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miércoles, 14 de mayo de 2014

ESPÁRRAGOS ENROLLADOS


Dos recetas saladas seguidas... ¡estoy en racha!
Además de vistosa es una receta muy rica. Perfecta como aperitivo o para una cena.

 Con 4 ingredientes montamos un plato de 10: espárragos trigueros, masa philo, bechamel y queso. Si es que no pueden fallar.

Hacía tiempo que tenía ganas de hacerlos, y la verdad es que han cumplido con creces lo que esperaba de ellos. Os recomiendo probarlos si tenéis ocasión.

Ingredientes:
- espárragos trigueros
- masa philo
- bechamel
- queso al gusto

Para pincelar:
- mantequilla fundida

-Para decorar:
- queso rallado


La receta es super sencilla, y si nos organizamos la haremos en un momentito.

Lavamos los espárragos trigueros y les quitamos la base, que suele ser más fibrosa.
Los ponemos a hervir en agua con sal unos 5 minutos, hasta que estén tiernos. El tiempo dependerá del grosor y de lo frescos que estén.
Cuando estén en su punto, los pasamos por agua fría para cortar la cocción y reservamos.

 
Mientras cuecen los espárragos hacemos una bechamel media (no tan espesa como para croquetas, pero que no quede muy blanda, para que no se escurra al hornear).

En una sartén o un cazo ponemos un poco de mantequilla o aceite de oliva, y cuando funda añadimos harina de trigo o maizena (yo suelo hacerla con maizena, me gusta más como queda).
Mezclamos bien los dos ingredientes, y los dejamos un rato para que la harina pierda su gusto.
Añadimos leche caliente, y removemos hasta que no quede ningún grumo.  Mantenemos a fuego medio unos minutos, para que coja cuerpo, removiendo para que no se pegue.
Ponemos entonces la sal y si queremos le podemos poner pimienta, nuez moscada,... (yo le pongo nuez moscada recién rallada, que me encanta como le queda). 
Unas vueltas más, y bechamel lista.


Podemos empezar ya a montar nuestros espárragos.

Abrimos el paquete de masa philo, y sacamos las láminas. Las cubrimos con un paño húmedo para que no se sequen mientras trabajamos.

Si no conocéis la masa philo, es como una especie de oblea o de masa brisa pero muy muy fina. Hace tiempo leí (no recuerdo quien, pero lo describió perfecto) que alguien abrió el paquete, y empezó a tirar las hojas de philo pensando que era papel protector, como el que viene con las bases de pizza o el hojaldre).
Son tan tan finas que parecen de papel, así que hay que tratarlas con cuidadado.

Yo partí cada hoja en dos, pero es suficiente con partirla en 3 trozos, son suficientemente grandes.

Estiramos un trozo de masa philo, y lo pincelamos con mantequilla fundida. No hace falta que sea mucho, simplemente hidratarla un poco.
Ponemos  un espárrago en un lateral, de la mitad del trozo hacia arriba.
Cubrimos con una cucharada de bechamel, unas lascas de queso (yo utilicé uno de Castilla semicurado) y doblamos por encima la masa philo.

Enrollamos, y sellamos el borde con un poco de mantequilla. Ponemos nuestro espárrago en una bandeja de horno, con el borde de hoja hacia abajo, para que quede más bonito.


Hacemos lo mismo con cada espárrago. Si son muy finos podemos ponerlos de dos en dos, o incluso de tres en tres.

Cuando los tengamos todos listos, ponemos queso rallado por encima y los metemos en el horno, a 180ºC unos 10 minutos, hasta que estén dorados.


Podemos servir tal cual, calientes, o cuando hayan reposado unos minutos y estén templados (a mi personalmente me gustan más así).

Como os decía al principio están buenísimos: crujientes y suaves a la vez, sabrosos pero no muy fuertes... perfectos.

Si os gustan los espárragos trigueros, tenéis que probar esta receta. Os encantará.


lunes, 22 de abril de 2013

ARITOS DE CEBOLLA


Inauguramos el mes de abril con una mini-receta.  Unos crujientes y sabrosos aritos de cebolla, si os gustan los aritos que sirven en las hamburgueserías tenéis que probar estos.

Hasta hace un par de años no era muy fan de los aritos, pero con el reciente boom de las hamburgueserías cuquis y cincuenteras en las que muchas veces las hamburguesas vienen acompañadas de aritos, me aficcioné a ellos y ahora no hay quien me pare.

En este caso los hice para acompañar a unos mega-perritos (el pan será la siguiente receta que publique), pero combinan genial con un montón de cosas, y no sólo las que van entre pan.
Además este rebozado se puede utilizar para cualquier tipo de verdura o incluso pescado, calamares o langostinos, queda como os decía muy crujiente  y nada grasiento.

Ingredientes:
- una cebolla
- cerveza
- harina de trigo
- una pizca de sal
- colorante alimentario (opcional)








La receta es super sencilla, lo único un poco tedioso es freírlos si hacemos mucha cantidad, pero merece la pena el esfuerzo, están super buenos y son 100% caseros.

Empezaremos pelando y cortando en rodajas la cebolla.
Yo suelo utilizar cebollas redondas, para que no haya mucha diferencia de tamaño entre los aros, pero podemos utilizar la que más nos guste.
Suelo usar también cebollas suaves, pero como antes queda a vuestra elección. Las moradas seguro que son perfectas, aunque no quedarán tan doraditos los aros.

Separamos los aros de cada rodaja y los dejamos en remojo en agua fría una media hora.

Pasado este tiempo, los escurrimos y los secamos un poco con un trozo de papel de cocina.


Para hacer el rebozado, en un bol ponemos la cerveza.  Yo pongo media lata cuando los hago, aunque siempre me sobra bastante.  
Cuanto más rica esté la cerveza, mejor estarán los aritos. Aunque tampoco hace falta que sea un botellín de 3 euros, ya me entendéis.

Vamos añadiendo la harina de trigo poco a poco, y removiendo hasta que se forme una papilla densa. No os asustéis, espumea bastante al remover.
La cantidad dependerá de cómo os gusten de cubiertos los aros.  En algún sitio leí que era mitad y mitad de cerveza y harina, pero yo le pongo bastante más harina que cerveza. 
Posiblemente por cada 100 ml de cerveza le ponga 130-140 de harina.
Es una receta para hacer a ojo, no compensa pesar ni medir los ingredientes.  Tiene que quedar lo suficientemente fluída para que sea fácil bañar los aros de cebolla, pero que al sacarlos no se escurra todo el rebozado, que queden bien cubiertos.

Añadimos por último una pizca de sal y colorante alimentario (del mismo que se le pone al arroz), para que queden bien doraditos.
Removemos bien, hasta que se deshaga del todo el colorante (no como en mis fotos, que hay algún puntito sin deshacer, las prisas, que son malísimas).

Los vamos pasando de uno en uno por el rebozado, y friéndolos a fuego medio-alto.  Cuando están bien dorados, los sacamos y los ponemos a escurrir sobre papel de cocina.


Es importante que estén recién hechos, para que los disfrutemos bien crujientes. Hay muchísima diferencia de comerlos así a pasado un rato, cuando ya están un poco chuchurríos.

Como os decía si os gustan los de las hamburgueserías teneís que probar estos, sin dudarlo a mi son los que más me gustan.

Y si es tan bien acompañados como esta vez, con un mega perrito de 25cm y pan casero, mejor que mejor.


domingo, 23 de diciembre de 2012

BARQUITAS DE ANCHOA Y AGUACATE


Hace unos días los chicos de Conservas Juanjo contactaron conmigo para ofrecerme el envío de uno de sus productos a cambio de luego realizar y publicar una receta utilizándolo.
La verdad es que suelo rechazar estos ofrecimientos, pero cuando visité su web me conquistó totalmente, así que acepté la propuesta y en unos días llegó un mensajero con este paquete.


Cuando lo abrí  y vi lo bien que venía presentado enseguida pensé: como se esmeren tanto con las anchoas y el bonito como con esta campaña, van a estar impresionantes.

Y efectivamente, en cuanto abrí la lata, me di cuenta de que así era.
Aparte de la buena pinta que tenían, me sorprendió el aroma: perfecto. No muy fuerte y que olía "como tenía que oler". Seguro que entendéis lo que quiero decir, hay veces que abres una lata y te dan gasas de cualquier cosa menos de comerte su relleno.


¡Cómo se nota cuando se trata la materia prima con cariño! Además de escoger por supuesto siempre la de mejor calidad, y sólo en los meses en los que está más sabrosa.
Anchoas sobadas a mano, en aceite de oliva, con color uniforme y sin espinas... un 10.
Os recomiendo echar un ojo a su web, placer cantábrico , si como a mi os encantan las buenas anchoas y el buen bonito, os encantará.

Dudé bastante sobre qué receta hacer. No quería cocinar las anchoas, para que no perdiesen ninguna de sus cualidades, así que despues de dudar y dudar me decidí por algo muy sencillo pero muy rico: una ensalada.

Pocos ingredientes, pero que combinan genial y hacen esta ensalada un primer plato perfecto en un día especial (o hacen de un día normal un día especial).

Ingredientes:
- 1 aguacate
- 1 tomate
- 8 langostinos
- 4 anchoas del cantábrico
- salsa rosa
- aceitunas negras








La receta no puede ser más sencilla:

Pelamos el tomate, despepitamos, y  picamos la carne en cubos pequeños.

Picamos también los langostinos (que habremos cocido previamente), y los mezclamos con el tomate.
Reservaremos uno o dos para decorar, si queremos.

Picamos también dos de las anchoas, y las añadimos a la mezcla anterior.

Por último abrimos a la mitad el aguacate. Para despepitarlo, clavamos un poco la parte central de la hoja del cuchillo (como si fuesemos a picar leña), giramos... y tachaaaannnn: aguacate despepitado y perfecto.

Con una cuchara vaciamos la carne del aguacate, la picamos y mezclamos con el resto de la ensalada.
Lo haremos con cuidado, ya que las pieles vacías nos pueden valer para presentar la ensalada, queda super vistosa y original.


Añadimos un poco de salsa rosa (o una vinagreta ligera también puede quedarle muy bien), mezclamos, y rellenamos las barquitas de aguacate.

Como os habréis dado cuenta no le he puesto sal, con el sabor de la anchoa es más que suficiente, queda perfecta.

Decoramos con un langostino (o medio, como yo), una anchoa, y una aceituna negra.

El aguacate le aporta mucha cremosidad y frescura a la ensalada, que contrasta con el sabor profundo de la anchoa.


Siempre que abro una lata o un tarro de anchoas tengo que hacer unos pinchitos como estos con queso de arzúa-ulloa, es como más nos gustan.
En Galicia es muy común comerlo así, en los aperitivos de  las fiestas patronales no suele faltar un platito de queso con anchoas, al menos en mi familia, nos encantan.
La suavidad y cremosidad del queso contrastan con la sabrosa carne de la anchoa... un matrimonio perfecto.  De los de "para toda la vida"


Aprovecho esta última foto para desearos unas felices Navidades a los que las celebréis, que paséis unas fiestas "redondas". 
Y a los que no, pues a disfrutar de los días festivos, ¡que siempre vienen bien!

martes, 21 de febrero de 2012

PETIT CHOUX SALADOS


¡Que vivan los 80! No me digáis que estos cisnes no son de lo más ochentero que puede haber... ¡me encantan estas horteradas!
Seguro que El Comidista estaría de acuerdo conmigo en que son "comida viejuna". Viejuna sí, pero muy graciosa.

Y tenéis suerte de que no me diese cuenta e hiciese los dos cisnes mirando hacia el mismo lado... porque si no... ¡besito de cisne al canto!

Esta masa es la receta de Paco Torreblanca, ya os la había puesto en la tarta Saint Honoré.
Algunos me comentásteis que os había quedado la masa un poco líquida, así que volví a hacerlos para comprobar si la receta estaba bien o me había equivocado al calcular las proporciones.

Este vez rellené unos cuantos con mezclas saladas (ideales como aperitivos o para una merienda-cena, nunca fallan), y el resto los congelé sin rellenar, para ir sacando cuando tengamos un antojito.

Ingredientes:
- 125 ml de leche entera
- 125 gr de mantequilla
- 5 gr de azúcar
- 3 gr de sal
- 125gr de harina de trigo
- 5 huevos (M)

Para el relleno:
- queso crema (de untar)
- fiambre
- verduras
- frutas
- queso
- frutos secos
- encurtidos ...

Comenzaremos poniendo un cazo al fuego con los 125 ml de leche, los 125 gr de mantequilla, los 5 de azúcar y los 3 de sal.
Aunque eran para rellenar de mezclas saladas, decidí ponerle igualmente el azúcar, que siempre le da "un toque", y ayuda a que queden un poco más dorados.

Mientras se calienta vamos tamizando la harina para airearla y descartar posibles impurezas.

Cuando la mezcla de leche hierva, la retiramos del fuego y vamos incorporando la harina y mezclando con una cuchara de madera, hasta acabarla toda.
En muchas recetas pone que hay que echarla de golpe, toda a la vez, pero en el libro de donde copié esta receta lo ponía así, y así lo hice.

Ahora viene un paso fundamental: el secado de la pasta.
Debemos volver a poner al fuego el cazo, y remover contínuamente hasta que la masa se seque y se despegue de los bordes del cazo, como cuando hacemos croquetas.

En la entrada de la tarta os ponía que sobre un minuto, pero esta vez he tardado un rato más en hacerlo, yo diría que al menos 5.
Depende del tamaño del fuego donde lo hagamos y del recipiente, además de de la cantidad de masa que preparemos.

Retiramos del fuego y vertemos la masa en un bol o plato hondo, dejándola reposar hasta que esté tibia.


Cuando haya bajado de temperatura, vamos añadiendo los huevos uno a uno,  y mezclando con una cuchara o espátula de madera.
Es importante que un huevo esté totalmente incorporado a la masa antes de poner el otro.

Cuando empiezas a hacerlo parece imposible que esa mata admita más líquido... pero sí, los huevos van desapareciendo uno tras otro y la masa mejora con cada uno de ellos.

En este paso se me ocurre que pueda estar otro posible fallo: que los huevos utilizados sean demasiado grandes, por lo que con 4 sean suficientes.
Tendremos que tantear, supongo que será mejor quedarse cortos que pasarse, así que por si acaso probad a hacerla sólo con 4 huevos.

Cuando tengamos la masa lista, la ponemos en una manga pastelera con boquilla (en este caso utilicé una redonda lisa grande) y hacemos sobre una bandeja con papel de horno las formas que más nos guste: redondas, alargadas... o de cisne ochentero!

Para hacer los cisnes simplemente tenemos que hacer el cuerpo con forma de lágrima, y luego hacer unas "S" con una boquilla más fina, que serán el cuello y la cabeza.

Es importante dejarlos un poco separados, ya que crecen bastante durante la cocción.

Pincelamos con huevo batido los petit choux (a mi con las prisas se me olvidó, y no quedaron mal), y los metemos al horno precalentado a 200ºC durante unos 20 minutos.

Es muy importante no abrir para nada el horno al menos hasta que hayan pasado 12-13 minutos, para que no se bajen.
Una vez estén listos, apagamos el fuego y dejamos que enfríen dentro de él, los cambios bruscos de temperatura también pueden bajarlos.
Podemos entreabrir el horno para que el vapor salga y queden más "secos", así se conservarán mejor.


Como os decía al principio, rellené estos 8 con mezclas saladas y el resto los congelé, aguantan perfectamente unos cuantos días.
Cuando vayamos a utilizarlos, sólo tendremos que sacarlos unos minutos antes (se descongelan enseguida, son casi todo aire) y rellenarlos con lo que más nos guste.

Yo hice estas 4 variedades:
- queso crema, jamón cocido y remolacha cocida bien picada.
- queso crema, queso azul y nueces.
- queso crema, langostinos cocidos, piña y pepinillos picados.
- queso crema, atún en aceite, zanahoria rallada y aceitunas negras.

Preparamos las mezclas, y cuando estén listas abrimos con un cuchillo los petit choux sin llegar a separar la tapa completamente.
Con una cuchara pequeña introducimos el relleno, con más o menos cantidad a nuestro antojo.

Para hacer los cisnes, sí debemos separar la tapa del todo. En el hueco que abrimos pondremos la S para formar el cuello,  rellenaremos y luego pondremos la tapa partida en dos, para hacer las alas.

Como véis, son unos rellenos muy sencillos, que requieren poco más que picar y mezclar.
Los langostinos los hago en el microondas, cuando son para estas cosas, y quedan genial, sin hacer nada de humo y en un minuto están listos.
Y el resto de cosas van directamente de la nevera a la tabla de cortar.

Por supuesto si hacemos rellenos más elaborados estarán mejor, pero con estos tan sencillos están también muy buenos, y son rapidísimos.

Podemos ponerle también distintas bases: mayonesa, guacamole, paté... hay infinidad de combinaciones deliciosas.


Con estas cantidades me salieron  20 petit  choux, aunque alguno (por ejemplo los cisnes) eran un poco grandes a mi parecer.
Si tenéis tiempo, os recomiendo hacerlos más bien pequeños, como para comer en un bocado, dos a lo sumo. Aunque como siempre, a vuestro gusto.

Me encantan rellenos tanto de dulce como de salado... no sabría por cuales decidirme. Un par de cada, ¡y listo!

Cuando hice las fotos ya casi no había luz natural, por eso quedaron bastante apagadas, pero para que os hagáis una idea del resultado creo que pueden valer.

Si probáis la receta y os da problemas avisadme, que si hace falta publico un paso a paso... ¡y con esa excusa vuelvo a hacerlos!

Por último os dejo esta foto de los cisnes nadando hacia su destino... ¡ser cruelmente devorados!
Mua ha ha!

sábado, 23 de julio de 2011

CROQUETAS DE JAMÓN, CHAMPIÑONES Y CAMEMBERT


Este mes me he animado a participar en el evento HEMC #56.  Hemc es el acrónimo de "hecho en mi cocina", lo había leído un montón de veces en otros blogs pero no sabía qué significaba exactamente.
Tampoco sabía en qué consistía, y me han gustado mucho sus "bases".

Para los que no lo conozcais, os resumo rápidamente: cada mes un anfitrión propone un tema, y todo aquel que quiera puede publicar una o dos recetas relacionadas. 

Este mes el tema escogido por Carmen son las croquetas. Pueden ser dulces, saladas, con bechamel, con patata,... en fin, como queramos con tal de que sean croquetas.

Podemos publicarlas hasta el día 25, así que si os animáis aún estáis a tiempo. ¡Rápido, a los fogones!

Carmen tiene un blog que me encanta, se llama  recetas de tía Alia. Además ella es un solete, os animo a daros una vuelta por su cocina y descubrir de dónde viene el nombre del blog. ¡Qué envidia me da!


Estuve pensando en varios ingredientes para hacer unas croquetas originales, pero al final me decidí por unas muy clásicas, de jamón serrano y champiñones (en este caso portobello, pero pueden ser normales), pero añadiéndole queso camembert, para que quedasen más cremosas.

Las croquetas me encantan, de hecho cuando vamos a comer con los amigos y pedimos unas raciones para compartir, yo siempre pido croquetas. Si son caseras, claro.

Pero tengo que reconocer que no me salen del todo bien. Yo lo intento, pero no les cojo el punto.

No quedan malas de sabor, pero tengo que seguir practicando la textura.

Creo que voy a hacer todas las recetas del recopilatorio hasta conseguir unas perfectas! Desde ahora hasta el 2012 comiendo croquetas 3 o 4 veces por semana! jajajaja

Por cierto, que es la primera vez que las tres recetas que aparecen en la portada del blog son saladas... ¡más de dos años para que esto ocurriese!

Con estas cantidades salen unas 18 croquetas medianas.

Ingredientes:
- una loncha gruesa de jamón serrano
- 3 champiñones portobello
- medio queso camembert pequeño
- 30 gr de mantequilla
- 50 gr de harina de trigo
- 50 gr de harina de maiz refinada (tipo maizena)
- 750 ml de leche entera
- 1/4 de cebolla mediana
- nuez moscada
- unas gotas de aceite de oliva
- sal

Empezaremos picando bien finos el jamón serrano y los champiñones.

Ponemos en una sartén grande o una olla unas gotas de aceite de oliva, y cuando esté caliente los agregamos.

Los pasamos durente unos minutos, y los retiramos y reservamos.

En la misma olla, ponemos la mantequilla a derretir.

Cuando esté caliente añadimos la cebolla muy finamente picada, y la dejamos pasar lentamente hasta que se vuelva transparente y esté blanda.


Añadimos los dos tipos de harina, y removemos para que se mezclen bien con la mantequilla y la cebolla.
Removemos contínuamente durante un par de minutos, para que la bechamel luego no tenga sabor a harina cruda.

Añadimos la leche caliente poco a poco, removiendo sin parar para que no se formen grumos. Este paso es muy importante.

Cuando hayamos puesto la leche (si queremos podemos reservar unos 100 ml por si no los necesitamos) añadimos el jamón y los champiñones que habíamos reservado al principio.

Añadimos también el medio queso camembert, y una pizca de nuez moscada.

Rectificamos de sal, por si necesita más que la que le añporta el jamón.

Según pasa el tiempo veremos como la bechamel va espesando.  Tenemos que seguir removiendo hasta que la masa se despega de las paredes de la olla o sartén, unos 8-10 minutos en mi caso.

Vertemos la masa en una manga pastelera o un bol (o donde solamos hacerlo normalmente) y dejamos que enfríe completamente.

Si queréis darle forma de croqueta típica, os aconsejo poner la masa en una manga pastelera sin boquilla, e ir haciendo "churros" de masa, para luego cortarlos de tamaño similar  y redondearlas con la forma clásica.

Y si os da igual la forma, os recomiendo hacerlas como yo, con forma cuadrada. Es súper rápido, simplemente tenemos que tener la precaución de poner la masa en un recipiente cuadrado o rectangular, y cuando esté bien firme, cortar las porciones con un cuchillo.

Para el rebozado, las pasé por huevo y pan rallado dos veces. Es decir: huevo, pan rallado, huevo y pan rallado otra vez.

Queda un rebozado muy crujiente y compacto, me gusta mucho hacerlo así.
La única pega es que va por libre, y se despega de la bechamel. 

Las freímos en abundante aceite de oliva a temperatura media, para que no se quemen por fuera y queden bien calientes por dentro, poniéndolas sobre un papel de cocina para eliminar el exceso de grasa.

Para acompañar las croquetas nada mejor que una buena ensalada, combinan a la perfección.

Aquí os dejo la foto de un "mordisco".

Carmen, muchas gracias por invitarme a participar, muy bueno el tema escogido!

jueves, 10 de junio de 2010

PROVOLONE

Esta publicación estrena una nueva etiqueta: minirrecetas.
Hay muchas veces en las que no ponemos recetas por parecernos demasiado sencillas o conocidas, pero seguro que hay alguien que está interesado en ellas. Así que a partir de ahora espero publicar muchas!

Con el provolone me pasó una cosa muy curiosa: en una entrada de pizza, alguien "anónimo" me dejó este comentario: "Todo esto está muy bien, pero... el provolone, cómo se hace, es un misterio".
Cuando lo leí pensé que se había equivocado al escribirlo, y que era un comentario para otro blog...pues no!
Resulta que unos meses despues conocí al chicuelo que dejó el comentario... qué gracia me hizo! Es amigo de una amiga muy amiga, así que era inevitable que tarde o temprano coincidiésemos.

Pues muy bien, para los dos va esta minirreceta! Ahora ya no tenéis que ir a Vigo a comer provolone!

Hay muchas formas de hacer el provolone, desde la forma de cocinarlo (al horno, a la plancha, al grill,...) hasta los ingredientes a añadir (tomate, orégano, pimentón, ...)

Os pongo como suelo hacerlo yo

Ingredientes:
- Una "rodaja" de queso provolone
- Aceite de oliva
- Tomate natural (maduro)
- Albahaca
- Orégano
Para acompañar:
- pan fresco
- pan tostado
- galletas,...


La preparación es de lo más sencilla.

Lo primero que tenemos que hacer es poner el horno a calentar, yo lo pongo a 200 grados.
Lo hago siempre en una cazuela de barro, me gusta como queda en estas cazuelas. Lo ideal es que sobren 2-3 cm desde el borde del queso hasta el borde de la cazuela, para que al fundirse pueda "expandirse".

Sobre el fondo de la cazuela, ponemos una cama de tomate natural madurito. Como véis, el mío de madurito no tenía nada, pero aún así estaba bien bueno!

Le ponemos un poco de sal, unas hojas de albahaca y un chorrito de aceite de oliva.

Encima, ponemos la rodaja de queso, y espolvoreamos con orégano al gusto.
El queso provolone desde hace unos años es muy fácil de encontrar, podemos encontrarlo en casi todos los supermercados.
Incluso en algunos tienen la pieza entera, es como un salchichón gigante de queso, y te cortan la rodaja lo gruesa que tu la quieras (el que viene cortado es más o menos de 15mm).
Yo lo compro normalmente envasado al vacío, porque así tarda un montón en estropearse.
Es algo muy cómodo para tener en casa y preparalo para una cena o de aperitivo.

Lo metemos al horno, mejor si es con calor arriba y abajo, para que se funda mas rápido.
Mientras tanto, podemos ir preparando el pan. Os aconsejo probarlo con varios panes, porque cambia mucho de comerlo con uno o con otro.
A mi personalmente como más me gusta es con esos palitos tostados que tienen sal gruesa por encima...mmmm! Buenísimo!
Cuando está bien fundido, más o menos en 15 minutos, lo sacamos con mucho cuidado... y a comer!

Podemos servirnos parte en nuestro plato, o si hay confianza ir "mojando" los palitos directamente en la cazuela... ¡qué maravilla!
Dependiendo de la rapidez con que lo comamos o de la temperatura ambiente, puede que se enfríe un poco antes de acabarse, y por tanto se solidifique un poco, pero no hay problema, lo metemos un par de minutitos más al horno y listo, como recién hecho!

¡Y a disfrutarlo! ¡Con cuidado, que quema!

martes, 8 de septiembre de 2009

CROQUETAS DE JAMÓN SERRANO Y QUESO


¡Estoy de vuelta! Despues de una época de bastante trabajo, por fin tendo un rato para sentarme delante del ordenador en plan relax!

Estas croquetas son de mis favoritas: jamón serrano y queso! Quedan muuuuy cremosas!

Ingredientes:
-Aceite de oliva o una nuez de mantequilla.
- Cebolla.
- 1 diente de ajo.
- 1 cucharada sopera colmada de harina.
- 1 vaso de leche (sobre 250 ml)
- 80 gr. de jamón serrano en taquitos.
- un puñadito de queso rallado (en mi caso 4 quesos)
- Nuez moscada.

para rebozar:
pan rallado y huevo batido.

Con esas cantidades salen pocas croquetas, me han salido 8 normales y una bolita pequeña.

Empezamos picando la cebolla y el ajo bien finitos. Si queremos asegurarnos de que no queda ni rastro, podemos pasarlos por la parte fina del rallador, es muy cómodo.

Ponemos un chorrito de aceite de oliva o la mantequilla en una sartén al fuego, y esperamos a que tome temperatura.
Añadimos la cebolla y el ajo y damos unas vueltas. Cuando la cebolla está transparente, añadimos el jamón serrano en taquitos.
Cuando está sellado, añadimos la cucharada colmada de harina, y removemos bien.
Dejamos un rato para que se cocine la harina y luego no se note el sabor en las croquetas.

Añadimos la leche poco a poco y vamos removiendo bien, os aconsejo usar unas varillas para esto.
Un truco para que no se hagan grumos es poner la leche caliente en vez de fría o a temperatura ambiente, pero la verdad es que si tenemos un poco de paciencia acaban deshaciendose sin problema.
Añadimos nuez moscada rallada, yo la tengo entera y la rallo al momento sobre la bechamel, es muchísimo más aromática.

Seguimos removiendo hasta que la masa espesa, teniendo en cuenta que cuando enfríe endurecerá un poco más.

Una vez esté lista, la separamos del fuego. Yo espero un rato hasta que esté casi fría para añadir el queso, para que no se derrita hasta que se frían.
Podemos dejarla en la sartén o cacerola donde hicimos la masa, o bien volcarla sobre una ensaladera o una bandeja honda.

Cuando esté bien fría y consistente (mejor si pasa por la nevera), damos forma a las croquetas.
Podemos hacerlo a mano, con dos cucharas o poniendo la masa en una manga pastelera sin boquilla, es como yo lo he hecho.
Si las hacemos con la manga, vamos poniendo el churro que sale directamente sobre pan rallado, así es mucho más manejable.

Una vez estén formadas, las pasamos por pan rallado, huevo batido y luego otra vez pan rallado. Queda una costrita súper crujiente.

Las croquetas ya están listas, podemos hacerlas al momento, guardarlas unos días en la nevera o congelarlas sin problema.

Freimos en abundante aceite de oliva, y a disfrutarlas!

Mirad el relleno, se notan un montón los hilillos de queso!