comer al campo o a la playa... un bocado rico, distinto, y muy sano.

Os pongo como lo he hecho yo esta vez (no siempre lo hago igual, voy variando según los ingredientes que tenga en la cocina), para 2-3 personas.

Ingredientes:
- 8 rebanandas de pan de molde sin corteza
Para la salsa:
- 4 cucharadas de queso batido desnatado
- 1 cucharada de mayonesa
- 1/2 cucharada de salsa césar
Capa 1:
-  2 huevos grandes cocidos
- 8 langostinos cocidos
- 1 pepinillo
- 1 cucharada de guisantes muy finos
- 1 cucharada de salsa
Capa 2:
- un tomate
- cebolla
- unas hojas de lechuga

Capa 3:
- 1 zanahoria
- 1 lata de bonito
Para decorar:
- aceitunas, pepinillos, huevo, zanahoria,...
Opcional: sal, aceite de oliva, vinagre.

Yo suelo preparar todos los ingredientes y mezclas antes de empezar a montar el pastel, así luego lo hago en un periquete.

Lo primero será preparar la salsa:
En un bol ponemos el queso batido, la mayonesa (puede ser ligera) y la salsa césar. Removemos bien hasta que se mezclen completamente, y si queremos podemos poner unas gotitas de vinagre.

Para preparar la capa 1, picamos los huevos finamente (podemos dejar alguna rodaja para decorar el pastel), y los mezclamos con una cucharada de guisantes cocidos.
Ponemos también un pepinillo picado (me encanta el toque crujiente) y los langostinos picados en rodajas.
Una cucharada de salsa para amalgamarlo todo, y a remover.
Es importante que todo sea bastante pequeño, para que se una bien y haga "masa".

Para preparar la capa 2 lavamos unas hojas de lechuga, y las cortamos en juliana.
Pelamos el tomate, y lo cortamos en rodajas bien finas.
Si nos gusta la cebolla, podemos ponerle unos aritos finos (yo le pongo).

Para la capa 3, pelamos una zanahoria y la rallamos, y le añadimos una lata de bonito en aceite de oliva.
Mezclamos bien, hasta que el bonito se deshaga.

En esta capa suelo ponerle unas gotas de vinagre de vino blanco, para que contraste con la zanahoria dulce. Le da mucha "vida".


Como ya lo tenemos todo listo, podemos empezar con el montaje.
En un molde o un tupper rectangular ponemos una capa de film, teniendo la precaución de cortar bastante, como para poder envolver todo el pastel una vez esté montado.
Ponemos dos rebanadas de pan de molde y las untamos con salsa. Es importatne no poner poca para que no quede muy seco, pero tampoco pasarnos, ya que resbalaría y se desmoronaría al cortarlo.
Ponemos la mezcla de la capa 1, y repartimos por toda la superficie.

Untamos otras dos rebanadas de pan de molde, y las ponemos con la salsa hacia la capa 1. Untamos entonces la parte superior, y ponemos la capa 2: tomate, cebolla y lechuga.
Repetimos la operación de poner capa de pan de molde con salsa en las dos caras, y ponemos la capa 3: atún y zanahorias.

Por último untamos las últimas dos rebanadas de pan de molde y las ponemos sobre la mezcla.
Envolvemos con el film y guardamos en la nevera al menos un par de horas.


Una vez haya pasado el tiempo de reposo, lo sacamos de la nevera.
Retiramos la parte superior del film y le damos la vuelta sobre un plato o una bandeja.

Si no nos hemos pasado con la salsa, queda un bloque bastante seguro y compacto.

Si hemos reservado algún ingrediente lo utilizaremos para decorar el pastel, aunque también queda muy bonito sin decorar, como un sandwich gigante.
Yo mezclé una cucharada de ketchup con la salsa que me había sobrado para hacer una salsa rosa, y la puse por la parte de arriba del pastel.
Si os gusta muy salseado, podeís ponerle también por los bordes.

Por encima podemos decorarla como prefiramos: zanahoria, pepinillos, aceitunas, huevo cocido, unas hojitas de menta... sea con lo que sea queda muy bonito.


¡Y ya está listo para probarlo!

Os recomiendo cortarlo con un cuchillo para pan, se corta muy fácilmente.

Si queremos que los trozos se mantengan de pie, deben de ser al menos de un grosor de unos 3cm.
Para servirlos tumbados, pueden ser mucho más finos.
Sea como sea, queda muy bonito y sobre todo riquísimo con muy poco trabajo... no se le puede pedir más a una receta.

Como siempre, la última foto, "la del bocado". 

Os invito a probarlo, nunca falla.


sábado, 25 de junio de 2011

PAVLOVA DE FRUTAS DEL BOSQUE


Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de junio nos invita a preparar un clásico de la repostería: la Pavlova .

¿Os habéis imaginado alguna vez cómo sería comer una nube? Pues así es la pavlova! Super suave, blandita, dulce... una maravilla!

Parece ser que la pavlova se inventó a principios del siglo XX en honor a Anna Pávlova, bailarina de ballet clásico.
Australianos y neozelandeses se disputan el haberla creado en su honor... y la verdad es que fuesen quienes fuesen hicieron muy bien su trabajo, no se me ocurre nada que se pueda parecer más a una bailarina de ballet  (y eso que hasta el momento no me he comido a ninguna).


Está formada por una base de merengue horneado, una capa de nata montada y por último fruta fresca.
Tengo que decir que en casa ha habido división de opiniones: a mi me ha encantado, y a "mi contrario" no le ha gustado demasiado. Dice que está bien, pero que "le falta algo".

Me parece perfecta, muy suave y ligera.

¿Que una capa de crema pastelera puede quedarle bien? Sí, de acuerdo, pero ya no sería  lo mismo.
Sería otra tarta, con sensaciones totalmente distintas.

El hecho que la haya hecho de frutas del bosque seguro influyó en su "veredicto", ya que no son de sus frutas favoritas... seguro que si fuese de esa fruta rectangular tan común llamada chocolate, le gustaría más.
Con estas cantidades os saldrán 8-10 raciones.

Ingredientes:
- 6 claras de huevo
- 200gr de azúcar
- 3 cucharadas de té de vinagre de vino blanco
- una pizca de cremor tártaro (opcional)
- 3 cucharadas de té de maicena (harina de maíz refinada)
- 300 ml de nata para montar
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- fruta fresca al gusto

Empezaremos haciendo la base de merengue horneado.

Mezclamos las 3 cucharadas de té de maicena con las de vinagre. Reservamos.

Es una mezcla súper curiosa, cuando la apretamos se vuelve sólida, y al retirar la presión vuelve a ser líquida.
Nunca había probado esto con la maicena, aunque sí que había visto como lo hacían en la tele.

Ponemos las claras (a temperatura ambiente) en un bol grande y empezamos a batir (mejor con batidoras de varillas o un procesador de alimentos, puede ser una odisea hacerlo a mano).

Cuando empiecen a espumar y blanquear, les añadimos los 200 gramos de azúcar y el cremor tártaro.

Debemos batir hasta que estén bien firmes y el azúcar se haya disuelto completamente  (al coger un poquito de merengue y aplastarlo entre dos dedos, no notemos los granillos de azúcar).

Cuando esté en este punto, le añadimos y mezclamos con mucho cuidado la mezcla de vinagre y maicena, incorporándola bien al merengue.


Sobre una bandeja de horno ponemos una lámina de papel de hornear.

Hacemos un círculo con el merengue (podemos dibujarlo antes sobre el papel si queremos que quede bien redondo),  dándole forma con una espátula o una cuchara.

Metemos la base en el horno precalentado a 150ºC durante 15 minutos, y luego bajamos a 110ºC durante una hora y media.

Podemos (de hecho es recomendable) hacer la base el día anterior a disfrutar la Pavlova. Lo ideal es hacerla por la noche y dejarla hasta el día siguiente dentro del horno apagado.

Debe quedar color crema, y crujiente por fuera y blanda por dentro.

Cuando haya enfriado (si la hacemos el día anterior no tenemos problema), podemos seguir con la tarta.

Montamos la nata con las cucharadas de azúcar ( y si queremos un poco de estabilizante, queso crema, agar-agar o lo que solamos utilizar para que la nata no suelte suero y quede bien firme aunque pasen unas horas).

La repartimos sobre la base de merengue horneado, si es posible dándole forma abombada.


Por encima podemos poner las frutas frescas o en conserva que más nos gusten. Yo opté por poner frutas del bosque (fresas, frambuesas y arándanos) porque son pequeñitas, y así no tendría que picarlas y no perderían nada jugo sobre la nata. ¡Y porque me encantan, claro!

Si utilizamos frutas más grandes, que tengamos que picar, lo haremos en el último momento y las pondremos directamente sobre la nata, sin macerarlas con azúcar ni con ningún líquido.

Como decoración final, un poquito de azúcar glas y unas vueltas de molinillo de chocolate y azúcar... di-vi-na!


Según leí investigando recetas para hacer la pavlova, es un postre muy típico de la calurosa navidad del hemisferio sur. Es el remate perfecto para una comida copiosa.

Además es súper "fina", cuando la pruebas te sientes como la Preysler...  ¡sólo falta el mayordomo con la montaña de bombones perfectamente colocados apareciendo al fondo de la escena!.

Os aconsejo probarla ahora que estamos en plena temporada de frutas "ricas" (vaaaale, ricas son todas, pero es que las de verano son muy ricas).

Como siempre, la foto final del corte o el "mordisco"... no me digáis que no dan ganas de probarla! Algodón puro!