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miércoles, 30 de diciembre de 2015

TARTA DE CERVEZA NEGRA Y FRUTOS ROJOS


 
 
¡Acabamos el año por todo lo alto! Sé que hay gente esperando esta receta, así que por fin... ¡aquí está!
 
Esta tarta la hice el mes pasado para el cumple de dos chicas compañeras de "sufrimiento deportivo", y la verdad es que gustó bastante. Incluso me atrevería a decir que mucho.
 
Es una modificación de la archiconocida tarta guinness, para hacerla un poco más festiva y cumpleañera.
 
Con estos ingredientes queda bastante grande, para unas 15-18 personas.
 
He de decir que es tan rica como bonita... perdonadme, ¡es amor de madre!
 
Ingredientes:
 

Para el bizcocho de cerveza y chocolate:
- 375 g. de cerveza negra
- 375 g. de mantequilla
- 110 g. de cacao en polvo
- 600 g. de azúcar
- 375 g. de harina de trigo
- 4 cucharaditas de bicarbonato
- 200 ml de nata para montar
- 3 huevos L
- una pizca de vainilla (opcional)
 
Para la crema de queso y mantequilla:
- 250 g. de mantequilla
- 200 g. de queso crema (tipo philadelphia)
- 250 g. de azúcar glas (125+125)
- 200 ml. de nata para montar
- fresa en pasta
- aroma de arándanos (opcional)
- colorante rosa (opcional)
 
Para el relleno
- 300 g. de frutos rojos (puse 200 de fresas y 100 de frambuesas)
- 300 g. de la crema de queso y mantequilla anterior (los apartamos una vez hecha)
 
Para decorar:
- fruta al gusto
- ganache de chocolate (mitad nata, mitad chocolate)
 
La receta es la misma que había utilizado para estos vasitos de cerveza negra, multiplicando los ingredientes por 1,5.
 
Empezaremos poniendo al fuego la cerveza negra (la receta original es con guinness, pero yo suelo utilizar alguna marca nacional, que es más fácil de encontrar en los supermercados de barrio).
 
Tenemos que calentarla pero sin que llegue a hervir, momento en el que añadimos la mantequilla cortada en trozos pequeños. Removemos constantemente, hasta que se funda por completo.
Retiramos del fuego y reservamos. Esta mezcla huele de maravilla, os aviso.

En un bol tamizamos y mezclamos el cacao, la harina de trigo y el bicarbonato. Añadimos el azúcar y mezclamos bien los 4 ingredientes.

En otro bol batimos los huevos, la nata y la vainilla. 

Añadimos la mezcla de cerveza y mantequilla a la otra mezcla líquida, la de huevos, nata y vainilla, removiendo bien.

Finalmente, incorporamos los ingredientes secos, mezcándolo todo. Como la masa queda muy líquida es muy fácil de hacer, sobre todo si nos ayudamos de unas varillas.
 
No tengo foto del corte, pero la tarta está formada por 5 bizcochos individuales.
 
Este es un bizcocho peculiar, es más fácil hacer dos finos que hacer uno grueso y cortarlo a la mitad, así que os recomiendo utilizar moldes más pequeños.
 
Yo suelo comprar unos de aluminio de un sólo uso, de 20 centímetros de diámetro.
Para desmoldar los bizcochos directamente rompo el molde, así quedan perfectos.
 
Con estos ingredientes, hice 5 bizcochos de 450 gramos cada uno.
 
Horneamos a 180ºC hasta que estén listos, probaremos con un palillo para comprobar el punto.
Al ser la masa tan líquida tardan bastante, unos 25 minutos cada hornada (en mi horno caben sólo 2 de cada vez, así que los hice en 3 tandas).
 
Si hacemos sólo un bizcocho, al menos tardará 50 minutos.
 
Cuando estén listos, retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla.
 
Los bizcochos podemos hacerlos el día anterior a montar la tarta, si los envolvemos bien en papel film, quedan perfectos, y así repartimos el trabajo en dos sesiones más cortas.
 
 
Mientras horneamos los bizcochos, podemos ir preparando la crema de queso y mantequilla.
 
Es importante que todos los ingredientes estén a la misma temperatura a la hora de mezclarlos, ya que si no es fácil que se corte la crema.
 
Batimos la mantequilla, el queso crema y la mitad del azúcar glas con unas varillas (mejor eléctricas, que es mucho rato) durante 5 minutos, hasta que quede una crema muy suave y blanquecina.
Añadimos un par de cucharadas de fresa en pasta, y si queremos, también algún aroma (yo le puse aroma natural de arándanos) y colorante (le puse una gotita de rojo).
Estas dos últimas cosas son totalmente opcionales.
 
En otro bol, montamos la nata con la mitad otra del azúcar. Lo ideal para montar la nata es que esté bien fría, pero en este caso os recomiendo que no lo esté tanto, para que luego se mezcle bien con la crema de mantequilla y queso.
 
Lo dicho: montamos la nata, y la mezclamos con la crema de mantequilla y queso con cuidado. Yo para este paso utilicé una espátula de silicona, es lo que más cómodo me resulta.
 
Separamos 300 gramos de esta crema, y la mezclamos con las fresas y frambuesas picaditas finamente, para el relleno entre bizcochos.
Probamos.
Morimos de placer.
 
 
 
Si hace bastante calor metemos las cremas en la nevera, tanto la de relleno como la de recubrir la tarta, hasta el momento de utilizarlas.
Si la temperatura es más fresca, podemos mantenerlas a temperatura ambiente, si no vamos a tardar mucho rato en montar la tarta.
 
Una vez hayan enfriado del todo los bizcochos, los desmoldamos con cuidado,  y empezamos a montar la tarta.
 
Como los bizcochos son tan jugosos, no hace falta calarlos con almíbar, quedan perfectos así.
 
Para montar y decorar la tarta, os recomiendo poner el plato o bandeja en la que la presentaremos sobre un plato giratorio.
Hay algunos especiales para hacerlo, pero si tenéis poco presupuesto, el que yo tengo de Ikea de madera va perfectamente (se intuye en el primer collage).
 
Ponemos un disco de bizcocho, y sobre éste, 150 gramos de la mezcla de crema y fruta. (1/4 del total de la mezcla que habíamos preparado).
Luego otro bizcocho, otros 150 de crema... y así hasta acabar, la última capa es de bizcocho.
 
Es importante que estén bien alineados unos sobre otros, si hace falta tallaremos un poco con un cuchillo para que no haya bordes salientes, facilita bastante la tarea de cubrir la tarta.
 
Con paciencia y una espátula larga  (puede ser metálica o de plástico) damos una capa fina a nuestra tarta. No hace falta que quede perfecta, ya que la función de esta capa es recoger las migas que se desprenden del bizcocho.
 
Metemos en la nevera al menos una hora, para que la crema endurezca y las migas queden "aprisionadas".
 
Luego damos una capa más gruesa (al gusto) de crema, reservando una parte para decorar si es que aún tenemos ganas de juerga.
 
Si buscáis tutoriales en internet hay gente que lo hace súper rápido... a los que no tenemos práctica nos lleva un buen rato, pero lo dicho, con paciencia y girando, girando, espatuleando espatuleando... al final queda bastante bien.
 
Yo dediqué bastante tiempo a que los bordes quedasen bien, y al final los cubrí con chocolate... ¡tiempo perdido! Pero bueno, así practico, que no me viene mal.
 
Una vez veamos que está cubierta aceptablemente, la volvemos a meter en la nevera, mientras preparamos la ganache de chocolate.
 
 
Para hacerla, calentamos una cantidad de nata (creo recordar que aquí utilicé 75 gramos, pero sobró bastante).
Cuando esté caliente, retiramos del fuego y añadimos el mismo peso de chocolate finamente picado.
En este caso utilicé uno negro al 70% con frambuesa, pero podemos utilizar el que más nos guste.
 
Ponemos en una manga pastelera o en un cono de papel, cortamos un piquito pequeño, y vamos dejando caer gotas por el lateral de nuestra tarta.
 
Finalmente, hacemos con una boquilla rizada unos moñitos con la crema de mantequilla y queso que habíamos reservado, y podemos poner también unas frutas, quedan muy vistosas.
 
Guardamos en la nevera hasta el momento de disfrutarla, o al menos hasta una hora antes, para que la crema esté firme.
 
 
Y no nos queda más que cantar el cumpleaños feliz, soplar las velas, repartir porciones rápidamente y disfrutarla....¡mmmm!
 
Sin duda la repetiré, da un poco de trabajo pero merece totalmente la pena.
 
Rica rica, creo que es de las tartas que más éxito han tenido de las que he hecho hasta ahora.
 
Espero que os guste, y aprovecho también para desearos un feliz comienzo de año, que el 2016 venga cargado de cosas dulces.
 
 

lunes, 9 de febrero de 2015

BOMBONES RELLENOS

 
Receta de las que imponen... ¡pero una vez que  nos ponemos en materia, son más sencillas de lo que parecen!

Creedme, llevaba años con la idea de hacer bombones en casa, pero me daba miedo el atemperado del chocolate. Mucho miedo. Mucho, mucho miedo.
 
La verdad es que teniendo un termómetro adecuado y la paciencia suficiente como para ir limpiando todo lo que ensuciamos, en unos cuantos periquetes tendremos unos bombones deliciosos.
No hay ningún paso largo, pero sí varios cortos.
 
Y de perdidos al río: se me ocurrió hacerlos rellenos... y encima con 4 rellenos diferentes...  y las camisas de tres chocolates diferentes... aquí nada de "sencilleces".  
 
Un poco locura, la verdad, os recomiendo empezar con algo más sencillo si es la primera vez que los hacéis, sobre todo la parte de los chocolates, que es la más delicada.
 
 
Para el templado de los chocolates me leí y releí este post de Directo al Paladar , y para los rellenos más elaborados utilicé estas recetas de mi Patt, de Cocinando para Lola.
Pinchando en sus nombres os llevarán a sus estupendas webs, sin desperdicio ninguna de las dos.
 
Como se puede ver en las fotos, utilicé chocolate blanco, con leche y normal, y los rellenos son de nutella y avellana, fresa, mandarina, y chocolate blanco con frutos secos.
 
No tengo que decir que estaban de muerte, ¿verdad?
 
Ingredientes:
- chocolate con leche (utilicé Nestlé)
- chocolate negro (utilicé Nestlé postres)
- chocolate blanco (utilicé Milkybar)
 
Para los rellenos:
Para el de nutella:
- nutella
- avellanas
Para el de chocolate blanco:
- 75 g de chocolate blanco
- 50 ml de nata líquida
- frutos secos (le puse anacardos y almendras)
Para el de fresa:
- 25 g de chocolate blanco
- 5 g de mantequilla
- 25 g de nata líquida
- 1/2 cucharada de pasta de fresa (utilicé Home Chef)
Para el de mandarina:
- 25 g de chocolate blanco
- 5 g de mantequilla
- 25 g de nata líquida
- 1/2 cucharada de pasta de mandarina (utilicé Home Chef)
 
 
Podemos empezar por los rellenos más elaborados o por los bombones, yo os recomiendo por los rellenos, podemos incluso hacerlos el día antes de utilizarlos, para repartir un poco el trabajo.
 
En un cazo ponemos el chocolate, la mantequilla y la nata líquida, y calentamos hasta que se funda la mantequilla. Removemos para que se mezclen bien los tres ingredientes.
Retiramos del fuego, y añadimos la pasta de fresa. Probamos. Morimos de placer. Reservamos.
 
Hacemos lo mismo con el de mandarina, siguiendo los mismos pasos.
 
Estos dos son los que tienen un poco más de trabajo (y podéis ver que es bien poco), los otros dos los podemos hacer sobre la marcha cuando estemos al lío con los bombones.
 
 
Os recomiendo poner los rellenos en unas mangas pasteleras desechables, luego es muy cómodo para rellenar los bombones.
 
Para hacer los bombones otra cosa imprescindible que me olvidé de comentaros es que hace falta tener unos moldes de bombones. Hoy en día las hay super baratas, así que no os recomiendo pelearos con cápsulas de trufas ni cubiteras de hielo, no merece la pena, son un horror para el desmoldado.
 
Yo utilicé moldes de silicona (son los más  fáciles de encontrar), y hasta que no desmoldé los bombones no me di cuenta de lo diferentes que quedan según sea el acabado de la silicona: si la silicona es brillante los bombones quedan brillantes (como los bombones con forma de hojas) y si es mate, quedan super mates. Parecen casi de terciopelo, muy bonitos también (como los redonditos).
 
Otra cosa a tener en cuenta es que si los moldes tienen bastantes aristas, es fácil que nos queden burbujitas en el chocolate, que afean un poco los bombones. 
En las hojas quedaron un montón, pero  el resto como son de formas más suaves quedaron mejor.
 
 
Si no lo habéis hecho ya, os recomiendo ver algún vídeo donde templen chocolate, para ver más o menos como hay que hacer, es algo que por mucho que se explique es mejor verlo. Uno de esos casos en los que una imagen vale más que mil palabras).
 
El atemperado (o templado) del chocolate se hace para que una vez se enfríe el chocolate quede brillante y crujiente, da un poco de trabajo pero la diferencia entre hacerlo o no es muy notable.
 
Consiste en fundir el chocolate y llevarlo a una temperatura alta, bajar la temperatura rápidamente (generalmente se hace sobre una pieza de mármol o la encimera) y luego volver a subirla un poco.
 
El método es el mismo para los tres chocolates, pero con diferentes temperaturas de trabajo.
 
Chocolate negro: calentamos, hasta 45-50ºC, enfriamos hasta los 28-29ºC y volvemos a subir hasta los 31-33ºC.
Chocolate con leche: calentamos, hasta 40-45ºC, enfriamos hasta los 27ºC y volvemos a subir hasta los 30-31ºC.
Chocolate blanco: calentamos, hasta 40ºC, enfriamos hasta los 24ºC y volvemos a subir hasta los 27-28ºC.
 
Voy a explicarlo por ejemplo para el chocolate negro, como os decía para el resto de chocolates sería lo mismo pero variando las temperaturas.
Es muy importante respetarlas, ya que si no todo el esfuerzo no valdrá para nada.
 
Calentamos al baño maría el chocolate, hasta alcanzar los 45-50ºC.
Vertemos  2/3 del chocolate sobre la encimera bien limpia y seca o sobre un trozo de mármol. Movemos con una espátula, hasta que bajemos la temperatura a 28-29ºC.
Con la misma espátula o una lengua volvemos a pasar el chocolate al bol donde está el tercio de chocolate que no enfriamos.
Mezclamos bien, y en principio si todo ha ido bien, debería de estar la mezcla ya a los 31-33ºC que buscamos.
 
Vertemos el chocolate sobre nuestros moldes. Damos unos golpecitos con los moldes sobre la encimera, para que si hay alguna burbuja salga a la superficie.
 
Esperamos un par de minutos (dependerá un poco de la temperatura ambiente), y cuando veamos que se ha endurecido una capa fina pero resistente en las paredes de las figuras, volcamos sobre un bol o sobre la encimera. Reservamos este chocolate, que luego utilizaremos para las cerrar los bombones.
 
Pasamos un cuchillo o una espátula sobre el molde, para que no queden rebabas de chocolate.
 
Algunos los dejé demasiado tiempo y quedaron un gruesas las paredes, pero bueno, para la próxima intentaré que queden más finos.
 
Hay que tener que cuenta también que una vez que colocamos los bombones en su posición después de vaciarlos, suele escurrir un poco hacia la base, lo que hará que se acumule más chocolate en esa parte.  
 
Reservamos y esperamos a que enfríen y endurezca el chocolate completamente (lo ideal es no meterlos en la nevera, mejor esperar a que lo hagan poco a poco)
 
 
Cuando hayan endurecido, podemos rellenarlos.
 
Además de los rellenos que expliqué antes, rellené las semiesferas de nutella con media avellana (sólo hay que fundir un poco la nutella en el microondas para que esté más fluída) y las cápsulas con frutos secos y ganache de chocolate blanco (sólo hay que mezclar el chocolate blanco con la nata y llevar al fuego hasta que se funda y mezclar bien).
 
Si hacéis los rellenos en el último momento, aseguraos de que no estén calientes al utilizarlos, ya que podrían fundir el chocolate, mezclarse con él, y estropearlo todo. Nos quedaría una papilla muy rica, pero no unos bombones bien formados, que es lo que buscamos. ;)
 
Os pongo cómo combiné yo los chocolates y los rellenos:
- Semiesferas de chocolate con leche rellenas de nutella y avellana
- Corazones de chocolate blanco y relleno de fresa
- Hojas de chocolate negro y relleno de mandarina
- Cápsulas de chocolate con leche y relleno de ganache de chocolate blanco y frutos secos.
 
Es muy fácil rellenarlos si metemos los rellenos en una manga desechable, se hace en un periquete y sin manchar nada.
 
Y mirad lo cremosos que quedan, están de vicio.
 
 
Una vez hayamos rellenos los bombones, sólo nos queda ponerle las tapas para cerrarlos.
 
Como no estaba segura, volví a templar el chocolate, ya que había enfriado completamente desde que bañé los moldes hasta que los cerré, pero no sé si realmente sería necesario.
 
Volvemos a dejar enfriar, para que la pieza se funda como una, antes de desmoldar.
 
Una vez estén completamente sólidos, los desmoldamos y ya sólo nos queda disfrutarlos.
 
Como la entrada ya es bastante larga y no quiero que nadie se quede dormido sólo os digo una cosa: no les tengáis miedo, ¡se tarda casi tanto en leer la receta como en hacerla!
Y está tan buenos como parece. ¡O más!
 

viernes, 26 de diciembre de 2014

TARTA DE CHOCOLATE Y TURRÓN

 
¡Última receta de este año de sequía blogueril! Y publicada con urgencia, para que si alguien necesita estos días una tarta navideña, fácil de hacer, y sobre todo muy rica, la tenga a tiempo.
 
La receta es muy sencilla, es una variación de la tarta 3 chocolates, pero con un toqué más navideño, ya que lleva una capa de turrón de Jijona. ¡Del blando, para entendernos!
 
La había hecho ya hace un par de años, y como gustó bastante decidimos que iba a ser uno de los postres navideños a repetir. De las recetas que se quedan en casa, vamos.
 
Yo la he hecho de chocolate con leche y turrón, pero podemos poner las capas que queramos y de los ingredientes que más nos gusten.
 
El molde mide 28 centímetros, creo que es un buen tamaño para la cantidad de tarta que sale. Si queréis que quede más alta, podéis utilizar un molde más pequeño (22-24 cm)
 
Ingredientes:
Para la base:
- 1 rulo de galletas maría tostadas
- 100 g de mantequilla
 
Para la capa de chocolate:
- 325 ml de leche entera
- 325 ml de nata para montar
- 225 g de chocolate con leche (utilicé Lindt)
- 50 g de azúcar
- 1+ 1/2 sobre de cuajada
 
Para la capa de turrón:
- 325 ml de leche entera
- 325 ml de nata para montar
- 225 g de turrón de Jijona
- 1+ 1/2 sobre de cuajada
 
Para decorar:
- chocolate fundido
 
Empezaremos haciendo la base de la tarta.
Trituramos las galletas (a mi me gustan muy molidas, pero si preferís podéis dejarlas con "tropezones".
Fundimos la mantequilla, y la mezclamos muy bien con las galletas.
 
Ponemos sobre la base del molde que vamos a utilizar (yo utilicé un aro de repostería, así que directamente sobre la bandeja), repartimos por toda la superficie y aplastamos con un rodillo especial, una cuchara o directamente con la mano.
 
Metemos en la nevera para que coja "cuerpo" mientras preparamos la tarta.
 
Medimos la leche y separamos una parte en una taza, en la que disolveremos el sobre y medio de cuajada.
 
El resto de la leche lo ponemos a calentar con la nata. Cuando la mezcla empiece a hervir, bajamos el fuego y añadimos el chocolate cortado en trozos pequeños y el azúcar.
 
Removemos continuamente, para que el chocolate no se pegue y se queme en el fondo.
 
 
Cuando esté disuelto completamente, añadimos la leche con la cuajada. Os recomiendo pasar la mezcla por un colador, ya que a veces queda algún grumo y son muy molestos.
 
Subimos el fuego y removemos hasta que vuelva a hervir, retiramos del fuego unos segundos y luego volvemos a poner el cazo sobre el fuego, siguiendo las instrucciones de la cuajada.
Enseguida vemos como empieza a espesar, y retiramos del fuego definitivamente.
 
Removemos un poco más para que baje la temperatura, y vertemos sobre la base de galleta.  Yo suelo poner una cuchara con la parte cóncava hacia arriba al verterla, para que el líquido no caiga muy fuerte sobre la base de galletas y la levante.
 
Reservamos en un lugar fresco o en la nevera, para que mientras preparamos la siguiente capa solidifique lo necesario.
 
 
La capa de turrón la haremos de forma muy parecida:
 
Medimos la leche y separamos una parte en una taza, con la que mezclaremos la cuajada, asegurándonos de que están bien mezcladas.
 
El resto de la leche lo ponemos a calentar con la nata de montar.
 
Cuando empieza a hervir, añadimos el turrón y batimos con una batidora. 
La verdad, no sé si se podría mezclar ya desde el principio, pero por si se pegaba al cazo, yo lo mezclé al final, para que no estuviese mucho tiempo al fuego.
 
Cuando empiece a hervir de nuevo, añadimos la mezcla de leche y cuajada. Removemos hasta que vuelva a burbujear, retiramos del fuego unos segundos (yo no paro de remover, no sé si es necesario o no) y luego volvemos a poner al fuego.
Empezará a espesar, y cuando vuelva a hervir, lo retiramos del fuego definitivamente.
 
Si la capa de chocolate está lo suficientemente cuajada como para aguantar el peso de la de turrón sin mezclarse, vertemos esta última sobre la primera (misma operación con la cuchara, para que no caiga con fuerza sobre el chocolate, hay peligro de que se mezclen)
 
Normalmente suelo hacer unas marcas con un tenedor sobre la parte superior de cada capa antes de añadir la siguiente, para que se peguen mejor y una no deslice sobra la otra, pero esta vez con las prisas se me pasó y quedó muy bien, no hubo ningún problema de estabilidad.
 
¡Y la tarta está lista, así de fácil y rápido!
 
Esperamos a que pierda un poco de calor, y la metemos en la nevera hasta que vayamos a decorarla y/o comerla.
 
 
Desmoldamos, y si le vamos a poner algo de decoración, es el momento.
 
No tenía nada previsto ni pensado para decorarla, así que tuve que improvisar sobre la marcha: unos copitos de nieve en chocolate fundido,  unos puntitos, mensaje navideño... ¡y ya!
Es lo que tiene dejarlo todo para el último día, que luego te pilla el toro y no hay ya nada que hacer.
 
Se pueden hacer con un cucurucho de papel, una manga pastelera de plástico, o con una boquilla, que es lo que yo hice (boquilla nº 2 de wilton).
 
Los del lateral de la tarta los hice sobre una bandejita plana con un film de cocina, que luego llevé al congelador para poder despegarlos y moverlos a la tarta.
 
Como os decía al principio, si no tenéis nada decidido para estas próximas comilonas os recomiendo probar esta tarta. Es contundente, pero muy muy rica. Sin duda os va a gustar.
 
Es una tarta que gana con el paso de los días, yo os recomiendo al menos hacerla el día antes de disfrutarla. ¡Si son dos, mejor que mejor!
 
¡Ah! Y que esté bien fresquita, que está mucho más buena también.
 
 
Y con esta entrada acaba el 2014... que no ha tenido mucha cantidad de recetas pero sí calidad (ya lo digo yo todo, no tengo abuela, ajajajaj)
 
Felices fiestas, y que empecemos todos el 2015 con muy buen pie.
 
Un abrazo fuerte para todos y muchas gracias por acompañarme otro año más en esta aventura.
 

martes, 14 de octubre de 2014

VASITOS DE CERVEZA NEGRA


Esta es una receta que no sé por qué no había publicado antes, ya que la he hecho unas cuantas veces y nos encanta.

La receta es de Nigella y la compartió hace ya unos años food and cook. Como os decía la hago a menudo y no falla.

Además está de plena actualidad, últimamente no hacen más que aparecer "trampantojos" culinarios por todas partes.
Y es que si hacemos esta tarta en versión original (bien en estos vasitos o en jarras pequeñas de cerveza)  queda muy parecida a una cerveza negra con su capa de blanca y densa espuma.


Normalmente suelen hacerse con cerveza Guinness (de hecho es conocida como tarta Guinness), pero se puede hacer perfectamente con cualquier otra cerveza negra (esta era Mahou, si no recuerdo mal).

Pero no pongáis cara de disgusto si no sois fans de la cerveza negra... yo no bebo ni cerveza rubia y esta tarta me encanta, no sabe para nada a cerveza. O al menos yo no lo noto. ;)

Está compuesta por dos partes: un bizcocho denso, con un intenso sabor a chocolate, que imita a la cerveza, y una estupenda crema de queso, la "espuma" que suaviza a la perfección la base de chocolate.

Se puede hacer en un molde normal o en individuales, como prefirais. Las dos versiones son muy vistosas e igual de ricas.

Ingredientes:
Para el bizcocho de chocolate:
- 250 g. de cerveza negra
- 250 g. de mantequilla
- 75 g. de cacao en polvo
- 400 g. de azúcar
- 250 g. de harina de trigo
- 2,5 cucharaditas de bicarbonato
- 140 ml de nata para montar
- 2 huevos L
- una pizca de vainilla (opcional)
- colorante negro (opcional)

Para el frosting:
- 300 g. de queso crema (tipo Philadelphia)
- 150 g. de azúcar glas
- 360 g. de nata para montar

Empezaremos poniendo la cerveza en un cazo a calentar lentamente, sin que llegue a hervir.
Cuando esté caliente, añadimos la mantequilla cortada en trozos pequeños y removemos constantemente, hasta que se funda por completo.
Retiramos del fuego y reservamos. Esta mezcla huele de maravilla, con un montón de matices.

En un bol tamizamos y mezclamos el cacao, la harina de trigo y el bicarbonato. Añadimos el azúcar y mezclamos bien los 4 ingredientes.

En otro bol batimos los huevos, la nata y la vainilla. Si queremos que la tarta quede negra-negra, deberemos añadir una gotita de colorante negro (ojo, la mezcla queda con un color marrón grisáceo extraño, pero en el horno luego se arregla).
Si no se lo añadimos quedará marrón chocolate, pero al hornear no conseguiremos un negro intenso. 

La verdad es que no suelo añadirle, sólo esta vez para sacarle las fotos, pero lo normal es no ponérselo.

Añadimos la mezcla de cerveza y mantequilla a la otra mezcla líquida, la de huevos, nata y vainilla, removiendo bien.

Finalmente, incorporamos los ingredientes secos, mezcándolo todo. Como la masa queda muy líquida es muy fácil de hacer, sobre todo si nos ayudamos de unas varillas.


Vertemos en un molde grande o en los individuales, e introducimos en el horno precalentado a 180ºC.

Al ser tan líquida la masa tarda bastante, unos 50 minutos en versión familiar y 30 en individual.
Como siempre, cada horno es un mundo, así que lo que no falla es pinchar con un palillo o un cake tester y comprobar que sale limpio.

Una vez está listo, lo dejamos enfriar por completo antes de añadir la cobertura, ya que si aún está caliente lo fundiría y se desparramaría sin solución posible.


Para hacer el frosting (imprescindible hacerlo, complementa al bizcocho a la perfección) mezclaremos el queso crema con el azúcar glas.
Podemos añadir (si somos muy fans, yo lo soy) una pizca de vainilla, le queda genial.

Montamos la nata, y la mezclamos poco a poco con la crema de queso.

Cubrimos la base de chocolate con la cobertura de queso y nata... ¡y a sufrir hasta catarla!


Cuando está recién hecha el bizcocho queda más esponjoso, pero según va pasando el tiempo va asentando y compactando... una delicia de ambas formas.

Si aún no habéis probado esta tarta os animo a hacerlo, otra de esas recetas relación esfuerzo-resultado de las que a mi tanto me gustan.

 
Y si queréis hacerla para una ocasión especial, podéis dejarla así de bonita con un poquito más de trabajo.
 
Esta tarta la hice para el cumple de mi prima Sonia hace ya un par de años, y tuvo mucho éxito.
 
Por dentro son 3 bizcochos de cerveza guinness  (su cumple coincidió con la vendimia y éramos un montón de gente) y a la cobertura le puse aroma de algodón de azúcar y colorantes azul y amarillo para conseguir este color tan "in".

Para el relleno utilicé la misma crema, una fina capa entre bizcocho y bizcocho, para que aguantase el peso total.
 
Con una espátula y una manga ( y algo de paciencia) así quedó el resultado final.
 


martes, 10 de junio de 2014

MUFFINS DE CHOCOLATE


¡A los ricos muffins! Y es que no pueden ser más fáciles y estar más buenos.

Es la segunda vez que hago esta receta... la primera he de confesar que estaba al teléfono con mi madre mientras la hacía y se me olvidó añadir el azúcar... ¡menudo fallo!
Aún así los comimos, partiéndolos a la mitad y rellenándolos de nocilla o dulce de leche. Y no estaban nada mal, se les notaba algo raro pero si no sabías lo del azúcar era difícil caer.

Esta vez no había nada de qué hablar con mamá, así que los muffins quedaron perfectos.


La receta se la copié a mi querida Patt, la tenéis aquí. Ella a su vez se la copió a Clemenvilla, pinchad aquí para verla.
En su época (hace ya más de 5 años que Clemenvilla publicó esta receta, cómo pasa el tiempo en esto de los muffins) causaron furor, y la verdad es que no es para menos.

Con unos ingredientes básicos y 5 minutos de nuestro tiempo, tenemos unos estupendos muffins caseros para chuparse los dedos.

Con estos ingredientes me salieron 11 como los de las fotos.

Ingredientes:
- 250 g de harina de trigo
- 1/2 sobre de impulsor químico (tipo Royal)
- 175 g de azúcar
- 30 g de cacao puro en polvo
- 1 pizca de sal
- 150 g de chocolate de cobertura
- 75 g de mantequilla
- 250 ml de leche
- 2 huevos
- vainilla en pasta (opcional)



Lo que diferencia a los muffins de magdalenas y cupcakes es que los ingredientes se mezclan de una forma particular: por una parte se mezclan los ingredientes sólidos, y por otra los líquidos.
Luego se mezclan ambos, sin remover demasiado, lo que les da un aspecto rústico y cuarteado que a mi particularmente me encanta.

Así que en un bol grande (al final todos los ingredientes acabarán en este bol) mezclamos la harina tamizada, el impulsor, el azúcar, el cacao y la pizca de sal. Reservamos.

Fundimos el chocolate y le añadimos la mantequilla en pomada en dos veces, integrando bien ambos ingredientes cada vez.


En otro bol batimos la leche, los huevos, y la vainilla en pasta (o esencia), si le ponemos.  Podemos hacerlo con varillas de mano o con una batidora, como no es mucha cantidad se hace enseguida.

Añadimos esta última mezcla a los ingredientes secos, y mezclamos sin  mucho cuidado.
Luego añadimos el chocolate y la mantequilla fundidos, y volvemos a mezclar toda la masa.

Repartimos en los moldes que vayamos a usar, llenándolos hasta 3/4 de la altura total, y metemos al horno precalentado a 180ºC, unos 15-20 minutos, dependiendo de la forma y tamaño del molde que utilicemos.


Para asegurarnos de que están listos (una vez pasados 15 minutos sin abrir la puerta del horno), abriremos el horno y pincharemos con un palillo, y si sale limpio, es que están. Si sale manchado de masa, un par de minutos más y volvemos a probar.

Estos moldes que he utilizado son especiales para muffins, y no es necesario ponerlos en ninguna bandeja especial para que mantengan la forma.
Son muy cómodos, y además como son muy bonitos (ya lo digo yo todo), dignifican mucho a estos en principio feúchos muffins.


Quedan muy blanditos y super ricos, creo que se llevan la palma en la relación esfuerzo-resultado.
Lo que más me gusta es ese cuarteado de la parte superior...mmm... rico riquísimo.

Si queréis podéis decorarlos con un poco de chocolate fundido y sprinkles, nata montada, o lo que se os ocurra.
Yo esta vez los dejé tal cual, no necesitan nada más para ser perfectos.

Son perfectos para una merienda o un desayuno especial... o para lo que sea, ¡un muffin siempre viene bien!  Probadlos, que están buenísimos.

Es que los estoy viendo ahora en las fotos (hace ya unos meses que los preparé) y me dan ganas de comerme dos a la vez, tipo triki, tirando migas a los lados y masticando a toda mandíbula.

Borrad esta imagen de vuestra mente, por favor.

Ahora imaginadme comiéndolos con boquita de pitiminí y colibrís revoloteando a mi alrededor. Así, sí. ;)


viernes, 11 de abril de 2014

MOUSSE DE FRESA EN CUENCOS DE CHOCOLATE BLANCO


Seguimos con recetas de fresas... y es que me encantan, sin duda una de mis frutas favoritas. Todo lo que lleve fresa me gusta (casi me atrevería a decir que toda la comida que sea rosa).

Esta es una receta muy sencilla, pero de las que nos dejan quedar como señores. Es muy vistosa, fresca, ligera, y sobre todo rica. No se le puede pedir más, la verdad.

Por supuesto podemos presentar la mousse en cualquier otro recipiente, pero en estos cuencos de chocolate todo queda genial y además luego hay que fregar menos... ¡todo ventajas, chicos!


Los había utilizado ya en este helado de mora  y también una variación para decorar la tarta de mousse de chocolate y avellana que tanto éxito tuvo en su momento.

Además de los vasitos de chocolate blanco, debajo de la mousse lleva una salsa de chocolate blanco, que va genial con la fresa.

La receta de la mousse de fresa es de minue, para directo al paladar.

Con estas cantidades que os pongo me han salido 8 cuencos como los de las fotos y además 3 vasitos de mousse.

Ingredientes:
Para los cuencos:
- 110 chocolate blanco para repostería
- 70g de chocolate blanco con crujiente de fresa (opcional)

Para la salsa de chocolate blanco:
- 70g de chocolate blanco para repostería
- 70 ml de nata líquida (de montar)

Para la mousse:
- 400g de fresas o fresones
- 4 claras de huevo
- 200 ml de nata para montar
- 2 cucharadas de azúcar (opcional)
- una pizca de sal fina

Empezaremos haciendo los cuencos de chocolate.

En esta ocasión aproveché que tenía un resto de chocolate blanco con crujiente de fresa (de Lidl, está impresionante) y se lo añadí al chocolate de repostería. Quedaron genial, pensé que al fundirlo la fresa perdería el toque crujiente pero quedó tal cual.
Si no tenéis no pasa nada, ponéis 180 del otro y ya está.

Mientras fundimos poco a poco el chocolate (al baño maría o en el microondas a baja potencia, removiendo cada pocos segundos), iremos inflando los globos.
Se utilizan de esos pequeñitos con los que se juega a lanzarlos llenos de agua... "de peseta", que se llamaban en mi época. Seré arcaica...

Procurad que queden todos más o menos del mismo tamaño, para que los cuencos queden todos iguales.

Cuando el chocolate esté fundido, damos unas vueltas para que pierda temperatura y no exploten los globos al sumergirlos.

Sobre una bandeja con papel de horno o film, hacemos un circulito de chocolate con una cuchara, a modo de peana.
Sumergimos el primer globo en el chocolate fundido, lo elevamos, y lo ponemos sobre el círculo que acabamos de hacer. Enseguida se queda pegado.

Lo más cómodo es tener el chocolate en un recipiente de tamaño ligeramente superior a los globos, para que se adapte la forma y no tengamos que moverlo demasiado.

Continuamos hasta acabar el chocolate, se hace en un periquete.


Llevamos la bandeja a la nevera, y la dejamos allí al menos un par de horas, hasta que el chocolate esté bien duro. Si vemos que tarda mucho y tenemos prisa, podemos meterlos unos minutos en el congelador.

Cuando veamos que han endurecido lo suficiente, vamos sacando uno a uno, y pinchamos el globo con un cuchillo o unas tijeras. Se quedará parte pegado al chocolate, pero con cuidado lo despegamos y retiramos.

Es importante hacerlo uno a uno, ya que si no enseguida pierden temperatura y se el chocolate se rompe al tirar del globo. En cuanto lo tengamos listo, otra vez al frigo.

Si nos sobra algo de chocolate podemos aprovechar para hacer alguna decoración. Yo lo puse sobre un trozo de plástico de burbujas,  pero podéis hacer hilos, hojas, o lo que sea.


Para hacer la salsa de chocolate, ponemos al fuego los 70ml de nata para montar.

Cuando empiece a hervir, retiramos y añadimos los 70g de chocolate blanco cortado en trozos pequeños. Removemos hasta que se funda por completo.

Dejamos reposar hasta que esté a temperatura ambiente, y luego metemos en la nevera al menos una hora.


La mousse es super sencilla, y con ingredientes que solemos tener en casa.

Al no llevar gelatina ni ningún otro gelificante, queda un poco suelta, así que es necesario que la pongamos en algún tipo de recipiente.
No vale para hacer tartas, para eso tendríamos que añadirle unas hojas de gelatina o agar agar.

Pero para tomar así es perfecta, super ligera, 100% espuma de fresa.

Trituraremos los 400g de fresas, sin que quede ningún grumo.
Si no queréis que queden las semillas, podéis pasarlo por un tamiz o un colador. Yo se las he dejado, me encantan.

En un recipiente aparte montamos la nata con una cucharada de azúcar. Es importante que la nata esté bien fría. Reservamos.

En un tercer recipiente (el más grande), pondremos las claras a temperatura ambiente.
Las montamos con una batidora a varillas. Cuando empiecen a subir, añadimos una pizca de sal y la otra cucharada de azúcar.

Es muy importante batir muy bien, debe quedar un merengue firme y con picos.

 
Mezclamos las fresas trituradas con la nata montada, con mucha delicadeza para que no se baje.

Yo lo hago con una espátula de silicona, siempre con movimientos lentos y envolventes.

Cuando estén bien mezcladas, iremos añadiendo esta mezcla poco a poco a las claras a punto de nieve, de la misma forma: poco a poco, con movimientos envolventes, para que no se pierda ni una burbujita de aire.

Nos llevará un ratito, es mejor no tener prisa para hacer esta última parte, es la más importante del proceso.

Cuando tengamos las 3 partes listas (cuencos, salsa y mousse) procederemos al montaje.

En cada cuenco ponemos un par de cucharadas de salsa de chocolate blanco, y luego rellenamos con la mousse hasta la altura que queramos. 
Para alisar la mousse, o le damos unos meneítos a la bandeja o lo hacemos con la parte posterior de una cuchara, como prefiramos.

Rápidamente llevamos al frigorífico, y dejamos enfriar al menos3 horas.

Podemos dejarlas tal cual o decorar justo antes de servir con unas rodajas de fresa, fideos de chocolate o de azúcar, ... como queramos.


Eso sí, que no sea una decoración muy pesada, ya que podría zozobrar en un mar rosa (la mousse es super ligera).
Os lo digo por propia experiencia: la primera opción de decoración era media fresa, y entre que aún no había enfriado del todo la mousse y que la fresa pesaba demasiado, tuve que hacer un salvamento de emergencia.

Si preferís que la mousse quede más firme, añadid un par de hojas de gelatina disueltas a las fresas trituradas.

Como os decía al principio, con estas cantidades me salieron 8 cuencos de chocolate y mousse, y 3 vasitos de cristal aparte. Así que si queréis todo cuencos... a utilizar más chocolate, casi os diría que el doble.

Además de estar buenísima, tiene el aliciente de poder comerte el cuenco... que está también super bueno, es como un "re-postre". Cuando parece que ya has acabado... ¡aún te queda lo mejor!



viernes, 8 de noviembre de 2013

BUNDT CAKE MARMOLADO DE CALABAZA Y CACAO


Hoy os traigo otra receta totalmente de temporada: un bundt cake de calabaza y cacao.

La receta es de mi amiga Pam, de Uno de Dos. Ella los hizo todavía más bonitos en versión mini y con pepitas de chocolate, en vez del marmolado. Impresionantes.

Para los que aún no estéis enterados, se presentan a los premios Bitácoras en dos categorías: como mejor blog gastronómico y como mejor blog personal. Os animos a visitar su blog y si os gusta darle vuestro voto, se lo merecen. Es super sencillo, no lleva ni un minuto y entre todos podemos devolverles parte de esos momentos de placer que nos dan día a día. Además se puede votar a 5 blogs en cada categoría.
También podéis hacerlo directamente pinchando aquí.


Volviendo a los mini bundts, cuanto los vi supe que los iba a hacer, fue un amor a primera vista.

Así que aprovechando que este fin de semana fuimos a pasar unos días al pueblo, le pedí con todo el morro una calabaza a mis queridos primis... ¡y a falta de una, me dieron dos! ¡Tenemos calabaza para probar un montón de recetas!

Sienta mejor que te den calabazas cuando las pides que cuando te las dan por sorpresa, he podido comprobar.

Por supuesto no es imprescindible utilizar el molde original, pero os puedo asegurar que se nota muchísimo la diferencia.
Queda super homogéneo, y la superficie muy blandita y jugosa. ¡No más bordes resecos en mi vida, gracias!
Como os decía en el bundt de piña colada, este molde vale lo que cuesta. Incluso más.

Pam hizo la receta con 3 huevos, pero yo multipliqué los ingredientes para utilizar 5, para que se ajustase al tamaño del molde.

Queda un bizcocho buenísimo, muy jugoso gracias a la calabaza y con un color impresionante. Sin duda lo repetiré, nos ha gustado mucho.

Ingredientes:
- 300 g de mantequilla
- 330 g de azúcar blanquilla
- 5 huevos
- 300 g de puré de calabaza
- 275 g de harina de trigo
- 1 sobre de levadura química (tipo Royal)
- una pizca de sal
- 30 g de cacao en polvo
-opcional: una pizca de vainilla

Para el glaseado:
- 50 g de queso de untar
- 100 g de azúcar glas
- unas gotas de zumo de limón


La preparación es similar a todos los bundts, y como siempre, es importante que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente.
Como a la mantequilla ahora en invierno le cuesta bastante ablandar, os recomiendo cortarla en daditos, cuanto más pequeños mejor, para que lo haga antes.

Lo primero que debemos hacer es preparar el puré de calabaza.
Podemos hacerla asada o cocida al vapor. Yo la pelé, la piqué en gajos y la cocí al vapor en la olla exprés. Como no tenía ni idea de cuanto tardaría le puse 25 minutos y quedó bien blandita, perfecta para puré.
Trituramos y reservamos hasta que enfríe.

Hay que tener en cuenta que pierde bastante agua, para conseguir los 300 gramos que utilicé, puse unos 500 a cocer.


En un bol grande, batimos bien la mantequilla con el azúcar, hasta formar una crema blanquecina muy suave.

Añadimos los huevos 1 a 1, integrande bien el primero antes de añadir el segundo. Así hasta que hayamos añadido los 5.

Hasta este paso yo lo hago con batidora de varillas, y a partir de aquí sigo mezclando con una lengua de silicona o una espátula de madera.

Lo siguiente será el puré de calabaza y la pizca de sal, que realzará el sabor de nuestro bizcocho.

Si decidimos ponerle vainilla, este es el momento. Yo le puse un pelín de vainilla en pasta, muy poquita, me encanta el toque que le da a los bizcochos, sobre todo a los de cacao o chocolate.

Por último, añadimos la harina tamizada mezclada con la levadura química.


Dividimos la masa en dos partes más o menos iguales, y a una de ellas le añadimos 30 gramos de cacao en polvo y un par de cucharadas de leche, para que no quede la más más densa que la de sólo calabaza.

Engrasamos un poco el molde (yo le pongo una gota de aceite de girasol y la reparto con un trozo de papel de cocina por toda la superficie) y vamos poniendo capas alternativas de las dos masas.
Puse primero la mitad de calabaza, luego cacao, otra vez calabaza y por último cacao.
Con un tenedor o una cuchara removemos un poco la masa, para que se mezclen y hacer el efecto marmolado.

Introducimos en el horno precalentado a 180ºC, y horneamos unos 45 minutos, hasta que al introducir un pincho éste salga limpio.


Sacamos del horno y lo dejamos en el molde durante 10 minutos.
Pasado este tiempo, veremos como los bordes han empezado a separarse del molde.

Cogemos por las asas (cuidadito con quemarse) y agitamos arriba y abajo, y también lateralmente, para que termine de separarse del molde.
Cuando veamos que ya está totalmente despegado, le damos la vuelta sobre una rejilla y dejamos hasta que se enfríe del todo.

Esto si lo hacemos en un molde de bundt cake, si no, os recomiendo dejarlo en el molde hasta que enfríe, ya que si lo movemos tenemos muchas posibilidades de que se agriete el bizcocho.


Para hacer el glaseado, mezclaremos en una taza o bol pequeño el queso de untar con el azúcar glas, hasta que no quede ningún trocito de queso visible.

Añadimos unas gotas de zumo de limón (de naranja seguro que también le hubiesen quedado muy bien) y mezclamos.
Añadiremos zumo hasta que esté a nuestro gusto, pero con cuidado, que enseguida se vuelve líquido.

Lo vertemos sobre nuestro bizcocho, con una cuchara o si preferís con una manga pastelera, para que queden los hilillos más iguales.

En las fotos no se aprecia porque las saqué al momento, pero cuando seque la glasa seguirá blanda aunque con una especie de corteza crujiente que se cuartea al cortar el bizcocho.
Muy profesional, como decía mi tocayo Manquiña.

Podéis también ponerle una cobertura de chocolate como a los originales de Pam, si sois muy chocolateros.


Como lleva bastante calabaza, queda un bizcocho muy húmedo y jugoso. Pero nada denso, queda esponjoso... muy interesante, la verdad.

Y quizás lo más llamativo es el contraste de color, la parte que lleva sólo calabaza queda con un color intenso y precioso. Más que apetecible.

Se conserva muy bien unos cuantos días gracias a la humedad que tiene... seguro que más de los que dura en casa.


Según mi cuñado, está muy muy muy muy bueno. De los mejores que he hecho hasta ahora. Así que si no os fiáis de mi palabra hacedle caso a él, que tiene muy buen gusto... ¡al menos escogiendo cuñadas! jajajaj!