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miércoles, 30 de diciembre de 2015

TARTA DE CERVEZA NEGRA Y FRUTOS ROJOS


 
 
¡Acabamos el año por todo lo alto! Sé que hay gente esperando esta receta, así que por fin... ¡aquí está!
 
Esta tarta la hice el mes pasado para el cumple de dos chicas compañeras de "sufrimiento deportivo", y la verdad es que gustó bastante. Incluso me atrevería a decir que mucho.
 
Es una modificación de la archiconocida tarta guinness, para hacerla un poco más festiva y cumpleañera.
 
Con estos ingredientes queda bastante grande, para unas 15-18 personas.
 
He de decir que es tan rica como bonita... perdonadme, ¡es amor de madre!
 
Ingredientes:
 

Para el bizcocho de cerveza y chocolate:
- 375 g. de cerveza negra
- 375 g. de mantequilla
- 110 g. de cacao en polvo
- 600 g. de azúcar
- 375 g. de harina de trigo
- 4 cucharaditas de bicarbonato
- 200 ml de nata para montar
- 3 huevos L
- una pizca de vainilla (opcional)
 
Para la crema de queso y mantequilla:
- 250 g. de mantequilla
- 200 g. de queso crema (tipo philadelphia)
- 250 g. de azúcar glas (125+125)
- 200 ml. de nata para montar
- fresa en pasta
- aroma de arándanos (opcional)
- colorante rosa (opcional)
 
Para el relleno
- 300 g. de frutos rojos (puse 200 de fresas y 100 de frambuesas)
- 300 g. de la crema de queso y mantequilla anterior (los apartamos una vez hecha)
 
Para decorar:
- fruta al gusto
- ganache de chocolate (mitad nata, mitad chocolate)
 
La receta es la misma que había utilizado para estos vasitos de cerveza negra, multiplicando los ingredientes por 1,5.
 
Empezaremos poniendo al fuego la cerveza negra (la receta original es con guinness, pero yo suelo utilizar alguna marca nacional, que es más fácil de encontrar en los supermercados de barrio).
 
Tenemos que calentarla pero sin que llegue a hervir, momento en el que añadimos la mantequilla cortada en trozos pequeños. Removemos constantemente, hasta que se funda por completo.
Retiramos del fuego y reservamos. Esta mezcla huele de maravilla, os aviso.

En un bol tamizamos y mezclamos el cacao, la harina de trigo y el bicarbonato. Añadimos el azúcar y mezclamos bien los 4 ingredientes.

En otro bol batimos los huevos, la nata y la vainilla. 

Añadimos la mezcla de cerveza y mantequilla a la otra mezcla líquida, la de huevos, nata y vainilla, removiendo bien.

Finalmente, incorporamos los ingredientes secos, mezcándolo todo. Como la masa queda muy líquida es muy fácil de hacer, sobre todo si nos ayudamos de unas varillas.
 
No tengo foto del corte, pero la tarta está formada por 5 bizcochos individuales.
 
Este es un bizcocho peculiar, es más fácil hacer dos finos que hacer uno grueso y cortarlo a la mitad, así que os recomiendo utilizar moldes más pequeños.
 
Yo suelo comprar unos de aluminio de un sólo uso, de 20 centímetros de diámetro.
Para desmoldar los bizcochos directamente rompo el molde, así quedan perfectos.
 
Con estos ingredientes, hice 5 bizcochos de 450 gramos cada uno.
 
Horneamos a 180ºC hasta que estén listos, probaremos con un palillo para comprobar el punto.
Al ser la masa tan líquida tardan bastante, unos 25 minutos cada hornada (en mi horno caben sólo 2 de cada vez, así que los hice en 3 tandas).
 
Si hacemos sólo un bizcocho, al menos tardará 50 minutos.
 
Cuando estén listos, retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla.
 
Los bizcochos podemos hacerlos el día anterior a montar la tarta, si los envolvemos bien en papel film, quedan perfectos, y así repartimos el trabajo en dos sesiones más cortas.
 
 
Mientras horneamos los bizcochos, podemos ir preparando la crema de queso y mantequilla.
 
Es importante que todos los ingredientes estén a la misma temperatura a la hora de mezclarlos, ya que si no es fácil que se corte la crema.
 
Batimos la mantequilla, el queso crema y la mitad del azúcar glas con unas varillas (mejor eléctricas, que es mucho rato) durante 5 minutos, hasta que quede una crema muy suave y blanquecina.
Añadimos un par de cucharadas de fresa en pasta, y si queremos, también algún aroma (yo le puse aroma natural de arándanos) y colorante (le puse una gotita de rojo).
Estas dos últimas cosas son totalmente opcionales.
 
En otro bol, montamos la nata con la mitad otra del azúcar. Lo ideal para montar la nata es que esté bien fría, pero en este caso os recomiendo que no lo esté tanto, para que luego se mezcle bien con la crema de mantequilla y queso.
 
Lo dicho: montamos la nata, y la mezclamos con la crema de mantequilla y queso con cuidado. Yo para este paso utilicé una espátula de silicona, es lo que más cómodo me resulta.
 
Separamos 300 gramos de esta crema, y la mezclamos con las fresas y frambuesas picaditas finamente, para el relleno entre bizcochos.
Probamos.
Morimos de placer.
 
 
 
Si hace bastante calor metemos las cremas en la nevera, tanto la de relleno como la de recubrir la tarta, hasta el momento de utilizarlas.
Si la temperatura es más fresca, podemos mantenerlas a temperatura ambiente, si no vamos a tardar mucho rato en montar la tarta.
 
Una vez hayan enfriado del todo los bizcochos, los desmoldamos con cuidado,  y empezamos a montar la tarta.
 
Como los bizcochos son tan jugosos, no hace falta calarlos con almíbar, quedan perfectos así.
 
Para montar y decorar la tarta, os recomiendo poner el plato o bandeja en la que la presentaremos sobre un plato giratorio.
Hay algunos especiales para hacerlo, pero si tenéis poco presupuesto, el que yo tengo de Ikea de madera va perfectamente (se intuye en el primer collage).
 
Ponemos un disco de bizcocho, y sobre éste, 150 gramos de la mezcla de crema y fruta. (1/4 del total de la mezcla que habíamos preparado).
Luego otro bizcocho, otros 150 de crema... y así hasta acabar, la última capa es de bizcocho.
 
Es importante que estén bien alineados unos sobre otros, si hace falta tallaremos un poco con un cuchillo para que no haya bordes salientes, facilita bastante la tarea de cubrir la tarta.
 
Con paciencia y una espátula larga  (puede ser metálica o de plástico) damos una capa fina a nuestra tarta. No hace falta que quede perfecta, ya que la función de esta capa es recoger las migas que se desprenden del bizcocho.
 
Metemos en la nevera al menos una hora, para que la crema endurezca y las migas queden "aprisionadas".
 
Luego damos una capa más gruesa (al gusto) de crema, reservando una parte para decorar si es que aún tenemos ganas de juerga.
 
Si buscáis tutoriales en internet hay gente que lo hace súper rápido... a los que no tenemos práctica nos lleva un buen rato, pero lo dicho, con paciencia y girando, girando, espatuleando espatuleando... al final queda bastante bien.
 
Yo dediqué bastante tiempo a que los bordes quedasen bien, y al final los cubrí con chocolate... ¡tiempo perdido! Pero bueno, así practico, que no me viene mal.
 
Una vez veamos que está cubierta aceptablemente, la volvemos a meter en la nevera, mientras preparamos la ganache de chocolate.
 
 
Para hacerla, calentamos una cantidad de nata (creo recordar que aquí utilicé 75 gramos, pero sobró bastante).
Cuando esté caliente, retiramos del fuego y añadimos el mismo peso de chocolate finamente picado.
En este caso utilicé uno negro al 70% con frambuesa, pero podemos utilizar el que más nos guste.
 
Ponemos en una manga pastelera o en un cono de papel, cortamos un piquito pequeño, y vamos dejando caer gotas por el lateral de nuestra tarta.
 
Finalmente, hacemos con una boquilla rizada unos moñitos con la crema de mantequilla y queso que habíamos reservado, y podemos poner también unas frutas, quedan muy vistosas.
 
Guardamos en la nevera hasta el momento de disfrutarla, o al menos hasta una hora antes, para que la crema esté firme.
 
 
Y no nos queda más que cantar el cumpleaños feliz, soplar las velas, repartir porciones rápidamente y disfrutarla....¡mmmm!
 
Sin duda la repetiré, da un poco de trabajo pero merece totalmente la pena.
 
Rica rica, creo que es de las tartas que más éxito han tenido de las que he hecho hasta ahora.
 
Espero que os guste, y aprovecho también para desearos un feliz comienzo de año, que el 2016 venga cargado de cosas dulces.
 
 

viernes, 26 de diciembre de 2014

TARTA DE CHOCOLATE Y TURRÓN

 
¡Última receta de este año de sequía blogueril! Y publicada con urgencia, para que si alguien necesita estos días una tarta navideña, fácil de hacer, y sobre todo muy rica, la tenga a tiempo.
 
La receta es muy sencilla, es una variación de la tarta 3 chocolates, pero con un toqué más navideño, ya que lleva una capa de turrón de Jijona. ¡Del blando, para entendernos!
 
La había hecho ya hace un par de años, y como gustó bastante decidimos que iba a ser uno de los postres navideños a repetir. De las recetas que se quedan en casa, vamos.
 
Yo la he hecho de chocolate con leche y turrón, pero podemos poner las capas que queramos y de los ingredientes que más nos gusten.
 
El molde mide 28 centímetros, creo que es un buen tamaño para la cantidad de tarta que sale. Si queréis que quede más alta, podéis utilizar un molde más pequeño (22-24 cm)
 
Ingredientes:
Para la base:
- 1 rulo de galletas maría tostadas
- 100 g de mantequilla
 
Para la capa de chocolate:
- 325 ml de leche entera
- 325 ml de nata para montar
- 225 g de chocolate con leche (utilicé Lindt)
- 50 g de azúcar
- 1+ 1/2 sobre de cuajada
 
Para la capa de turrón:
- 325 ml de leche entera
- 325 ml de nata para montar
- 225 g de turrón de Jijona
- 1+ 1/2 sobre de cuajada
 
Para decorar:
- chocolate fundido
 
Empezaremos haciendo la base de la tarta.
Trituramos las galletas (a mi me gustan muy molidas, pero si preferís podéis dejarlas con "tropezones".
Fundimos la mantequilla, y la mezclamos muy bien con las galletas.
 
Ponemos sobre la base del molde que vamos a utilizar (yo utilicé un aro de repostería, así que directamente sobre la bandeja), repartimos por toda la superficie y aplastamos con un rodillo especial, una cuchara o directamente con la mano.
 
Metemos en la nevera para que coja "cuerpo" mientras preparamos la tarta.
 
Medimos la leche y separamos una parte en una taza, en la que disolveremos el sobre y medio de cuajada.
 
El resto de la leche lo ponemos a calentar con la nata. Cuando la mezcla empiece a hervir, bajamos el fuego y añadimos el chocolate cortado en trozos pequeños y el azúcar.
 
Removemos continuamente, para que el chocolate no se pegue y se queme en el fondo.
 
 
Cuando esté disuelto completamente, añadimos la leche con la cuajada. Os recomiendo pasar la mezcla por un colador, ya que a veces queda algún grumo y son muy molestos.
 
Subimos el fuego y removemos hasta que vuelva a hervir, retiramos del fuego unos segundos y luego volvemos a poner el cazo sobre el fuego, siguiendo las instrucciones de la cuajada.
Enseguida vemos como empieza a espesar, y retiramos del fuego definitivamente.
 
Removemos un poco más para que baje la temperatura, y vertemos sobre la base de galleta.  Yo suelo poner una cuchara con la parte cóncava hacia arriba al verterla, para que el líquido no caiga muy fuerte sobre la base de galletas y la levante.
 
Reservamos en un lugar fresco o en la nevera, para que mientras preparamos la siguiente capa solidifique lo necesario.
 
 
La capa de turrón la haremos de forma muy parecida:
 
Medimos la leche y separamos una parte en una taza, con la que mezclaremos la cuajada, asegurándonos de que están bien mezcladas.
 
El resto de la leche lo ponemos a calentar con la nata de montar.
 
Cuando empieza a hervir, añadimos el turrón y batimos con una batidora. 
La verdad, no sé si se podría mezclar ya desde el principio, pero por si se pegaba al cazo, yo lo mezclé al final, para que no estuviese mucho tiempo al fuego.
 
Cuando empiece a hervir de nuevo, añadimos la mezcla de leche y cuajada. Removemos hasta que vuelva a burbujear, retiramos del fuego unos segundos (yo no paro de remover, no sé si es necesario o no) y luego volvemos a poner al fuego.
Empezará a espesar, y cuando vuelva a hervir, lo retiramos del fuego definitivamente.
 
Si la capa de chocolate está lo suficientemente cuajada como para aguantar el peso de la de turrón sin mezclarse, vertemos esta última sobre la primera (misma operación con la cuchara, para que no caiga con fuerza sobre el chocolate, hay peligro de que se mezclen)
 
Normalmente suelo hacer unas marcas con un tenedor sobre la parte superior de cada capa antes de añadir la siguiente, para que se peguen mejor y una no deslice sobra la otra, pero esta vez con las prisas se me pasó y quedó muy bien, no hubo ningún problema de estabilidad.
 
¡Y la tarta está lista, así de fácil y rápido!
 
Esperamos a que pierda un poco de calor, y la metemos en la nevera hasta que vayamos a decorarla y/o comerla.
 
 
Desmoldamos, y si le vamos a poner algo de decoración, es el momento.
 
No tenía nada previsto ni pensado para decorarla, así que tuve que improvisar sobre la marcha: unos copitos de nieve en chocolate fundido,  unos puntitos, mensaje navideño... ¡y ya!
Es lo que tiene dejarlo todo para el último día, que luego te pilla el toro y no hay ya nada que hacer.
 
Se pueden hacer con un cucurucho de papel, una manga pastelera de plástico, o con una boquilla, que es lo que yo hice (boquilla nº 2 de wilton).
 
Los del lateral de la tarta los hice sobre una bandejita plana con un film de cocina, que luego llevé al congelador para poder despegarlos y moverlos a la tarta.
 
Como os decía al principio, si no tenéis nada decidido para estas próximas comilonas os recomiendo probar esta tarta. Es contundente, pero muy muy rica. Sin duda os va a gustar.
 
Es una tarta que gana con el paso de los días, yo os recomiendo al menos hacerla el día antes de disfrutarla. ¡Si son dos, mejor que mejor!
 
¡Ah! Y que esté bien fresquita, que está mucho más buena también.
 
 
Y con esta entrada acaba el 2014... que no ha tenido mucha cantidad de recetas pero sí calidad (ya lo digo yo todo, no tengo abuela, ajajajaj)
 
Felices fiestas, y que empecemos todos el 2015 con muy buen pie.
 
Un abrazo fuerte para todos y muchas gracias por acompañarme otro año más en esta aventura.
 

martes, 14 de octubre de 2014

VASITOS DE CERVEZA NEGRA


Esta es una receta que no sé por qué no había publicado antes, ya que la he hecho unas cuantas veces y nos encanta.

La receta es de Nigella y la compartió hace ya unos años food and cook. Como os decía la hago a menudo y no falla.

Además está de plena actualidad, últimamente no hacen más que aparecer "trampantojos" culinarios por todas partes.
Y es que si hacemos esta tarta en versión original (bien en estos vasitos o en jarras pequeñas de cerveza)  queda muy parecida a una cerveza negra con su capa de blanca y densa espuma.


Normalmente suelen hacerse con cerveza Guinness (de hecho es conocida como tarta Guinness), pero se puede hacer perfectamente con cualquier otra cerveza negra (esta era Mahou, si no recuerdo mal).

Pero no pongáis cara de disgusto si no sois fans de la cerveza negra... yo no bebo ni cerveza rubia y esta tarta me encanta, no sabe para nada a cerveza. O al menos yo no lo noto. ;)

Está compuesta por dos partes: un bizcocho denso, con un intenso sabor a chocolate, que imita a la cerveza, y una estupenda crema de queso, la "espuma" que suaviza a la perfección la base de chocolate.

Se puede hacer en un molde normal o en individuales, como prefirais. Las dos versiones son muy vistosas e igual de ricas.

Ingredientes:
Para el bizcocho de chocolate:
- 250 g. de cerveza negra
- 250 g. de mantequilla
- 75 g. de cacao en polvo
- 400 g. de azúcar
- 250 g. de harina de trigo
- 2,5 cucharaditas de bicarbonato
- 140 ml de nata para montar
- 2 huevos L
- una pizca de vainilla (opcional)
- colorante negro (opcional)

Para el frosting:
- 300 g. de queso crema (tipo Philadelphia)
- 150 g. de azúcar glas
- 360 g. de nata para montar

Empezaremos poniendo la cerveza en un cazo a calentar lentamente, sin que llegue a hervir.
Cuando esté caliente, añadimos la mantequilla cortada en trozos pequeños y removemos constantemente, hasta que se funda por completo.
Retiramos del fuego y reservamos. Esta mezcla huele de maravilla, con un montón de matices.

En un bol tamizamos y mezclamos el cacao, la harina de trigo y el bicarbonato. Añadimos el azúcar y mezclamos bien los 4 ingredientes.

En otro bol batimos los huevos, la nata y la vainilla. Si queremos que la tarta quede negra-negra, deberemos añadir una gotita de colorante negro (ojo, la mezcla queda con un color marrón grisáceo extraño, pero en el horno luego se arregla).
Si no se lo añadimos quedará marrón chocolate, pero al hornear no conseguiremos un negro intenso. 

La verdad es que no suelo añadirle, sólo esta vez para sacarle las fotos, pero lo normal es no ponérselo.

Añadimos la mezcla de cerveza y mantequilla a la otra mezcla líquida, la de huevos, nata y vainilla, removiendo bien.

Finalmente, incorporamos los ingredientes secos, mezcándolo todo. Como la masa queda muy líquida es muy fácil de hacer, sobre todo si nos ayudamos de unas varillas.


Vertemos en un molde grande o en los individuales, e introducimos en el horno precalentado a 180ºC.

Al ser tan líquida la masa tarda bastante, unos 50 minutos en versión familiar y 30 en individual.
Como siempre, cada horno es un mundo, así que lo que no falla es pinchar con un palillo o un cake tester y comprobar que sale limpio.

Una vez está listo, lo dejamos enfriar por completo antes de añadir la cobertura, ya que si aún está caliente lo fundiría y se desparramaría sin solución posible.


Para hacer el frosting (imprescindible hacerlo, complementa al bizcocho a la perfección) mezclaremos el queso crema con el azúcar glas.
Podemos añadir (si somos muy fans, yo lo soy) una pizca de vainilla, le queda genial.

Montamos la nata, y la mezclamos poco a poco con la crema de queso.

Cubrimos la base de chocolate con la cobertura de queso y nata... ¡y a sufrir hasta catarla!


Cuando está recién hecha el bizcocho queda más esponjoso, pero según va pasando el tiempo va asentando y compactando... una delicia de ambas formas.

Si aún no habéis probado esta tarta os animo a hacerlo, otra de esas recetas relación esfuerzo-resultado de las que a mi tanto me gustan.

 
Y si queréis hacerla para una ocasión especial, podéis dejarla así de bonita con un poquito más de trabajo.
 
Esta tarta la hice para el cumple de mi prima Sonia hace ya un par de años, y tuvo mucho éxito.
 
Por dentro son 3 bizcochos de cerveza guinness  (su cumple coincidió con la vendimia y éramos un montón de gente) y a la cobertura le puse aroma de algodón de azúcar y colorantes azul y amarillo para conseguir este color tan "in".

Para el relleno utilicé la misma crema, una fina capa entre bizcocho y bizcocho, para que aguantase el peso total.
 
Con una espátula y una manga ( y algo de paciencia) así quedó el resultado final.
 


lunes, 14 de octubre de 2013

TARTA DE QUESO, BAILEYS Y CHOCOLATE

 Lo dicho en la anterior entrada... unos meses de sequía, pero aquí estamos de vuelta, y con una tarta más que estupenda para celebrarlo.

Es otra tarta sólo para adultos, con un sabor muy marcado a crema  de whisky y ese lujurioso chocolate brillo espejo... una pasada.

La receta de la cobertura espejo es de Esther, de una de mis webs favoritas: chocolatisimo. Supongo que la conoceréis, pero si no es así tenéis que visitarla sí o sí, es una super crack.
Soy super fan de su web y de su persona, y por supuesto de sus obras de arte comestibles.

Con las cantidades que os pongo me ha salido la tarta de las fotos de 20cm de diámetro, 6 girasoles individuales y (ejem) parte que se derramó por la encimera y la mesa, así que si hacéis sólo una tarta sale bien grande, de unos 2 kilos de peso. 

Ingredientes:
Para la base de galleta:
- medio rulo de galletas maría
- 50g  de mantequilla fundida

Para la crema de queso y licor:
- 600ml de nata para montar
- 400g de queso crema
- 100g de azúcar
- 285ml de crema de whisky
- 200ml de leche
- 2 sobres de cuajada en polvo

Para la cobertura de brillo espejo:
- 130ml de agua
- 200ml de nata para montar
- 170g de azúcar
- 55g de cacao en polvo
- 6g de gelatina en hojas 

Empezaremos preparando la base de galleta: trituramos las galletas (mucho más cómodo si es con una picadora, pero también puede ser a mano) y las mezclamos con la mantequilla fundida.

Las ponemos sobre la base del molde desmoldable o aro que vayamos a utilizar, y aplastamos hasta compactarlas bien.

Reservamos en la nevera.


Para hacer la crema de queso y baileys (vale cualquier marca de crema de whisky, pero de las que he probado esta es la que más me gusta).

En un cazo ponemos la nata, el queso crema (queso de untar tipo philadelphia), el azúcar y la crema de whisky al fuego.
Removemos bien, y si vemos que queda algún grumo de queso, metemos la batidora sin miedo para deshacerlo.

En una taza aparte ponemos los 200ml de leche, y deshacemos los dos sobres de cuajada. Removemos bien, ya que es difícil que se hidrate por completo.


Cuando la mezcla del cazo empiece a hervir, añadimos la leche con cuajada (os recomiendo pasarla por un colador fino por si queda algún grumillo).

Removemos constantemente, hasta que vuelva a hervir. Cuando lo haga, retiramos el cazo del fuego y seguimos removiendo unos segundos.
Volvemos a poner el cazo al fuego, y cuando vuelva a hervir nuestra crema está lista.

Retiramos del fuego, y seguimos removiendo un rato, para que pierda temperatura.

Vertemos sobre la base de galletas, veremos como enseguida empieza a cuajar. Es muchísimo más rápida que si la hacemos con gelatina neutra.

Aquí empezó mi odisea, el aro que estaba usando estaba muy flojo y se abrió un poco... así que la mezcla empezó a derramarse por la base... ¡menudo apuro me llevé!

Pero bueno, al final conseguí salvar casi toda la mezcla y pude hacer un apaño. Para los que luego me decís que os pasan cosas raras, que veáis que nos pasa a todos, por muchas tartas que hayamos hecho en nuestra vida.


Como os decía al principio además de hacer la tarta hice 6 girasoles en molde de silicona. En este caso el procedimiento es al revés, primero ponemos la crema y cuando haya endurecido le ponemos encima las migas de galleta, para que al desmoldar queden perfectas.

Llevamos la tarta (las tartas en este caso) a la nevera, y la dejamos un par de horas hasta que esté completamente firme.

Como tenía miedo de que al ponerle la cobertura por encima se derritiese las congelé, y creo que fue parte de mi segundo error.


 Pero ahora vamos con la receta lujuriosa de chocolate espejo, luego os sigo contando.

 En un cazo ponemos al fuego todos los ingredientes a fuego fuerte excepto las hojas de gelatina, que debemos ponerlas a hidratar en agua fría.

Removemos a menudo para evitar que se pegue al fondo. Cuando empiece a hervir bajamos un poco el fuego, y dejamos que hierva unos 10 minutos. Si tenéis termómetro, hasta que alcance los 103ºC).

Si metemos una cuchara y la miramos por la parte convexa veremos que la cobertura tiene un brillo impresionante, y que casi no gotea por los laterales de la cuchara. Está casi lista.

Apartamos del fuego y dejamos enfriar unos 5 minutos (hasta que baje hasta los 60ºC).
Escurrimos las hojas de gelatina, y las incorporamos una a una removiendo para disolverlas por completo.

Volvemos a dejarla un ratito hasta que esté a unos 30ºC, la temperatura ideal para utilizarla.

Colocamos la tarta sobre la rejilla para bañarla, es la forma más fácil de hacerlo. Yo os recomiendo poner un bol o una bandeja para recoger la cobertura sobrante, poner la rejilla encima y sobre ésta la tarta.
Vertemos directamente la cobertura desde el cazo, dejando que caiga por los laterales y moviendo la rejilla un poquito para eliminar el exceso.


Ahora os contaré mi segundo error: como la tarta estaba congelada, la cobertura en cuando tocaba la tarta se quedaba "clavada" y casi no escurría. Tenía que haber estado un poco más rápida, para la próxima intentaré conseguir un acabado perfecto.

Como quedaba muy irregular, le hice con una cuchara la espiral en la parte superior, de estar mal que pareciese que era intencionadamente ;)
Creo que no hubiese hecho falta congelarla, la textura es mucho más firme que la de una mousse.

Para bañar los girasoles (que también estaban congelados) decidí calentar un poquito la cobertura, para que estuviese mas líquida y escurriese mejor.  Y la verdad es que quedó una capa más fina y mejor distribuida, con mejor aspecto que la de la tarta.

Llevamos a la nevera, la cobertura no perderá nada de brillo y seguirá igual de perfecta. Queda con una textura y un sabor genial, ¡otra de esas recetas que guardo para mi para siempre!


Para decorar no se necesita nada más, el brillo es tan bonito que es más que suficiente.

Como íbamos a cenar a casa de una amiga decidí ponerle unas mini perlitas y purpurina plateada para darle un toque un poco más lujoso. No sé si mejoró o empeoró, pero bueno, a lo hecho pecho.

Si os gusta la crema de whisky tenéis que probar esta tarta, queda impresionante. La combinación de galleta, la crema y la cobertura de chocolate es perfecta.
Por supuesto puede hacerse con cualquier crema (hace tiempo probé una de chocolate y cerezas que seguro que es perfecta para hacer una tarta de este tipo).

Os animo a probarla, si lo hacéis ya me contaréis.


miércoles, 31 de julio de 2013

TARTA MONSTRUO (CELEBRACIÓN)


Pues sí... ¡estos días estamos de celebración! ¡1.000.000 de visitas! Y como digo siempre, cualquier ocasión es buena para meterse en la cocina, así que este milloncejo había que celebrarlo con una tarta sí o sí.

Hace cuatro años, unos pocos días después de que naciese este blog, el de La Casita Verde de Alegna celebraba 2.000.000 de visitas con unos cupcakes de fresa.
Por aquel entonces los cupcakes eran super novedad, y me gustó mucho la forma de presentarlos con los numeritos encima y el spray rosa (que era casi ciencia ficción en el 2009).
Por no hablar de lo increíble que me parecía llegar a tener 2.000.000 de visitas.

Es una entrada que se me quedó grabada, de esas que después de ver miles y miles de recetas sigues recordando.  Además, a modo de cuento de la lechera, pensé: cuando cumpla 1.000.000 lo celebro yo también.

¡Y ni cuento de la lechera ni leches, el día ha llegado! Estuve muy tentada a hacer lo mismo, a modo de pequeño homenaje a ese gran blog que nos sirvió de inspiración a tantos blogueros, pero creo que lo voy a dejar para (si algún día llegan) los 2.000.000.

Después de barajar varias opciones, me decidí por esta tarta, que tenía muchísimas ganas de hacer para una ocasión especial como esta.
La inspiración como (casi) siempre: las imágenes de google. Poniendo monster cake salen un montón chulísimas, de todas las formas y colores.

Hice un bizcocho muy pequeñito (de 15 cm de diámetro y 6 de alto), pero podéis hacerla con vuestra receta favorita de  bizcocho y de cualquier tamaño.

Incluso hay algunas de 2 pisos, quedan genial también, con un monstruíllo sobre otro.

Ingredientes:
Para el bizcocho:
- 2 huevos
- su mismo peso en mantequilla
- su mismo peso en azúcar
- su mismo peso en harina de trigo
- una cucharada de moka de levadura química (tipo Royal)
- vainilla en pasta (opcional)

Para rellenar:
- salsa de frambuesa (o mermelada)
- almíbar para calar

Para la crema de mantequilla:
- 250 g de mantequilla
- 325 g de azúcar glas
- colorante alimentario
- vainilla en pasta o cualquier aroma alimentario

Para decorar:
- palitos de chupa chups o bizcobolas
- bolas de chicle
- fondant (blanco y negro)

Empezaremos haciendo el bizcocho. Esta es una receta de un clásico bizcocho cuatro cuartos, siguiendo los pasos del 1080 Recetas de Cocina de Simone Ortega.
Este bizcocho es un poco compacto para mi gusto, pero tiene un punto a su favor enorme: podemos hacerlo muy fácilmente de cualquier tamaño.
Como hay que pesar los huevos (yo lo hago una vez cascados) y luego añadir del resto de ingredientes principales la misma cantidad, puede hacerse de 1 huevo o de 2 docenas. Siempre queda bien.

Es importante que los ingredientes estén a temperatura ambiente, para que se mezlcen bien y el bizcocho quede homogéneo.

Separaremos las yemas de las claras, y montaremos estas últimas.
Cuando estén bien firmes, añadimos las yemas batidas.
Luego la mantequilla (importante la temperatura, si está fría no se mezclará y luego quedarán huecos en el bizcocho), el azúcar,  la vainilla (si le ponemos) y por último la harina tamizada con la levadura.

Removeremos entre cada ingrediente muy suavemente, para evitar que se pierda el aire de las claras.

Vertemos la mezcla en un molde engrasado, y lo llevamos al horno precalentado a 180ºC.
El mío tardó unos 35 minutos, aunque como siempre os digo cada horno es un mundo.

Para comprobar si está, haremos la prueba del palillo (pinchamos en el centro y el palillo tiene que salir limpio, sin restos de masa cruda).
Cuando esté listo, lo retiramos del horno y lo dejamos enfriar sobre una rejilla.

Cuando el bizcocho haya enfriado del todo, podemos partirlo a la mitad y rellenarlo con lo que más nos guste.
Yo en principio no iba a rellenarlo, pero al final me pareció demasiado alto como para ir entero y tuve que improvisar: un almíbar ligero (1/3 de agua, 1/3 de ron y 1/3 de azúcar al fuego durante unos 10 minutos) y una capa de salsa de frambuesa (valdría también mermelada, nutella, crema de mantequilla... cualquier cosa rica rica).


Para la crema de mantequilla (también conocida como buttercream) puse la mantequilla y el azúcar glas unos 6-7 minutos en un robot de cocina con una varilla globo, pero se puede hacer con una  batidora con varilla o  incluso una de mano sin problema.
Eso sí, otra vez importante que la mantequilla esté blandita, si no no se mezclará con el azúcar.

Cuando veamos que la mezcla está muy suave y cremosa, podemos añadir nuestro aroma y colorantes al gusto.
Yo le puse aroma de arándano (que me encanta, todo un descubrimiento) y colorantes naranja y rojo.

Con estas cantidades que os pongo sobra bastante para este tamaño de tarta, yo creo que serían perfectas para una de 3-4 huevos.

Como no estaba segura de si los "pelillos" taparían toda la tarta, primero le di una capita de crema de mantequilla al bizcocho.
Fina y sin pararme demasiado, simplemente para que entre los huecos de los pelos no se viese el color del bizcocho.  La verdad es que fue una buena idea, así luego pude hacer super rápido el acabado peludo, sin tener que ir rellenando toda la base.

Para hacer los pelos utilicé la boquilla 233 de Wilton, la que es especial para césped. La había comprado hace tiempo para hacer unos cupcakes de triki, que también quedan genial.

No hay más que poner la boquilla en la manga, rellenar con la crema de mantequilla e ir haciendo pequeñas matas de pelo, orientándolas en distintas direcciones para dar un acabado más natural.
Podemos si queremos también hacer un monstruíllo recién salido de la pelu,  si las orientamos todas hacia el mismo lado. Queda genial sea como sea.

Me sorprendió lo rápido que se hace este acabado, al principio iba con miedo porque no sabía como iba a quedar, pero una vez que ves lo bien que queda, avanzas a muchísima velocidad. Y lo bueno es que como es un acabado imperfecto, si por lo que sea tienes un fallo, retiras con un cuchillo o una espátula un trozo y vuelves a rellenarlo. No se notan nada los retoques.

Si véis que con el calor la crema de mantequilla está demasiado blanda y los pelos no quedan bien, la metéis unos minutos en la nevera y a seguir con el trabajo.


Para hacer los ojos utilicé unas bolas de chicle clavadas en palitos de bizcobola. Iba a hacerlos de fondant, pero luego se me ocurrió lo de los chicles y es mucho más cómodo (y rico).

Unas pupilas y unas pestañas de fondant negro, un reflejo en blanco, y nuestros ojos están listos.

Los clavamos como más nos guste en la tarta, de forma ordenada o a sentimiento, como prefieramos: lo hagamos como lo hagamos va a quedar genial.

Para la boca lo mismo: una sonrisa de fondant con las paletas bien marcadas, quedan muy simpáticas.

¡Y nuestra tartita monstruo está lista! Como podéis ver, es muy sencilla, y super vistosa. Además no hay más que verlo, es un monstruíllo de buen corazón: es un cacho de pan (o mejor dicho en este caso, un cacho de bizcocho).


Despues de toda la parrafada, quiero daros las gracias por cada una de vuestras visitas y comentarios.

Si hace 4 años (cuando estaba aún en pañales) me hubiesen preguntado por el futuro del blog, creo que ni me habría imaginaginado seguir publicando 4 años después, visitando asiduamente blogs de compañeros que han pasado a ser amigos y sobre todo ilusionarme cada vez que busco una nueva receta para probar y compartir.

Y todo es gracias a vosotros, cuando me mandáis una foto de vuestras obras de arte o cuando me decís que habéis probado tal o cual receta, es una inyección de fuerza que acumulo para cuando flaqueo (que los que tenéis un blog sabéis que pasa de vez en cuando).

Nada más por hoy, espero que dentro de unos añitos estemos aquí celebrando con unos cupcakes de fresa los 2.000.000 de visitas...¡y con la misma sonrisa! (pasaré lista, no faltéis).


jueves, 30 de mayo de 2013

TARTA TERCIOPELO ROJO (RED VELVET LAYER CAKE)


Otra de nuestras tartas favoritas. Y además ganando posiciones, cada vez que la hago nos gusta más.

El nombre de terciopelo rojo le viene genial, es suave y aterciopelada, y muy llamativa a la vista.

No sé si os habéis fijado, pero en muchas series y programas de televisión estadounidenses cuando sale una tarta de boda suele ser una red velvet... y no me extraña, es preciosa y está buenísima.

En cuanto vi la de Encarsbakery me quedé prendada, decorada con fresas y arándanos... para morirse. Ella utilizó la receta de El Rincón de Bea,  expertísima en este tipo de tartas.

El color rojo intenso hoy en día se consigue con colorante, pero si queréis ser fieles a la receta original podéis hacerla siguiendo esta de Sandra, en la que utiliza remolacha.
O hacerla sin colorante, el sabor será el mismo y los bizcochos como llevan cacao seguro que quedan muy chulos, contrastarán también con la crema de queso.


No hace mucho que empecé a hacer estas tartas de pisos (layer cakes)  haciendo cada bizcocho por separado, y hay muchísima diferencia con respecto a hacer uno sólo y partirlo.
Al ser bizcochos finos se hornean muy rápidamente, con lo que conseguimos que los bordes queden tan blandos como el interior, y nada secos.
Además al no tener que cortarlos, nos aseguramos que no lo llenamos todo de migas, que en esta tarta con el color que tienen son muy llamativas.

Quedan genial tanto para dejarlos a la vista como para cubrirlos, son todo ventajas.

El único punto negativo es que tenemos que tener tres moldes de igual tamaño, o como yo utilizar moldes desechables de aluminio.
Estos son de 20 cm de diámetro, caben los 3 a la vez el en horno.

Ingredientes:
- 125g de mantequilla
- 275g de azúcar
- 2 huevos
- 280g harina de repostería
- 15g de cacao en polvo
- 1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
- 1 cucharadita de bicarbonato sódico
- una pizca de sal
- 240 ml buttermilk
- una cucharadita de vinagre de vino blanco
- colorante rojo (le puse en pasta)
- vainilla (le puse en pasta)

Para la crema de queso:
- 125g de mantequilla
- 350g azúcar glas
- 400g de queso crema (tipo philadelphia)
- vainilla (le puse en pasta)

No sé si habéis probado alguna vez los bizcochos hechos con buttermilk (suero de mantequilla)... a mi me tienen totalmente conquistada.  Quedan con una textura genial, tardé tiempo en probarlos pero ahora soy muy fan.
En algunas recetas veréis que se puede conseguir algo parecido al suero de mantequilla mezclando leche con unas gotitas de limón, pero si en la receta necesitamos suero y matequilla como en esta del red velvet, os recomiendo hacerlos en casa, no puede ser más fácil.

Ponemos a montar medio litro de nata y  batimos hasta que se corte y se separen por completo la mantequilla y el suero. Tarda unos minutos, sobre todo si la nata está fría.

Dependiendo de la materia grasa de la nata os saldrá más cantidad o menos de mantequilla, yo utilicé la de la central lechera asturiana  y me salieron 250g de mantequilla y otros tantos de buttermilk, perfecto para esta receta.

Como lo ideal es hacer los bizcochos un día y al siguiente montar la tarta, utilizaremos 125g de la mantequilla y guardaremos el resto en la nevera para el frosting de queso.


En un bol mezclaremos los 240g de suero, la cucharadita de vinagre, la vainilla y el colorante rojo.
Yo le puse una chucharadita de extra red de sugarflair, en pasta.

En un cuenco aparte tamizamos la harina, el cacao, la sal, la levadura y el bicarbonato.

En un tercer bol batimos la mantequilla y el azúcar hasta que blanqueen y queden esponjosos.
Añadimos los huevos uno a uno, teniendo en cuenta como siempre que hay que esperar a que el primero se mezcle bien antes de agregar el segundo.

Añadiremos los ingredientes secos que habíamos tamizado en 3 veces, y los líquidos en dos, alternándolos entre ellos.
Empezaremos con un tercio de los sólidos, mezclando hasta que se integren bien.
Luego la mitad de los líquidos, otra vez mezclando completamente.
Así hasta que acabemos los ingredientes, que será con la última tanda de sólidos.

Como la tarta lleva cacao no conseguiremos un rojo muy vivo, tenderá a oscurecerse un poco e incluso un poco más durante el horneado.
Si queremos conseguir un rojo-rojo, le pondremos muy poquito cacao (5 gramos)  o incluso ninguno. Aunque os recomiendo ponerle los 15 gramos, queda genial.

Esta es de las pocos fotos en la que conseguí que el rojo se viese como realmente queda, en las otras se ve más oscuro para que la crema de queso no quedase muy sobreexpuesta, cual servidora el primer día  mes de playa.


Dividimos la masa en 3 partes iguales, para que los 3 bizcochos queden idénticos.
Lo más fácil para hacerlo es pesar el bol en el que vayamos a hacer la mezcla antes de empezar.
Volvemos a pesarlo al acabar, y ya sabremos exactamente lo que pesa la masa del bizcocho.
Dividimos esta cantidad entre 3 (o el número de bizcochos que vayamos a hacer) y los vamos pesando al verter la masa en los moldes.

Horneamos a unos 170ºC, con el horno precalentado, como siempre. En mi caso tardaron unos 15 minutos, pero dependiendo del horno y del tamaño del molde el tiempo variará.
Cuando estén listos, los sacamos del horno y los dejamos enfriar sobre una rejilla.

Los míos quedaron con barriga, se ve que tenía el horno demasiado caliente cuando los metí, pero luego se disimula muy bien con el frosting, no hay problema.

Cuando estén bien fríos, los desmoldamos con cuidado y los envolvemos en film. Si podemos los dejamos reposar toda la noche en la nevera, ganarán un montón en textura.


Para preparar la crema de queso, batiremos todos los ingredientes hasta que se forme una crema suave.
Es muy importante que la mantequilla esté a temperatura ambiente, ya que si no no se mezclará y quedarán un montón de grumos en la crema.
Os recomiendo por si acaso batir primero la mantequilla con el azúcar, y cuando estén en su punto añadir el queso y la vainilla, así seguro que no falla.

Para montar la tarta, dividiremos la crema de queso en 3 partes iguales.
Yo hago lo mismo que con el bizcocho, peso el bol antes de empezar y luego para cada capa retiro sobre la báscula el tercio del peso total.


Esta forma de presentar las tartas es muy vistosa y sobre todo muy fácil y rápida de hacer, al no cubrir los laterales.

Ponemos sobre un plato o cake stand el primer bizcocho. Luego una capa de crema de queso, repartiéndola por toda la superficie.
Luego otro bizcocho,  la segunda capa de crema, el tercer bizcocho y por último remataremos con la crema de queso.
Podemos alisarla con un cuchillo o si no queréis complicaros, con la parte convexa de una cuchara queda muy bien, haciendo una espiral en la superficie.

Podemos dejarla tal cual o decorarla con fruta, fideos de chocolate, o sprinkles como en mi caso (le puse non pareils rojos y unas perlitas plateadas).

A nosotros esta tarta nos gusta un poco más según van pasando los días. El primero está buena, el segundo mejor y el tercero ya de morirse. Nunca ha pasado del tercero, pero seguro que el cuarto todavía gana.

No se parece a ninguna otra, es una tarta con sabor y apariencia únicos. Perfecta.


martes, 10 de julio de 2012

VASITOS DE QUESO, CHOCOLATE BLANCO Y FRAMBUESAS


¡Frambuesas de cosecha propia! Agricultora López, vais a tener que llamarme a partir de ahora!
Ya sé, ya sé, no es que tenga mucho mérito cultivar frambuesas, que se cuidan ellas solas... pero entendedme, son mis niñas y me hacía mucha ilusión enseñároslas.
Estas fueron las primeras cogidas este año, a ver si hay suerte y los lindos pajaritos me dejan disfrutar de las que quedan.

Estuve dudando qué hacer con ellas, y al final opté por un clásico que nunca falla: la tarta de queso. Siempre queda bien, aguanta perfectamente el paso de los días, facilísima de hacer y además bonita... no se le puede pedir más!
Como iba a hacer poca cantidad, decidí ponerla en estos vasos de chato, que le dan un toque muy chic a los postres y tienen el tamaño perfecto.

Esta vez por cambiarla un poco le puse chocolate blanco a la crema de queso, y nos gustó mucho como quedó... combina genial con las frambuesas. Eso sí, no utilicé ni un gramo de azúcar, para compensar.


Y sé que os van a encantar esos corazones de chocolate tan bonitos. Tengo que agradecérselos a mi amiga Patt, de cocinando para lola (y ahora también para julia, no nos olvidemos). Todo lo que diga  de ella se queda corto, desde el principio hubo muy buena conexión entre nosotras, y con el paso de los años se ha convertido en mi "amada patricia".
La mayoría ya conoceréis su blog, pero a los que no tenéis el placer os invito a entrar en su cocina... os quedaréis para siempre.

Como vive en un paraíso guiri, me envía a menudo un montón de cosas extrañas que a veces incluso tengo que buscar en internete qué son. El día que llega un paquete suyo es como si viniesen los reyes... ¡sorpresa tras sorpresa! ¡Qué nervios!
Y en uno de esos paquetes venía un transfer con este dibujo tan chulo... estaba deseando usarlo, y creo que en este postre ha sido todo un acierto.

Nos encanta visitar blogs y páginas web a la vez, comentando las recetas... y creándonos nuevas necesidades vitales. Que si la pani, que si la heladera, ahora quiero una bandeja para no sé qué, luego unas plantillas... menos mal que la visa no acompaña a nuestros pensamientos, y se queda casi todo en una "fantasía teléfonica".

En fin, ¡al lío!

Ingredientes:
Para la base
- 8 galletas digestive
- 50 g de mantequilla

Para la crema de queso:
- 150 ml de nata para montar
- 100 g de chocolate blanco
- 150 g de queso crema
- 3 hojas de gelatina neutra
- unas frambuesas

Para la cobertura:
- frambuesas
- gelatina de frambuesa

Para decorar:
- transfer de azúcar
- chocolate blanco


Con estas cantidades que os pongo me salieron estos 4 vasitos de las fotos.

La receta es muy parecida a la que suelo hacer (aquí tenéis la receta original), pero cambié el azúcar por chocolate blanco, que me encanta.

Por supuesto se puede hacer más cantidad, o hacer una tarta normal. Estas recetas que no llevan horno pueden variarse de cantidad y forma sin temor, siempre quedan bien.

Empezaremos haciendo la base de galletas.

Lo primero será triturarlas. Yo si es mucha cantidad lo hago a máquina, con una picadora, pero como esta era tan poca cantidad, lo hice a mano, que da mucho menos trabajo que luego lavar la picadora.
Las metí en una bolsa de plástico de congelar, y puse la bolsa entre un paño de cocina doblado en dos. Luego unos golpes y unas pasadillas de rodillo, y quedan hechas polvo... ¡literalmente!
Lo del paño está muy bien, porque evita que se pique la bolsa, y así no manchamos ni desperdiciamos nada de nada.

Fundimos la mantequilla sin que llege a hervir, y la mezclamos con el polvo de galletas.
Dependiendo de lo grasas que sean las galletas necesitarán más o menos mantequilla, os recomiendo ir tanteando hasta que veamos que al apretar un puñadito de mezcla mantiene la forma sin desmigarse.

Repartimos entre los vasitos, y aplastamos con una cuchara o directamente con la mano, si hacemos una tarta más grande.

Reservamos en la nevera, para que vaya endureciendo.


Lo siguiente será la crema de queso.

Ponemos a hidratar las hojas de gelatina en agua fría.

Mezclamos el chocolate blanco con la nata, y los calentamos hasta que el chocolate se funda. Podemos hacerlo en un cazo al fuego o en un recipiente apropiado al microondas, como prefiramos.

Cuando esté fundido, escurrimos la gelatina y la añadimos a esta mezcla caliente, removiendo hasta que se disuelva continuamente.

Como os decía al principio no le puse nada de azúcar. Para mi gusto así quedaron perfectos, pero si os gustan las cosas muy dulce podéis añadirle una cucharada o dos a la mezcla.

Reservamos hasta que haya enfriado hasta temperatura ambiente.

Cuando haya perdido el exceso de calor, añadimos el queso y mezlcamos bien con una batidora o unas varillas.

Llenamos los vasitos con esta mezcla hasta la mitad, ponemos 2 ó 3 frambuesas en el centro y cubrimos con el resto de crema.
Podríamos mezlcarlas antes, pero así quedan enteras y no tiñen la masa, sorpresa total hasta el último momento.

Guardamos en la nevera hasta que haya cuajado, si es una tarta tardará unas 4-5, pero estos vasitos en un par de horas ya estaban perfectos.


Para la cobertura podemos poner mermelada, sirope, fruta fresca, gelatina... lo que más nos guste.
Yo suelo ponerle mermelada o gelatina, cualquiera de las dos nos encanta.

Esta vez le puse unas frambuesas enteras y gelatina de frambuesa. Con medio paquete es suficiente.

Si le ponéis gelatina, os recomiendo esperar hasta que haya perdido el exceso de calor para ponerla sobre la tarta, para que quede bien transparente y sin trocitos de queso "navegando".


 La decoración de chocolate fue muy muy fácil de hacer.

Fundimos chocolate blanco y vertemos una capa fina sobre un transfer.  Cuando haya endurecido (yo lo tuve que meter en la nevera, porque aunque no hacía mucho calor no había manera de que volviese a ser sólido), cortamos con un cortapastas con la forma que más nos guste.
Lo levantamos con cuidado, y ... ¡sí, ha quedado perfecto!

Este es sólo para chocolate, vale también para masa de bizcocho, glasa,... vamos, que como sólo utilicé un trocido os cansaréis de verlo por aquí.


A mi me gusta dejar un día de reposo para este tipo de tartas, ganan en textura y en sabor.  Siempre en la nevera y bien protegidas, claro.

Por último como siempre las fotos del interior... no hace falta más para deciros lo buenos que estaban estos vasitos.
Y es que claro, acompañados con estas frambuesas recién cogidas...  ¡todo sabe bien! (sí, es amor de madre caníbal)

Como siempre, gracias por visitarme. ¡Animaos a probarla!